144) La salida

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MIÉRCOLES, 21 DE DICIEMBRE DE 2016

144) La salida

La salida.

Manu Rodríguez. Desde Europa (21/12/16).

*

*Las ideologías humanas, demasiado humanas, del neolítico nos tienen atrapados; los antropocentrismos del neolítico –los religiosos, los políticos, los filosóficos…

El laberinto del neolítico. Los mundos del neolítico. Las ideologías se han revelado como instrumentos de alienación y de dominio de las masas sociales, y como fuentes de auto-legitimación de las castas dominantes (de las oligarquías dominantes). No les bastaba con tener el poder, tenían que fundamentarlo y legitimarlo a los ojos de las masas desposeídas mediante textos religiosos revelados (por algún dios), o textos jurídico-políticos (laicos). Las castas dominantes tenían (y tienen) que hacerle creer a las masas dominadas lo fundado y legítimo de su poder. Forma parte de la farsa.

Todo ‘sistema’ de poder cuenta con dispositivos ideológicos, y dispositivos policiaco-militares. Con unos se convence, se persuade, con otros se reprime… El engaño y la violencia han sido, y son, las armas de las clases dominantes.

Ya desde principios del neolítico histórico (desde hace unos seis mil años) los astutos y los violentos acabaron aliándose con vistas al poder. Y este estado de cosas se continúa en nuestros días.

Las masas no se rebelan; a las masas se las manipula, se las moviliza, y se las lanza como arma contra unos o contra otros –según quien las use y según el caso.

La conciencia de las masas desposeídas en nuestros días está polarizada por los mundos del neolítico (religiosos, políticos, económicos, filosóficos…). Las ideologías del período limitan su visión –la antropomorfizan–, y facilitan su instrumentalización por las clases dominantes. Las ideologías son las banderas, los estandartes que ondean en los enfrentamientos entre los diversos sistemas de explotación, y de poder. Es un conflicto permanentemente abierto, no entre pueblos o naciones, sino entre élites codiciosas que compiten entre sí por el poder. Las masas sociales son, aquí y allá, ahora como entonces, la fuerza de trabajo, la carne de cañón…

La revolución iniciada por Darwin tiene una relevancia meramente anecdótica en nuestras sociedades. Carece de peso cultural. No marca rumbo, no hace reflexionar. La mirada que sobre este nuevo mundo post-darwiniano se hace es demasiado humana (darwinismo social, etología humana, psicología evolutiva, sociobiología…). No va más allá de las criaturas, de los fenotipos, no va al ‘centro’ –a la causa última. Prevalece la mirada superficial, relativa, interesada… de los diversos grupos humanos (étnicos, culturales, ideológicos, económicos, sociales…); la perspectiva antropocéntrica. La perspectiva no alude sólo al lugar desde el cual se mira, sino también a ‘quién’ ocupa ese lugar.

El mundo de lo viviente tal y como nos lo revelan las ciencias de la vida desde el descubrimiento del ADN apenas si ha tenido influencia en nuestra vida cotidiana (nada ha cambiado desde entonces). Hay mucho ecologismo, y corrientes ‘animalistas’ y demás, pero todo se hace desde el ‘hombre’. El ‘hombre’ del neolítico sigue siendo el sujeto de la actividad, sigue siendo el protagonista de la acción –lo de extender los derechos ‘humanos’ a los animales, por ejemplo (adviértase la ridícula arrogancia antropocéntrica). Se trata, en cualquier caso, de los derechos humanos que emanan de la Rev. Francesa, o de la ‘Declaración de los derechos humanos’ (ONU)… Obviando el caso de que bajo otro ‘sistema’ de poder tendríamos otro ‘mundo’, otro ‘hombre’, otros ‘derechos’… en ningún caso se mira desde la vida, como vida.

El descubrimiento del ADN nos ha revelado nuestra esencia única; nuestro ser único. Por más que hables como ser humano, la vida habla en ti. El sujeto ha cambiado. Ya no habla la criatura (el fenotipo), sino el creador (el genotipo).

Ésta es la revolución que viene. La revolución biocéntrica, genocéntrica. Ahora hemos descubierto el centro de la vida, y resulta que el centro somos nosotros (los genes, la sustancia genética). Nosotros somos la vida. No hay otro sujeto que la sustancia genética, la sustancia viviente única. Y esto es lo que nosotros somos.

Más allá de mi ser específicamente humano (que responde al cariotipo humano), y más allá de mi pertenencia a un grupo étnico determinado (que responde a un subtipo del cariotipo humano), soy vida, sustancia genética…

El ser genético es el ser que anima todo organismo. Es el ánima, el alma de las criaturas. Más aún, es lo único vivo en la criatura.

Los fenotipos nos distraen –lo  que aparece. La sustancia genética es el ser de lo que aparece. El ‘noúmeno’ del ‘fenómeno’ (biológico).

Los fenotipos son cuerpos, somas, que la sustancia genética se proporciona. Son funcionales –como vehículos, armas, escudos… Los diversos ‘somas’ protegen el delicado y frágil ser que somos. El ‘cuerpo’ protege, transporta… a la sustancia genética. La sustancia genética es en todo momento el piloto único de su ‘soma’.

Las conclusiones y derivaciones que se siguen del descubrimiento del ADN no pueden ser otras que estas que digo. Nosotros no podemos ser sino la misma vida, la sustancia viviente única.

El movimiento del soma, es el movimiento del genoma –del ‘genouma’ o ‘genoúmeno’, podríamos decir.  Los pensamientos y las palabras del soma son los pensamientos y las palabras del ‘genouma’.

Esta conciencia de nuestro ser único es la que cambiará la faz del planeta. El verdadero ecologismo está por venir, y el conservacionismo…  La perspectiva genocéntrica. Desde la sustancia viviente única, desde los genes; desde Nos, como Nos.

Esto que digo es el indudable futuro. No hay otro. No habrá otro. La ‘humanidad’  sobrepasada, dejada atrás. Sus discursos, sus pretensiones, sus querellas…

Ese futuro es la salida única del pasado humano; de nuestro pasado como humanos (como criaturas). Es el único camino para llegar a ser lo que somos –sustancia genética, sustancia viviente única.

La vida ha llegado a su cumbre. La autognosis de la misma vida en el cariotipo específico humano. La especie elegida, como dicen. Elegida como lugar de la revelación, de la autognosis. El específico soma humano; nuestra morfología y fisiología (nuestro sistema nervioso…) –obra de los genes, no se olvide.

El antropocentrismo del neolítico es el gran obstáculo para tal revelación. La confusión del ‘hombre’, del fenotipo, de la criatura. Si bien no es la criatura sino el mismo creador el alienado en su criatura, en su obra. Digamos que el sujeto cultural  sojuzga o se impone al sujeto natural. O mejor, el sujeto natural se sojuzga a sí mismo (no hay otro ‘sujeto’) en nombre del ‘hombre’ (la idea que de éste se tenga).

No saberse o no reconocerse como vida. Creerse ‘hombre’. El olvido, o la ignorancia, del ser propio. El ser que somos ha de distanciarse de su soma, de su fenotipo, de su aparecer específico. Abstraerse, concentrarse en sí. Librarse, despojarse de los ‘yoes’ culturales,  de las ficciones (antropocéntricas) acerca del propio ser.

*Hemos descubierto algo que ya sabíamos. Nosotros somos la vida. Ahora la vida se sabe a sí misma; sabe de sí. Esta revelación, este conocimiento, ha sido también un recordar, un rememorar.

La vida siempre ha sabido de sí. El saber de sí es intrínseco a la misma vida. El entorno lingüístico-cultural (relativo, histórico… antropocéntrico) en el que se viene a nacer es la causa primordial del olvido de sí. El parloteo sobre el ‘hombre’.

Las almas, las configuraciones de genes que conforman el genotipo (la cifra genética de cada uno de nosotros), no renacen, no vuelven a la vida cuando vienen a ser engendrados (tras la cariogamia) –los genotipos son únicos e irrepetibles. Lo que sucede es que esa ‘alma’, esa esencia genética, la recibe de sus padres, y por sus padres, de remotos antepasados. La vida nueva hereda inscrita en su propio ser la sabiduría acumulada en millones de años; la sabiduría de la propia vida. Nuestro ser, que es uno y el mismo en todas las criaturas, es virtualmente imperecedero. La nueva vida es la vieja vida también –la vida se sucede a sí misma. La unidad intemporal de la vida, de Nos.

Hay un vía purificativa nueva que conduce a la revelación del ser que somos (a la recuperación del saber esencial). Ahora se trata de desprenderse de todo lo humano (en pensamientos, palabras, y obras); de abandonar la perspectiva antropocéntrica (de decirle adiós al ‘hombre’). La iluminación mística puede ser interpretada como el instante de la auto-gnosis de la misma vida. Finalmente la vida se alcanza a sí misma, se tiene, sabe de sí. La alegría misteriosa deviene de ese alcanzarse, tenerse, saberse.

Hay que decir que el instante misterioso nos sobreviene de manera indeliberada e involuntaria. Ni pensado, ni imaginado, ni supuesto, ni buscado, ni querido…  Pero es, tal vez, inevitable si uno se mantiene en la vía purificativa (las ‘noches’).

No es el ‘yo’ cultural, social… el que alcanza conciencia de sí en la iluminación. El sujeto (el ‘yo’) cultural es un ente social, histórico, relativo; es una suerte de complemento circunstancial del sujeto natural (éste sí intemporal). El sujeto cultural  es justamente el que se desvanece para dar lugar al sujeto natural, de base; al único sujeto, en verdad. El sujeto natural recupera su lugar central. Es el sujeto natural (el genouma) el que ‘renace’. La vida re-cobra conciencia y saber de sí; alcanza lo propio, lo olvidado. Se reencuentra. Se recupera. Rememora, se reconoce. La súbita anamnesis.

Habrá observado el cuidadoso lector la similitud de esta interpretación de la ‘iluminación’ con la teoría platónica del conocimiento. También aquí hay olvido y recuerdo. En Platón el ‘alma’ (inmaterial, en su caso), en su ‘descenso’ a la tierra, olvida las ‘ideas’ eternas, no se trata en ningún caso del olvido de sí (del saber de sí). En nuestra interpretación es la culturización, la socialización, la humanización… del genotipo aquello que le aleja o desvía de ese saber –accedería a él si viniera a nacer en un entorno ‘humano’ consciente de sí como sustancia viviente única (un entorno que transmitiese ese saber).

El sujeto, para Platón, como para el mundo clásico en general, es el hombre en cuanto animal ‘racional’ (dotado de alma inmaterial y racional), esto es, el sujeto consciente, parlante, dialogante, cultural, social, moral…  Este sujeto, a su vez, debe tener como meta, en su formación (paideia), el dominar el ámbito pulsional, instintivo, deseante… (la carne, o el cuerpo). El cuerpo es lo animal, el alma es lo super-animal, lo cuasi-divino. Ésta es la visión que se sostiene en todas las tradiciones espirituales del neolítico (hinduismo, budismo, judaísmo, cristianismo, islamismo…). El hombre, el sujeto cultural, social…, ha de luchar contra sus apetitos y deseos (interpretados como naturales, como animales; como causas de infelicidad…). Este viejo y torpe dualismo (que desencamina) ha sido actualizado en tiempos recientes por el muy afamado biólogo R. Dawkins en su obra ‘El gen egoísta’ –ahora el sujeto consciente, racional, moral… debe controlar, dominar… las pulsiones y demandas que le vienen de sus genes.

Se trata en todos los casos del ser meramente simbólico, el producido por su medio lingüístico-cultual; el ser histórico, relativo… Éste es el que quiere liberarse, salvarse, renacer… el que desea la vida eterna. Ese ‘yo’. El ser más evanescente, el más contingente, el más circunstancial, el más relativo… el más superfluo.

El ser simbólico es el ser genético instruido, culturizado, humanizado… (según el lugar, la época, el medio lingüístico-cultural… en el que viene a nacer). Es este ‘ente de razón’ cultural, histórico, relativo… el que oculta, sepulta, pugna, soterra, acalla… suplanta, usurpa… el ser único que somos –el ser genético. Ocupa el lugar que nos corresponde. Es un mundo al revés, como se puede observar.

Es el ser genético que somos el único que olvida y recuerda. El único que se ignora, se desconoce, y el único que se recuerda, se recupera; el único que alcanza –que ‘vive’, que experimenta– el conocimiento, el saber de sí. No hay sino un sólo sujeto, una única sustancia viviente. No hay otro/otra de la sustancia viviente única a no ser ella misma –para ella misma, su insondable profundidad…

El tiempo de los ‘hombres’ y de sus ‘mundos’ pasó; el periodo antropocéntrico en su conjunto. Han devenido (unos y otros) lejanos, remotos, extraños, ajenos…

Profunda insatisfacción en los ‘renacidos’ produce el legado cultural del pasado humano. Por más que busquen, no se encuentran en ese legado. Nada en ese pasado les dice; nada, cabalmente, les vale. Desde la sustancia viviente única, desde sí mismos, tendrán que crearlo todo de nuevo –rehacer el ‘mundo’, reconfigurarlo; crear un mundo nuevo a la altura del nuestro ser único –a  nuestra medida; un mundo genocéntrico.

La soledad de los renacidos; la soledad de los primeros. La soledad de las primicias. La soledad de la vida.

*El futuro será genocéntrico (ecologista, biocéntrico…), o no será. El deterioro medioambiental, el deterioro social y cultural, el deterioro de nuestras naciones hasta ayer mismo étnica y culturalmente homogéneas… El futuro negro, negro, negro… que nos viene en todos los sentidos (étnico, cultural, económico, medioambiental…).

La codicia de oro y de poder de la sempiterna y versátil oligarquía dominante (económica-ideológica-militar) acabará con el planeta. La insaciable oligarquía dominante; su ciega voluntad de poder. Vivimos inmersos en catástrofes no sólo medioambientales, biológicas, sino humanas, sociales, bioculturales también. El futuro de la vida (de toda vida) está en peligro. Estamos en peligro.

Si hay una sola sustancia viviente (la sustancia genética) y, por consiguiente, un único sujeto, no podemos atribuirle a la criatura (a los fenotipos) ningún hecho. No es, entonces, la criatura (el ‘hombre’, en nuestro caso) contra la vida, sino la vida contra la vida. Movida por una ciega voluntad de poder cierta vida destruye la vida otra, y las condiciones medioambientales que ella misma requiere para poder seguir siendo.

Nuestro momento actual es más que complicado. Se requieren cambios, transformaciones, en prácticamente todas nuestras actividades. Un cambio de ruta, de camino… Nosotros los identitarios somos los más cercanos a dar ese paso. Nuestro ideario estuvo desde un principio ligado a la etnia, esto es, a la biología, a la naturaleza viviente. Las etnias son ramas del árbol de la vida. Nuestro biologismo de partida nos hubiera hecho reparar en la importancia del ADN, en la trascendencia de este conocimiento, de esta ‘revelación’. Nos hubiera conducido a otro futuro, de esto estoy completamente seguro. Un futuro más favorable a la tierra, a la vida, a los diferentes grupos humanos… Un futuro (genocéntrico) que todavía es posible construir.

(Es preferible el término ‘genocentrismo’ a términos como ‘biologismo’ o ‘vitalismo’. El término ‘genocentrismo’ hace alusión a la sustancia genética, a la sustancia viviente misma. Los términos ‘biologismo’ y ‘vitalismo’ se centran en la vida en general, en los seres vivos, en las formas vivas (en los fenotipos)… Revela una mirada fenocéntrica, previa al período genocéntrico que hoy vivimos. Es una mirada arcaica, neolítica; ‘ptolemaica’, descentrada, podríamos decir.)

Un cambio de mirada, de discurso, de cultura; un cambio profundo que haga otro, absolutamente otro, nuestro comportamiento para con el resto de la naturaleza (viviente y no viviente), y el resto de los grupos humanos. Una revolución radical que afecte a todas nuestras actividades.

La salida del neolítico (ideológico, cultural, antropocéntrico…) es esencial. La mirada nueva ha de ser la mirada de la vida. La vida ha de ocupar el lugar que aún ocupa el ‘hombre’. La vida debe hablar. El hombre debe callar; debe desaparecer.

La vida ha de dejar de comportarse como hombre (criatura) y comenzar a comportarse como vida (como creador) –a mirar, a contemplar, a escuchar, a ver, a sentir, a pensar, a hablar, a actuar… desde Nos; como Nos.

Que el único sujeto comience a actuar… Que no escuchemos sino la palabra de la vida.

Es un nuevo periodo lo que necesitamos, post-neolítico, post-antropocéntrico, post-humano… Iniciar un nuevo ciclo en nuestro devenir. Proseguir nuestro camino sobre la tierra como vida, no como un cariotipo específico (el humano).

La revolución que viene. La nueva era que se inicia. El período genocéntrico.

La magnitud de esta revolución que digo no tiene comparación con las del pasado (antropocéntrico). Es infinitamente más radical. Es un vuelco sin precedentes. Es la vida la que ‘manda’ ahora. Es la vida la que cuida ahora de la vida. Es la vida ahora lo primero y lo último. La vida es el sujeto único en toda actividad biológica; Nos, la sustancia viviente única.

Los identitarios han que tener un papel determinante en el genocentrismo que viene. Han de ser, en principio, los primeros transformados, los primeros futuros; los nuncios, los mensajeros del nuevo ciclo. Han de ser también sus configuradores.

Varias son las fidelidades y devociones que guiarán la conducta de los futuros. El referente primordial será en toda ocasión la vida. No el hombre, no la criatura –su futuro, su bienestar…–, sino la vida. La vida es lo primero por lo que hay que mirar. Vienen nuevos deberes, nuevas obligaciones… La vida es ahora la medida.

La ética que viene, la bioética. Lo que es bueno y lo que es malo para la vida. Para Nos. Lo que nos beneficia y lo que nos perjudica… Ésta es la correcta perspectiva.

El genocentrismo no podía surgir más que en nuestra época (después del descubrimiento de los ácidos nucléicos, de la sustancia viviente única). Y el previo biologismo de los identitarios era el más cercano al nuevo período, y el más proclive a reconocerlo, incluso a ‘engendrarlo’.

El genocentrismo es la revolución de la revolución; la corona de la revolución étnica. Del biologismo (o vitalismo) identitario surge, necesariamente, una conciencia no fenocéntrica (no centrada en las criaturas), y no antropocéntrica (no inspirada ni centrada en alguna idea acerca de la ‘humanidad’), sino genocéntrica (centrada en los genes, en la sustancia genética); una conciencia no sólo trans-étnica, sino trans-específica también (más allá de la especie). Ahora nos identificamos como vida, como sustancia viviente única –ni como tal etnia, ni como tal especie. Los genotipos (los sujetos naturales, genéticos) que se reconozcan en dicha sustancia  vivirán un retorno a la fuente, al origen, a la vida, al ser viviente único; ‘saborearán’ su co-pertenencia al Uno. Nosotros somos la vida –no esta o aquella vida, sino la misma vida.

Vivirán los futuros el cambio más radical y más integral de toda nuestra historia, de todo nuestro devenir (como vida). Nunca hubo un antes y un después como el que ahora vivimos –ni lo habrá. Es una transformación, una mutación biosimbólica que dividirá en dos nuestro devenir sobre este planeta. Es un nuevo comienzo absoluto; un comenzar desde cero.

Todo lo que conlleva la autoconciencia de la sustancia viviente única; la conciencia de sí del ser único que somos –los corolarios, las consecuencias de este saber de sí. Lo que vendrá inexorablemente. Nada ni nadie podrá detener este futuro.

El saber acerca de la sustancia genética, y el reconocernos en ella –la conciencia de sí como sustancia viviente única–, nos convierten de hecho en seres biosimbólicos nuevos, y nos sitúan ya en el futuro. Ya damos los primeros pasos. Ya estamos; ya vivimos, ya somos el futuro.

Las nuevas criaturas: Genousse & Genoussin.

El futuro genocéntrico ya ha comenzado. Este séptimo milenio (de la escritura) es también el primer milenio de Xenus/Nexus.

*

Saludos,

Manu

PUBLICADO POR

MANU RODRÍGUEZ EN 6:48

FUENTE:

http://larespuestadeeuropa.blogspot.com.es/2016/12/144-la-salida.html

143) Los sistemas de poder y sus beneficiarios

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MARTES, 6 DE DICIEMBRE DE 2016

143) Los sistemas de poder y sus beneficiarios

Los diversos sistemas de poder y sus beneficiarios.

 

Manu Rodríguez. Desde Europa (06/12/16).

 

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*El ‘sistema’ dominante. El ‘imperio’ nuevo. Su codicia de tierras, de riquezas, de cuerpos y de almas… Las consecuencias devastadoras en la naturaleza y en la cultura.

*El ‘sistema’. Los beneficiarios. En nuestro ‘sistema’ (capitalista, demoliberal) los beneficiarios son principalmente la clase económicamente fuerte (el poder financiero, industrial, mercantil…), la clase política en su conjunto (partidos, sindicatos…), el ejército (y la industria armamentística), las instituciones del Estado en general y quienes de ellas se benefician…

En el capitalismo de Estado (URSS, China, Cuba…) es la clase político-militar, principalmente, la que establece y administra el ‘sistema’ de poder (el dispositivo político-militar-policial de poder). La ‘inteligencia’ político-militar, y los intelectuales orgánicos, los portavoces y defensores del régimen de dominio, del sistema de poder (desde la cátedra, desde los medios de comunicación…), son sus creadores y sus únicos beneficiarios.

Hay que preguntar, en todos los casos, por quién se beneficia, a quién le interesa que el estado de cosas político y demás continúe; por todos los que viven del ‘sistema’, por todos los beneficiarios y privilegiados (directos e indirectos) del régimen de dominio. Las ‘clases privilegiadas’. El resto de la población está excluida por completo de los círculos de poder.

La mayor parte del pueblo no se beneficia del ‘sistema’ de poder (cualquiera fuese éste), más bien lo padece, o lo sobrelleva, cuando no incluso lo sufraga. En nuestro caso: Trabajadores de todo tipo (por cuenta ajena –Estado o empresa privada); pequeños empresarios y autónomos (en los que podemos incluir a escritores y artistas independientes –no subvencionados), amas de casa, desempleados… Los que viven fuera de los dispositivos de poder (bajo cualquier ‘sistema’ global). Hablamos del ochenta o noventa por ciento de la población.

Los beneficiarios directos son los que no quieren que el ‘sistema’ cambie, claro está. Según los casos: la clase política, la clase militar, la clase político-militar, la clase económicamente fuerte, la clase ‘intelectual’ (que provee al régimen de dominio de fundamento, de legitimación –filosófica, política, ética, jurídica…)… Las élites del poder. Los creadores o cocreadores del ‘sistema’. Las clases dominantes.

Conocemos Estados, naciones, o imperios teocráticos, militares, políticos, económicos… Son las clases dominantes las que en cualquier caso detentan el poder. Allí donde dominan exclusivamente el clero, o los monarcas-guerreros, o la clase política, o los militares, o la clase económica, el resto de las clases o grupos dominantes le están subordinados. Lo normal son las alianzas entre las élites poderosas.

Cuando los cambios (de ‘régimen’) se avecinan los beneficiarios (las clases dominantes) se las arreglan para seguir teniendo poder, para seguir teniendo un papel en el nuevo ‘sistema’ de poder. No perder ‘status’. Mutaciones, transformaciones… (ahora comunistas, ahora demócratas y liberales –y viceversa; ahora cristianos, ahora musulmanes…).

Desde el punto de vista étnico –como pueblo, y no como masa social– todo esto resulta aberrante. El nulo valor de las ‘identidades’ religiosas o políticas transétnicas o transculturales comparadas con las identidades étnicas ancestrales. Se puede dejar de ser comunista o cristiano, pero no se puede dejar de ser chino ‘han’, japonés, europeo, o masai. Por lo demás, los pueblos carecen de ideología (religiosa, filosófica, o política), lo que tienen son culturas ancestrales (sabiduría ancestral).

El ‘sistema’ capitalista y el comunista (el capitalismo de Estado) son ambos universalistas, internacionalistas, trans-nacionales… Comparten el universalismo con las llamadas religiones universales (judeo-mesianismo, islamismo, budismo…). Las ideologías universalistas, religiosas, filosóficas, o políticas, compiten entre sí por el dominio de los pueblos y naciones. Las ideologías universales son, por definición, enemigas de los pueblos (son el ‘mal’ para los pueblos).

Los ‘sistemas’ de poder no son comparables entre sí, naturalmente, ni siquiera aquellos emparentados –los ‘comunistas’, por ejemplo. El capitalismo de Estado, el Estado político-militar, no es el mismo en la URSS, en China, o en Cuba.

De un lado: Las clases dominantes con sus beneficiarios,  sus gratificados, sus favorecidos… y ‘su’ masa social manipulada e instrumentalizada (su mano de obra, sus consumidores, sus votantes…) –los ‘sudras’. Del otro lado: La opción oprimida o reprimida; los prohibidos, los perseguidos, los calumniados…

Todo ‘sistema’ de poder tiene su bien y su mal, lo que le beneficia y lo que le perjudica… Lo que es bueno para el ‘sistema’ global resulta  malo para los pueblos, y viceversa, simplemente.

El ‘sistema’ étnico también tiene su bien y su mal…

Los ‘sistemas’ universalistas, los ‘globales’, se enfrentan a los étnicos, o locales. En este enfrentamiento van perdiendo los étnicos, los locales. Son los ‘sistemas’ universalistas o internacionalistas (religiosos, políticos, filosóficos…) los que dominan, vencen, y se imponen. El planeta está dividido en áreas de dominio de los diferentes ‘sistemas’ universales, a veces solapados entre sí (areas mixtas donde coexisten dos o más ‘sistemas’ universales, si bien uno de ellos es el dominante).

En esta guerra de dominio (globalismo multiétnico y multicultural versus localismo o etnicismo) la justicia no está de un lado o de otro. La justicia no existe –no  hay justicia o derecho trascendente al que apelar (más allá de unos y de otros). Quien vence impone su ‘ley’, su ‘orden’, su discurso, su ‘mundo’. No hay más.

Hay que decir que en el ‘sistema’ étnico los usufructuarios o beneficiarios son los miembros pertenecientes al grupo étnico de que se trate. Estos serán los beneficiados, los gratificados, los premiados… Los Estados étnicos son Estados necesariamente sociales. Al menos en el único ejemplo que conocemos (la Alemania nacional-socialista). Los perseguidos o fuera de la ‘ley’ (el ‘mal, lo ‘malo’) serán, por consiguiente, todos aquellos que pongan en peligro el Estado étnico.

El ‘sistema’ étnico es un auto-poder, ejerce el poder sobre sí mismo; es autónomo, cuenta con una ‘ley’ antigua, heredada, que tiene poder sobre los miembros del grupo (no sobre otros). Aquí los términos son auto-poiesis, auto-organización, auto-poder; autonomía, autarquía, autogobierno…  Los ‘sistemas’ universales privan a los pueblos de independencia, de soberanía, de autonomía… de identidad (cultural). Los ‘sistemas’ universales son hostiles a los pueblos.

El ‘sistema’ global, trans-étnico y trans-nacional, que hoy impera en nuestras tierras europeas es el demo-liberal. Como para el resto de los ‘sistemas’ universales, las naciones o grupos étnicos son el obstáculo, la resistencia, el adversario o enemigo, el ‘mal’ a combatir, a erradicar. Tanto más perseguidos y calumniados cuanto más resistentes al ‘sistema’ global, al nuevo orden.

No queda otro remedio que luchar. Pero no se trata de luchar en el nombre de ningún derecho o de ‘la justicia’, sino por el dominio, por el ser (el seguir siendo). Tenemos que conquistar o reconquistar, no ‘la’ independencia, o ‘la’ libertad, sin más, sino nuestra independencia, nuestra soberanía, nuestra libertad…

Sólo desde nuestro punto de vista étnico o identitario es ‘malo’ lo que nos está sucediendo (la pérdida de nuestros territorios, de nuestras culturas; la pérdida de soberanía, de autonomía…). Desde la perspectiva del ‘sistema’ dominante somos los enemigos de la ‘ley’ y del ‘orden’ nuevo.

El ‘sistema’ global actual usa su ‘ley’ para perseguirnos, para anularnos. En su ‘ley’, los nacionalistas étnicos, los identitarios, los resistentes, son contrarios a los derechos humanos universales, a la democracia universal… al ‘jus solis’… al Estado multiétnico y multicultural… son ‘nazis’, son ‘fascistas’… son horribles, son el ‘mal’… Hoy se sataniza y se persigue a los nacionalistas étnicos (los ‘nazis’) como ayer se satanizaba y se perseguía a los ‘paganos’ (los resistentes a la cristianización).

Con este nuevo ‘sistema’ de poder las naciones ancestrales (europeas o no) pierden independencia y soberanía (una vez más). El área de dominio del ‘sistema’ actual (del imperio nuevo) ocupa casi todo el planeta –salvo China, Corea del Norte… y poco más. Este ‘sistema’ cuenta además con instituciones internacionales (trans-nacionales) de carácter político, económico, jurídico,  militar… mediante las cuales impone (por las buenas o por las malas) su ‘ley’ –su perspectiva, su discurso, su palabra, su ‘historia’, sus argumentos, sus razones… sus enemigos… su bien y su mal. No podemos apelar a la ley, pues, porque la ley que impera es la que impone el ‘sistema’. En cuanto a la oposición, el ‘sistema’ no tiene más que señalar públicamente (con los medios de comunicación a su alcance) a tal o cual grupo o nación acusándole de no reconocer los ‘derechos humanos universales’ o la ‘democracia universal’ (los ‘principios’ del nuevo orden). A tal grupo o nación se le sitúa entonces fuera de la ley y se le persigue, o se le hace la guerra (económica, militar, de propaganda…). Los poderes del nuevo orden, del imperio nuevo, son innumerables y absolutos.

Así pues, en esta lucha contra el ‘sistema’ los pueblos no contamos sino con nosotros mismos. Nosotros somos nuestras fuerzas. No tenemos otras. Los identitarios europeos, por ejemplo. Que cada pueblo contemple su caso –su grado de independencia, de autonomía, de soberanía… Los pueblos sojuzgados podríamos unirnos contra el ‘sistema’. No queremos un ‘sistema’ global transnacional, transétnico, transcultural… Queremos un sistema de pueblos, no un ‘sistema’ de naciones multiétnicas y multiculturales, de naciones que devendrán, tarde o temprano, indistinguibles. Será el fin, nuestro fin. Y el ‘sistema’ actual verá cumplido sus sueños: Un mundo desnacionalizado, sin fronteras; una población desnacionalizada, desarraigada, apátrida; una nueva ‘humanidad’ sin pasado, sin historia; una masa de ‘iguales’, de entes sociales indiscernibles. ¿Qué pueblos quedarán en el futuro? El pueblo judío, sin duda. El pueblo judío forma parte del ‘sistema’ de dominio imperante. Es uno de los ‘aliados’.  Es un pueblo contra todos los demás; un pueblo que persigue a los otros pueblos, que busca su extinción; que persigue los fines del ‘sistema’. De esta manera se garantizan su supervivencia. Los miembros de los pueblos supervivientes de esta catástrofe biocultural a la que nos conduce el ‘sistema’ serán los únicos que contarán con historia, con pasado, y los únicos que tendrán futuro.

Todos los ‘sistemas’ universales, transétnicos y transculturales, del pasado y del presente (cristianismo, islamismo, democracia universal, internacionalismo proletario…), han resultado nefastos para los pueblos. Se han destruido cientos de pueblos y culturas en nombre de Cristo, de Mahoma, de los principios democráticos universales, o de la dictadura del proletariado. Ha sido un crimen étnico y cultural a escala planetaria el cometido por estos universalismos a lo largo de los últimos milenios. Hemos padecido una historia demencial, absurda, criminal…

Los pueblos debemos resistirnos y combatir a esta nueva globalización (a la globalización en curso) si queremos tener un futuro.

El futuro será, tal vez, de los pueblos con vocación de futuro. Superar estos tiempos adversos, dominar, vencer en esta ‘guerra’ de dominio que el ‘sistema’ global sostiene contra los pueblos. Ser más fuertes que este nuevo diluvio, esta nueva oleada, este nuevo ‘invierno supremo’.

El nacionalismo étnico tiene que habérselas con todas las corrientes ideológicas universales, del pasado y del presente –las religiosas y las políticas o económico-políticas. Cristianismo, islamismo, democracia, comunismo…

La democracia y el comunismo fueron fuerzas aliadas contra el nacionalismo étnico en Europa durante la IIGM. Son universalismos, globalismos… imperialismos rivales. Ambos se oponen entre sí porque concurren, compiten por lo mismo –por el dominio total. Pero ambos se aliaron contra el nacionalismo étnico. Esto debería hacernos pensar.

El nacionalismo étnico se opone a todo universalismo. Los universalismos (religiosos o políticos) son enemigos mortales de los pueblos (son el ‘mal’ para los pueblos, insisto).

El ‘sistema’ actual goza de las simpatías de todos los universalismos (dejadas atrás las querellas entre comunistas y demócratas tras la caída de la URSS). Todos están embarcados en esta nueva empresa de dominio global. Han devenido fuerzas aliadas del ‘sistema’; ahora son los ‘aliados’. La oligarquía dominante (económica, política, militar…); los judíos, los cristianos, los comunistas… Salvo el islam (los países musulmanes, y los musulmanes en general), que es otro globalismo, otro imperialismo. Es lucha entre ‘imperialismos’.

El islam se resigna a tirar la toalla, a darse por vencido. Pienso que serán finalmente absorbidos por el ‘sistema’ actual (como otros universalismos), tarde o temprano advertirán que este globalismo no les perjudica. Piénsese que  el ‘sistema’ les permite difundirse por todo el planeta. Son ya millones los musulmanes asiáticos y africanos establecidos en nuestras tierras europeas en virtud de los fundamentos jurídicos y políticos del ‘sistema’. El ‘sistema’ les abre las puertas. Son ya uno de sus beneficiarios. Tal vez sean astutos y esperan que su número y su poder aumente de tal manera que llegado el momento puedan hacerse con nuestras naciones. La vocación totalitaria, imperial, universal (el califato universal), no ha desaparecido de las mentes de los musulmanes. Volver a ser poderosos, a tener el poder.

Los nacionalismos étnicos tenemos enemigos por doquier. Nos rodean. Todos los universalismos que han circulado y circulan por el planeta. Todos los codiciosos universalismos. Todos los regímenes de dominio, todos los ‘sistemas’ de poder transnacionales. La vocación transnacional, más allá… el mundo entero. Siempre hambrientos de pueblos y naciones; de cuerpos y de almas. Lo quieren todo. Transformarlo todo a su medida, a su imagen. Tierras y hombres. Para mejor esquilmar, para mejor explotar… Un mundo sin obstáculos, sin fronteras… Un mundo cristiano, musulmán, demócrata, comunista… El sueño de todos y de cada uno de estos universalismos. Un mundo homologado, único (ya musulmán, ya demócrata…). Estos universalismos son los verdaderos enemigos de la pluralidad, de la diversidad, de los pueblos. Son los únicos etnocidas, los únicos genocidas. Tienen a su cargo la destrucción de cientos, de miles de pueblos y culturas. Han atentado (y atentan) contra el árbol de los pueblos y culturas del mundo, contra el árbol de la vida.

Los diversos universalismos y los diversos fundamentos. Hablo de los fundamentos que legitiman el régimen de poder. Los fundamentos del poder sacerdotal, militar, económico-político… Los fundamentos religiosos (textos ‘sagrados’) o políticos (constituciones, leyes…) que legitiman el poder de sacerdotes, guerreros, monarcas, políticos, político-militares, capitalistas…

Se podría hacer una tabla cartesiana con estos tipos. Potentados, sacerdotes/políticos, guerreros/militares… Sistemas puros y sistemas mixtos. Nueve pares (seis mixtos). En los mixtos, quien va primero es el que tiene la preeminencia (el grupo dominante, el que lleva la iniciativa). Aquí no opera la propiedad conmutativa (‘AB’ no es igual a ‘BA’). Lo normal son las ‘triples alianzas’ de potentados económicos, sacerdotes/políticos, y monarcas-guerreros/militares. Oligarquías con tres cabezas –la económica, la ideológica (religiosa, política, jurídica), la militar.

El poder ideológico, el poder económico, el poder militar… Políticos/sacerdotes, potentados, guerreros… Las instituciones internacionales del ‘sistema’ –políticas, económicas, jurídicas, militares… (ONU, OTAN, FMI, CPI…). El ‘sistema’ dominante actual. Las armas, y las fuerzas con las que cuenta este ‘sistema’. Las fuerzas aliadas.

China es una oligarquía político-económico-militar. Se diferencia de nuestro ‘sistema’ en que no es democrática. China es un capitalismo de Estado (como lo fue la antigua URSS). Nuestro ‘sistema’ es un ‘super-Estado’ (imperio) capitalista y democrático (demoliberal); es una alianza de fuerzas o de poderes relativamente independientes (económicos, políticos, militares…). Es, también, una oligarquía.

El ‘sistema’ de poder (religioso o político, democrático o comunista) es siempre oligárquico. Son siempre unos pocos los creadores y los beneficiarios directos del ‘sistema’. Las castas, las élites dominantes. Los sacerdotes, los guerreros, los ‘ricos’… Éste es el panorama desde hace milenios –todo el neolítico histórico, los últimos seis mil años, hasta nuestros días.

Las antiguas monarquías son también oligarquías, sistemas de poder. Porque el monarca, por muy absoluto que fuese, requiere del ejército, de la administración de su reino, del ‘capital’ del reino… Soldados, escribas (sacerdotes, funcionarios, juristas, legistas…), ricos comerciantes o propietarios de minas… acaban conformando los usufructuarios o beneficiarios directos del sistema ‘monárquico’. E igual sucede en el caso de ser los sacerdotes el grupo dominante (la clero-cracia o teocracia), o el poder puramente económico… Se necesitan mutuamente (los poderes económicos, los ideológicos, los militares-policiales…) –los  astutos y los violentos.

Los nacionalistas étnicos o identitarios, los nuevos ‘patricios’ (los que contamos con ancestros, con ‘padres’), los arraigados, estamos lejos de todas las ideologías universales del neolítico, tan antropocéntricas; de sus fundamentaciones divinas o humanas. Los soles que orientan a los universalistas ha tiempo que perdieron su luz. Les mueven consignas del neolítico, antropocéntricas, pre-genocéntricas, arcaicas. Los identitarios estamos fuera del neolítico. Estamos con el nuevo período biocéntrico, genocéntrico. Nosotros somos la vida. Los diferentes subtipos del cariotipo humano, y sus lenguas y culturas, han de ser conservados. Esto es lo sagrado ahora. Debemos no sólo conservar y preservar este árbol de ramas copiosas que somos (el árbol de los pueblos y culturas), sino incrementarlo, enriquecerlo.

Hoy día coexisten en nuestro ‘sistema’ sacerdotes y políticos. Estos se reparten la masa social. De ahí sacan sus réditos, sus ‘donaciones’, sus ‘votos’… Políticos y sacerdotes son los explotadores de las miserias y penalidades de la masa social, de su vida incierta (en la tierra y en el cielo). La clase política y la clase sacerdotal son sus cuadros dirigentes. Los partidos políticos y las ‘ecclesias’ son estructuras jerárquicas, sistemas de poder (sobre creyentes, sobre donantes, sobre militantes, sobre votantes…). Son un timo.

Últimamente vemos a los partidos de izquierda prometerle poder a sus seguidores, una cota de poder. Véase toda la parafernalia izquierdista al respecto (asambleas, círculos…); el montaje. No censuran el sistema de poder imperante, sino que pretenden hacer partícipes a todos de ese poder. Todos ‘podemos’ tener poder. No sólo los poderosos, los políticos profesionales o los diputados y senadores. Ofrecen poder a los sin-poder a cambio de votos (y ‘donaciones’). La golosina del poder. La ilusión del poder. Hacerles creer que tienen poder; poder de decisión. Como en la antigua URSS –hacerle creer al pueblo que gobernaba. Malditos embaucadores.

La masa social nunca tendrá poder, siempre estará en manos de las castas dominantes. La masa social son los ‘sudras’ –los servidores, los siervos, los esclavos, los trabajadores… los consumidores… los votantes… la masa salarial disponible (los ciudadanos plenos de  ‘derechos’ y ‘libertades’).

Los diversos ‘sistemas’ universales (los religiosos y los políticos) han convertido a los pueblos dominados en masas sociales explotadas –en  mano de obra, en soldados, en funcionarios… Absolutamente excluidos del poder. Comenzando por los antiguos imperios (acadios, egipcios, asirios, persas…), el periodo alejandrino, el romano, el cristiano, el musulmán…

La discusión política, económica, social y demás que se plantea desde el ‘sistema’ actual de poder (el demoliberal) deja al lado la cuestión de los pueblos. Desde el ‘sistema’ no hay sino problemas económicos, salariales, de trabajo, de la acumulación de riquezas de unos y de la pobreza en otros… En toda esta discusión entre los intereses de ‘clase’ (patronal y sindicatos…) los pueblos son los grandes olvidados. No cuentan para nada. Las poblaciones han sido convertidas en ‘masas salariales’. No hay reivindicaciones étnicas o culturales, sino laborales o salariales. Trabajo y salario parece ser lo único que mueve a las masas desnacionalizadas y proletarizadas que pululan por nuestras ciudades. Masas cuya heterogeneidad étnica y cultural aumenta cada día. Masas fragmentadas, atomizadas –únicamente  su condición de mano de obra, de fuerza de trabajo, les une–  que se reparten los diferentes partidos políticos y sindicatos.

Las primeras aniquilaciones de pueblos y culturas fueron las llevadas a cabo por los antiguos imperios más arriba citados, y otros. Los primeros imperialismos, los primeros globalismos. Y los primeros etnocidios.

Una cadena de globalismos, de universalismos, de imperialismos, de ‘imperios’… ha sido nuestra historia, la historia de los pueblos. Los pueblos hemos sido siempre víctimas de los sucesivos ‘sistemas’, de los sucesivos ‘imperios’, desde su aparición. Los europeos hemos sido romanos, cristianos, musulmanes (en algunas zonas)… y en nuestros días demócratas o comunistas. En ningún caso se contó con los pueblos. Sucesivamente se les hizo romanos, cristianos, demócratas o comunistas.

El primer pueblo que alzó la voz en Europa fue el alemán. El primero que se rebeló contra el ‘sistema’ nuevo. Y fue militarmente derrotado, como se sabe, por demócratas y comunistas. El nacionalismo étnico germano era un quebradero de cabeza para unos y para otros, ponía en peligro a ambos. Y ambos se aliaron para derrotarlo. Las fuerzas democráticas y las comunistas eran ‘sistemas’ globales enfrentados, pero tenían un enemigo común. La Alemania nazi tenía que ser derrotada. Eso fue todo.

Hoy, que los Estados comunistas han desaparecido de Europa, la ideología comunista sigue circulando en los diversos partidos de ‘izquierda’ (filo-marxistas o filo-comunistas) que concurren a las elecciones democráticas. Las organizaciones políticas o sindicales de ‘izquierda’ (sus cuadros dirigentes) son beneficiarias también del ‘sistema’.

Ahora son los políticos –las distintas ficciones políticas (las ‘izquierdas’ y las ‘derechas’) que conforman la clase política–  los que dictan la ‘ley’, los que crean la fundamentación jurídico-política de los Estados democráticos contemporáneos. El poder en estos Estados lo tiene la clase política: El poder administrativo, el legislativo… Nuestras constituciones, nuestro derecho constitucional… La clase que establece  los fundamentos jurídico-políticos del Estado se reserva el gobierno del mismo (porque así lo dice ‘la constitución’). Los modernos textos constitucionales funcionan igual que los textos sacerdotales cuando estos promocionan al sacerdote como cabeza del grupo (porque así lo dice ‘el dios’). La clase política comparte el poder con el poder económico, al igual que los sacerdotes compartían el poder con los monarcas guerreros.

Estamos ante el sistema de poder dominante en los últimos seis mil años. No encontramos sino variaciones.

Todos los ‘sistemas’ universales  rebasan, van más allá de sus límites de origen (territoriales), ejercen el dominio sobre pueblos diversos, otros –sean los diferentes imperios multiétnicos y multiculturales del pasado,  los liderados por un pueblo en particular (el egipcio, el asirio, el persa, el griego, el romano…);  sean los imperios unificados por una sola ‘fe’ (el cristianismo, el islam, la democracia universal, el internacionalismo proletario) y cuyo universalismo hace perder de vista sus orígenes étnicos (judío, árabe, judeo-cristiano, ‘occidental’…). En estos universalismos agresivos hay también un componente étnico. Por lo general es un pueblo el que prevalece sobre otros (culturalmente, militarmente, económicamente) imponiéndoles su discurso, su ‘ley’. Se trata, en cualquier caso, de un imperialismo protagonizado por determinados pueblos (por sus oligarquías, por sus clases dominantes).

Las clases dominantes, las clases privilegiadas, las clases beneficiadas…, en unos casos o en otros, vienen a ser las mismas. Mutaciones, transformaciones… alianzas, mezclas, híbridos… Los rostros del ‘sistema’. Siempre la oligarquía dominante (sacerdotal, económica, militar (monarcas o aristocracias guerreras), política…). El poder y el gobierno, desde antiguo, en manos de los astutos y los violentos.

Los ‘sistemas’ universales de poder ‘políticos’ recuerdan a los imperios multiétnicos y multiculturales del pasado (persa, griego, romano…). Son imperios que aglutinan a pueblos que no tienen nada en común (ni étnica, ni lingüístico-culturalmente). No son duraderos. Pese a lo que pudiera parecer. Los imperios unificados en una determinada creencia o fe, aunque multiétnicos, son más duraderos. La ‘democracia universal’ o la ‘dictadura del proletariado’ de los políticos no alcanzan el status sagrado, divino,  trascendente, que logran las consignas o slogans sacerdotales.

Las ideologías, las consignas políticas, o religiosas, usadas para arengar a las masas, para airarlas… para lanzarlas contra el otro; contra el enemigo de turno. La formación de individuos capaces de matar y morir por Cristo, por Mahoma, por la democracia, por el comunismo… Los estrategas; la oligarquía dominante y sus medios de manipulación de masas. La ingeniería social del ‘sistema’. El arte de gobernar sobre masas heterogéneas.

Los pueblos nos encontramos inmersos en una contienda milenaria entre imperios universales (entre ‘voluntades de poder’). Padeciendo, siendo víctimas de unos y de otros –de los ‘grandes’, de los gigantes, de los ‘polifemos’.

Los múltiples enemigos del nacionalismo étnico.  Los pueblos no pueden seguir siendo. Están sentenciados. Se diría que pertenecen al pasado.

Los pueblos (sus miembros) hemos sido sucesivamente desarraigados (ya una ‘ley’, ya otra), estamos cada vez más lejos de nuestras ancestrales señas de identidad (étnicas, culturales, territoriales). Las poblaciones hemos sido fragmentadas, segmentadas, atomizadas, individualizadas… Hemos devenido finalmente ‘ciudadanos’,  ‘entes sociales’, masa social –en el ‘sistema’ actual.

El ‘sistema’ de dominio actual, el imperio nuevo. Hacia dónde vamos. Se culminará la ansiada, la proyectada ‘proletarización’ de las masas. Devendremos, unos con otros (autóctonos y alóctonos), masas salariales desnacionalizadas, apátridas. Un futuro horrible, un futuro de pesadilla.

Se acabarán los buenos tiempos del ‘sistema’. Vendrán hambrunas, miserias, guerras, discordias… en nuestras tierras europeas. Se luchará por las materias primas, por el agua… Gente extraña, venida de fuera, se disputarán nuestras tierras. Mañana dejarán de ser nuestras. Lo perderemos todo. La Europa europea, la Europa nuestra, desaparecerá. ¿Qué será de nuestros descendientes?

Los pueblos hemos pasado de las manos de unos a las manos de otros. Se ‘sistema’ en ‘sistema’. De ‘amo’ en ‘amo’. Desde hace milenios. En esta permanente guerra contra los pueblos muchos han desaparecido. Ahora mismo desaparecen pueblos en Asia, en África, en las Américas… en todos los continentes. Individuos sin pasado y sin futuro, los desarraigados de todos los rincones del planeta, vagan por nuestros campos y nuestras ciudades sin rumbo, desorientados, perdidos… lejos de su hogar ancestral. Es una catástrofe biocultural sin precedentes. Va a más cada día.

Nada detiene a este ‘sistema’ nuevo en su afán de posesión, en su codicia de oro y de poder. Los creadores, los fundadores, los usufructuarios, los beneficiarios, los privilegiados… Las fuerzas aliadas; los ‘aliados’. La oligarquía dominante. La destructora, la expoliadora…

Luchar contra el ‘sistema’ es luchar contra la oligarquía dominante, contra sus beneficiarios… Contra el poder político y contra el poder económico; contra los señores indiscutibles del ‘sistema’ nuevo (los demás poderes les están subordinados).

Estos tiempos que vivimos son decisivos para los pueblos que quieran seguir siendo, para los pueblos con vocación de futuro (con voluntad de poder, con voluntad de futuro). La unión de los pueblos contra el ‘sistema’ es lo que tiene que venir.

La finalidad es conseguir un ‘sistema’ étnico global. Una comunidad de naciones o Estados étnicos ancestrales (los que hayan sobrevivido). Étnicamente diferenciados. Independientes. Soberanos. Autónomos.

Nosotros proporcionamos una salida del ‘sistema’ (al laberinto de los ‘sistemas’ universales del neolítico). Hay una salida. Y no es precisamente una ‘nueva Sión’ multiétnica y multicultural (más de lo mismo). Quédese la ‘nueva Sión’  para los judíos, sus creadores. Un futuro otro queremos los nacionalistas étnicos; una salida otra. Lejos de la locura antropocéntrica, lejos del neolítico.

Nosotros, los ecologistas étnicos; los conservacionistas étnicos.

Queremos recuperar a los pueblos. Un renacimiento para todos los pueblos ancestrales. Que el árbol de los pueblos y culturas del planeta vuelva a florecer. Éste árbol forma parte del árbol de la vida. Es obra de la vida. Es nuestro deber, como vida, el conservarlo, preservarlo, y enriquecerlo. Para los futuros.

Quizás algún día sea considerado un crimen contra la vida el pretender convertir a un miembro de una comunidad etno-cultural (biosimbólica) en cristiano, musulmán, budista, demócrata, o comunista; en creyente de cualquier ‘fe’ trans-étnica, universal (religiosa o política). Pretender alterarlo, hacerlo otro; alejarlo, separarlo de los suyos; apropiárselo… sumarlo a la causa propia (privando así a su pueblo de uno de los suyos). Siguiendo los ideales de una fe universal el converso desatiende lo que concierne a su propio pueblo (su propia gente, su propia cultura, su propio futuro). La difusión de ideologías universales acaba siempre dividiendo y enfrentado a la población. Son un cáncer, una patología social. Podría ser calificado como un acto de conspiración o sedición (con el ánimo de destruir las bases ancestrales de convivencia de un pueblo)… como un ‘casus belli’. Se trata, en cualquier caso, de una agresión, de un acto de agresión contra el pueblo anfitrión; contra su unidad cultural, contra su homogeneidad espiritual; contra su pureza y su integridad. Contra sus señas de identidad –contra su ser ancestral. Es un crimen, en verdad.

Para que ese virtual día se convierta en actual los pueblos no tenemos otra salida que retomar, recuperar, rehabilitar, restablecer el nacionalismo étnico en nuestras comunidades. ¿Cómo lo hacemos?

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Hasta la próxima,

Manu

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FUENTE:

http://larespuestadeeuropa.blogspot.com.es/2016/12/143-los-sistemas-de-poder-y-sus.html

142) Sobre el suicidio inducido de los pueblos blancos

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SÁBADO, 26 DE NOVIEMBRE DE 2016

142) Sobre el suicidio inducido de los pueblos blancos

Sobre el suicidio inducido de los pueblos blancos.

 

Manu Rodríguez. Desde Europa (26/11/16).

 

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*Testigos del final de nuestros pueblos europeos, de nuestras culturas, de nuestras naciones… Esto somos.

Pueblos blancos decadentes. Pueblos ya sin destino, sin futuro. Pueblos que caminan hacia la extinción. Como quieras que lo veas, es absurdo, y es trágico también, todo lo que nos está sucediendo.

No veo futuro para nuestros pueblos. Han conseguido deslegitimarnos, privarnos de razones, de fuerza, de coraje moral, de derecho… Pueblos desnortados, confundidos, como hechizados… Nuestros pueblos no quieren seguir siendo. Voluntariamente, parece, han escogido el camino de la extinción. Pero es un suicidio inducido: Los discursos dominantes, éticos y políticos principalmente, que censuran (castigan) todo instinto de supervivencia, de defensa del territorio, de amor por los hermanos, y que elogian (premian), por contra, el altruismo, las fronteras abiertas, el multiculturalismo y demás, han conseguido modificar la conducta de nuestras poblaciones. Nuestra gente son ya ‘gentes’ del ‘sistema’; son los ‘individuos-tipo’ que éste requiere y produce. La actitud general de nuestras poblaciones es un logro de la ingeniería social del ‘sistema’ –de su poder conformador de opiniones, de ‘conciencias’, de ‘personalidades’…

Valga esta analogía con la técnica de los trasplantes de órganos: Se debilita la defensa de nuestras claves étnicas y culturales  con la intención de evitar el rechazo del injerto de población extranjera. Los discursos y slogans, trans-étnicos y trans-culturales, que difunde el ‘sistema’ operan como inmunodepresores.

No sólo se consigue con estas estrategias la indiferencia ciudadana ante la ingente entrada de población extranjera. Hay jóvenes que pertenecen a diversas ONG europeas  que colaboran con las flotillas de pateras que salen de África o Asia y que avisan a las guardias costeras española, italiana, o griega de las salidas hacia Europa de éstas. Y las guardias costeras se limitan a recoger a estos intrusos y llevarlos a tierras europeas. Todos los días, todas las semanas… Un flujo incesante, y masivo.

Estas actitudes se premian, se incentivan, se ‘pagan’. Los jóvenes implicados en estas ‘gestas’ alardean de ello, y reciben su galardón (en medios de comunicación…). Estos vanos, insensatos, necios, inconscientes traidores a su gente… son elogiados.

El ‘sistema’ somete a nuestra población a un ‘condicionamiento operante’ del que apenas nadie escapa.  Comienza en nuestras escuelas infantiles, en la educación que recibe nuestra gente desde que nace. Se prolonga en toda ‘nuestra’ cultura de masas (cine, televisión, internet, prensa, literatura…). Y es eficaz –logra sus fines.

Nuestra situación es lamentable; terminal, diría yo. Y nuestra gente no puede estar más desviada, más despistada; más lejos de sí y de sus reales circunstancias.

Los movimientos sociales trans-nacionales, trans-étnicos, trans-culturales (tipo ‘mundo sin fronteras’), a cual más ‘revolucionarios’, y que pululan, resultan ser la vanguardia de la globalización que requiere el ‘sistema’. Fijate hasta que punto estamos confundidos. Militamos en las filas de quien procura nuestro mal.

Nuestros ‘rebeldes’ anti-sistemas y anti-fascistas son las fuerzas intimidatorias, los dóberman del ‘sistema’; los nuevos ‘dominicos’, los nuevos ‘perros del señor’. Sus víctimas preferidas son los nacionalistas, los indigenistas, los identitarios… –las partes sanas del organismo biocultural; los lúcidos; los ‘puros’.

Ya sabemos, es malo ser nacionalista, identitario… No puedes defender tu tierra y tu gente. Si lo haces te señalan. Un miembro de nuestra comunidad señalado de nacionalista o identitario puede ser insultado, molestado, agredido… “es un fascista, o un nazi”. No se trata tan sólo de que esté mal visto, socialmente, ser identitario. Hay carta blanca para tratarle como a un perro. La muchedumbre, la bestia ‘anti-fascista’.

La ciega, la manipulada, la instrumentalizada masa anti-identitaria  –la suicida, la enemiga de sí. Usada como arma contra los suyos.

Este comportamiento autolesivo, suicida,  es el resultado de años de propaganda antinacionalista y anti-identitaria en Europa (y en países con ascendencia europea). Es malo, es vergonzoso, es ridículo… ser nacionalista e identitario. Éstas son las consignas que constantemente se repiten desde los medios de manipulación de masas del ‘sistema’ (prensa, radio, televisión, literatura, cine, internet…). Y desde hace decenios.

Se acaba con los pequeños focos de resistencia identitaria tildándolos públicamente de neo-fascistas, grupos de extrema derecha, xenófobos… Estos términos están siendo usados para deshonrar, para denigrar. Nadie quiere ser acusado públicamente de nacionalista o identitario, ser señalado de esa manera. Es lo peor.

Esta propaganda –constante, omnipresente, y agresiva–, que es contraria a nuestros intereses más vitales (existenciales incluso, está en juego nuestro ‘ser’), está resultando letal para nuestra gente. Promueve la auto-extinción de los pueblos blancos.  Es un suicidio inducido, como digo.

Es una propaganda inspirada, como se sabe, en las historias que nos cuenta el ‘sistema’ acerca de la IIGM (sobre el nazismo y el periodo nazi fundamentalmente). Pero estas historias que difunde el ‘sistema’ han resultado ser manifiestamente falsas. Se requiere, pues, una revisión y una reescritura de todo ese período (que en parte ya han sido realizadas). Téngase en cuenta que, sin la satanización del nacionalismo étnico o identitarismo (tras los Juicios de Núremberg), esta insidiosa y nociva propaganda, que impregna toda nuestra vida cotidiana, carecería de sentido y de legitimidad.

Es propaganda de guerra lo que padecemos. Es una guerra de aniquilación contra nuestro ser étnico y cultural.

Cambiar la actitud y el sentir de las poblaciones agredidas o invadidas, hacerlas favorables al invasor o al agresor, éste es el principal cometido de la propaganda de guerra –de las ‘operaciones psicológicas’, como ahora se las llama. La ingeniería social. Las técnicas de modificación de la conducta. Los ‘medios’, los poderes del ‘sistema’.

Toda esta incesante, y costosa, ofensiva ideológica, propagandística, jurídica… contra el nacionalismo étnico (desde su mismo nacimiento, pero sobre todo desde finales de la IIGM) viene a decirnos que éste es el único y verdadero enemigo del ‘sistema’; que es su mera existencia  la que supone una amenaza para el ‘sistema’. De ahí todo el empeño de éste en desprestigiarlo, en destruirlo, en erradicarlo. De ahí también la persecución (en los juzgados y en las calles) a la que se ve sometido.

El modelo cosmopolita, universal, contrario a todo nacionalismo e identitarismo, es el que se difunde por doquier desde los poderosos medios de manipulación de masas de que dispone el ‘sistema’. Esa ideología. La mezcla, la mixtura, lo ‘multi’… Eso es lo excelente, lo mejor. El nomadeo, el desarraigo generalizado. Ciudadanos del mundo. Sin rostro, sin identidad definida (étnica y cultural). Elementos homologados, indiferenciados, sustituibles. Es el futuro social, político, económico… que persiguen, desde hace más de un siglo, tanto la ‘izquierda’ como la ‘derecha’ (los ‘usufructuarios’) del ‘sistema’. Las diferentes fuerzas (aliadas) del ‘sistema’ trabajan en la misma dirección. Ninguna discute sus postulados ideológicos universalistas (‘globales’).

El ‘sistema’ tiene sus usufructuarios o beneficiarios.  Los beneficiarios del ‘sistema’ son sus creadores. Si antaño fueron los sacerdotes y/o los guerreros los que establecían el ‘sistema’, hoy (desde la Revolución Francesa) son la clase económica y/o la clase política las que establecen el marco ideológico (las reglas de juego) en el que se desarrollarán las actividades todas de la comunidad –ponen las bases económicas, políticas y jurídicas. El ‘sistema’ es, principalmente, un sistema de poder, de dominio, que se le impone al conjunto de la población. Únicamente sus beneficiarios (el poder económico, la clase política, las instituciones del Estado…) viven, y gozan, del ‘sistema’, disfrutan de su uso. El resto de la población lo padece, lo soporta…

Las ideologías (religiosas, filosóficas, o políticas) han servido siempre para fundamentar y legitimar el régimen de poder, el ‘sistema’ de dominio (de unos sobre otros) –cualquiera fuese éste.

El ‘sistema’ son sus beneficiarios. ¿‘Cui bono’?

El discurso del ‘sistema’ es, hoy, netamente antipatriótico, antinacionalista, multicultural, multiétnico, internacionalista, universalista, cosmopolita… trans-nacional, post-nacional… Nuestras ‘izquierdas’ y nuestras ‘derechas’ son rostros del ‘sistema’. El mismo internacionalismo, el mismo post-nacionalismo…

No nos dejemos engañar por las llamadas a la patria, o a la nación, de las derechas y de las izquierdas del ‘sistema’. Se trata, en ambos casos, de un nacionalismo y un patriotismo espurios, no ligados a la sangre y al suelo. La patria o nación que postulan es una ‘entidad’ jurídica y política que se pliega a los requerimientos (al discurso) del ‘sistema’. Pretenden convertir las naciones ancestrales en una suerte de  ideología al que cualquiera (venga de donde venga) puede adherirse o afiliarse. Ahora cualquiera puede ser francés, alemán, español, vasco, o catalán… (así como cualquiera puede ser cristiano, demoliberal, o comunista). Con este nacionalismo se desposee a los autóctonos de un patrimonio geográfico, étnico, y lingüístico-cultural que sólo a ellos pertenece. Los nacionalismos que promueven los políticos del ‘sistema’ no tienen otra finalidad que la disolución de las patrias carnales, de las patrias genuinas.

Hay que cuidarse, pues, del nacionalismo, o el independentismo, que difunden estos beneficiarios del ‘sistema’. Promueven naciones abiertas, plurales, multiétnicas, multiculturales… Naciones que acabarán perdiendo sus ancestrales señas de identidad étnicas y lingüístico-culturales. Se pretende, claramente, lo contrario de lo que se predica. Tendremos finalmente naciones étnica y culturalmente heterogéneas que no se diferenciarán en nada unas de otras, y nacionalismos ociosos, superfluos. Véase el caso de España, no sólo en nuestras derechas, atiéndase al poco o nada fiable patriotismo o nacionalismo de partidos o grupos como Podemos, la CUP, ERC, las Mareas y otros. No se trata de nacionalismos o patriotismos equivocados, o confundidos, sino de nacionalismos y de patriotismos deliberadamente engañosos, fraudulentos, tramposos. Son trampas. Confunden, embrollan, desvirtúan… Conducen a la extinción.

Llamo la atención sobre algunos líderes de partidos independentistas catalanes (ERC, CUP…), que ni siquiera son catalanes (de sangre). Una Cataluña que no los considere ‘extranjeros’ parece que construyen, que no los insulte, que no los llame charnegos (perros); una Cataluña plural, diversa, otra (la actual es demasiado catalana); una Cataluña para foráneos, a su medida (y a la medida también del ‘sistema’). Disponen, estos alóctonos, del destino de una nación a la que no pertenecen, y que no les pertenece. Usurpan la palabra, la voz de los genuinos catalanes. Los catalanes de pura cepa no deberían tolerar esta intromisión, esta impostura.

Se diría que estos foráneos se vengan de la nación de acogida desrealizándola. Se vengan de los insultos y menosprecios recibidos. Y esto recuerda a los casos que se han dado o se dan en nuestras tierras europeas con otros grupos étnicos o culturales extranjeros (judíos, musulmanes asiáticos y africanos…). Todos estos no europeos (vistos desde el ‘jus sanguinis’) son partidarios del Estado multicultural y multiétnico (y del ‘jus solis’) –como es lógico (no miran sino por su bien).

Una Europa plural, diversa, otra (la actual es demasiado europea); una Europa para los no europeos, para los extranjeros… Los planes del ‘sistema’.

Los pueblos son comunidades étnicas y lingüístico-culturales asentadas desde antiguo en un determinado espacio. Son comunidades ancestrales. La patria es el territorio que fundaron los ‘padres’, los antepasados. No cualquiera puede ser europeo, chino, o japonés… La patria o nación es herencia, legado, patrimonio centenario, milenario. La patria no se adopta, se hereda. Es una herencia de sangre. Es la sangre (la casta, la raza…) la que aquí hereda.

Los nacionalismos que postulan los políticos (de izquierda y de derecha) del ‘sistema’, vienen a devaluar, a depreciar los lazos de sangre que una población tiene con su territorio ancestral, a restarle importancia (cualquiera puede ser catalán…). Parecen construidos adrede para desvirtuar, para desnaturalizar las naciones genuinas. Como un primer paso hacia su desintegración. Son nacionalismos que, por lo demás, ignoran y ofenden gravemente a los naturales, a los ‘nacionales’, los cuales devienen uno más en estas nuevas naciones en las que todos, vengan de donde vengan, tienen cabida.

Estos nuevos nacionalismos, que sostienen tanto las derechas como las izquierdas del ‘sistema’, resultan, claro está, inocuos, inofensivos, para éste. Sólo el nacionalismo étnico puro, de casta, puede hacerle frente al ‘sistema’ y frenar la disolución de nuestros pueblos. Es la revolución que queda –la rebelión de los nativos europeos  contra el ‘imperio’, contra el ‘sistema’ (contra sus beneficiarios).

Desintegrar a los pueblos y proletarizar a las masas resultantes. Las ambiciones, los sueños del ‘sistema’.

Los sueños del ‘sistema’ son la pesadilla de los pueblos.

Nuestros viejos pueblos y sus demarcaciones territoriales son un estorbo para los planes de dominio del ‘sistema’. El ‘sistema’ requiere masas proletarizadas, no pueblos. Este ‘sistema’ es, por naturaleza, hostil a los pueblos.

Las fuerzas aliadas del ‘sistema’. Los cocreadores. Los beneficiarios. Los poderosos. Los ‘aliados’. El ‘sistema’ mismo. Todas las fuerzas o élites hostiles a los pueblos. Todos los universalismos (religiosos, filosóficos, políticos…) del pasado.

Un mundo trans-nacional, post-nacional; un mundo sin naciones, y sin fronteras. Las utopías del ‘sistema’. El ‘sistema’ crea, adopta, y difunde utopías universales (a ‘diestro’ y ‘siniestro’) que no entran en pugna con sus planes de dominio ‘global’.

La destrucción de pueblos, naciones, y culturas ancestrales es lo que viene. La homologación de la población del planeta. La homologación social, cultural, étnica (racial, mediante el mestizaje)… La destrucción de las diferencias, de aquello que nos distingue a unos de otros –sea en la naturaleza, sea en la cultura.

Es un genocidio étnico y cultural a gran escala lo que viene; lo que ya es. Parece planificado. ¿Quién, quiénes son los ingenieros sociales de esta catástrofe biocultural? ¿De qué medios se vale el ‘sistema’ para imponer su ‘ley’, su ‘orden’; cuáles son sus fuerzas, sus instrumentos?

Son decenas, cientos ya, las etnias en nuestras ciudades más pobladas (Londres, París, Berlín…). Un grave problema, ético incluso, la educación de sus pequeños. ¿Qué instrucción, qué historia…; la francesa, la inglesa, la alemana…? Etnias africanas, asiáticas, amerindias… Sus niños y adolescentes serán formados en una historia que no es la suya, la de su pueblo; en un entorno lingüístico-cultural que no es el suyo, el de su propio pueblo. Millones de personas desarraigadas. Lejos de su tierra, de su hogar, de su gente, de sus ancestros… de su propia historia.

Es un mal para todos (autóctonos y alóctonos) estos flujos migratorios incontrolados. El final será una indistinta masa universal proletarizada y apátrida (el sueño del ‘sistema’; el sueño de Marx); una nueva raza de esclavos a disposición de las izquierdas y las derechas del ‘sistema’ –como fuerza de trabajo,  como carne de cañón, como ‘votante’…; en cualquier caso, como arma, como instrumento, como útil…

Se priva a nuestros pueblos del legítimo derecho que tienen a defender las tierras heredadas, las tierras de sus ancestros. ¿Por qué nuestros pueblos no pueden defender su territorio ancestral, su etnia, su cultura…?

Les recuerdo a los lectores que el único Estado étnico en la actualidad es el Estado Nacional del Pueblo Judío (Israel). ¿Por qué los judíos pueden tener su Estado étnico y el resto de los pueblos no; por qué el resto de los Estados estamos obligados a convertirnos en Estados multiétnicos y multiculturales? ¿A qué viene este privilegio? ¿Qué relación tienen los judíos y el Estado de Israel con el ‘sistema’? Los judíos son cocreadores y cofundadores del ‘sistema’, son por tanto uno de sus beneficiarios.

Antes de la existencia del Estado de Israel los judíos contribuyeron a la creación de los Estados democráticos y plurales que hoy tenemos. Fueron los primeros en beneficiarse de la situación jurídica y política que les proporcionaban los nuevos Estados nacidos tras la Revolución francesa. No sólo los judíos, obviamente, todos los extranjeros, todos los no franceses, o los no ingleses, o los no alemanes podían adquirir estas nacionalidades y gozar de los derechos y libertades de los nacionales. En estas circunstancias nace el ‘ciudadano’, el ‘ente social’… Más allá de etnias y culturas.

Los judíos, hay que decir, son los más celosos defensores del Estado multiétnico y multicultural. Es su medio óptimo para operar, y prosperar, política, cultural, económicamente… aquí o allá. Ese Estado abierto y plural lo quieren para los otros, claro está.

Dicho sea de paso, si a cualquier de nuestros Estados se le ocurriera denominarse a partir de cierto momento “Estado Nacional del Pueblo ‘X’”, sería acusado inmediatamente por el ‘sistema’, desde sus medios (mass media, ONU…), y a escala internacional, de fascista o nazi. Téngase esto por seguro.

Las nuevas naciones que pergeña el ‘sistema’ son buenas para todos menos para los nacionales. Los Estados multiétnicos y multiculturales (plurales, democráticos, abiertos…), los Estados nacidos tras la Rev. Francesa, supusieron el principio del fin de nuestros pueblos. Con tales fundamentos políticos y jurídicos, era cuestión de tiempo el que se dieran las circunstancias presentes (el caos étnico y cultural, la desintegración).

El único intento de revertir la situación, el nacionalismo étnico germano, fue militarmente derrotado, como se sabe. Frente al ‘sistema’ enemigo de los pueblos se abría otra posibilidad, los Estados étnicos. Conservar la homogeneidad étnica y cultural. Neta separación entre autóctonos y alóctonos. Los alóctonos están privados de derechos políticos, de derechos de propiedad… Se evitaba de este modo la injerencia política, cultural, social, o económica de los extranjeros en las cosas propias, en las cosas de los nacionales (de los indígenas, de los nativos). Era una salida; era la salida.

El nacionalismo étnico (indigenismo, identitarismo…) es el único camino de un pueblo hacia el futuro; es para un pueblo su única garantía de futuro. Sólo los pueblos centrados en sí, conscientes de sí, tienen futuro.

La pésima, la horrible imagen del nazismo elaborada por el ‘sistema’, tras los Juicios de Núremberg, es el pretexto que éste usa para arremeter contra todo nacionalismo o identitarismo; es el arma total contra el nacionalismo étnico. Paraliza. Enmudece. Es también la única arma de que dispone el ‘sistema’. No lograremos la victoria si primero no desmontamos públicamente ese dispositivo paralizador –sería tanto como desarmarlo; privarlo de derecho, de argumentos, de razón…

El ‘sistema’ ha construido un muro de infamias, de mentiras, de calumnias… alrededor del nacionalismo étnico. Éste es el muro que tenemos que derribar.

El nacionalismo étnico (de origen europeo) es el ‘mal’ para el ‘sistema’. Es el único adversario del ‘sistema’ (de sus beneficiarios).  Hace tiempo que éste le declaró la guerra. El ‘sistema’ se limita a combatir su mal con todos los medios a su alcance, a remover los obstáculos, a acabar definitivamente con la única fuerza que se le opone.

Para reducir a los identitarios europeos el ‘sistema’ se vale de la ilegalización del nacionalismo étnico (tras los Juicios de Núremberg); del constante bombardeo de consignas contrarias al nacionalismo étnico (democracia universal, derechos humanos universales… altruismo, multiculturalismo, fronteras abiertas…) en la enseñanza y desde los ‘mass media’; del incesante flujo migratorio de asiáticos y africanos hacia nuestras tierras todas; de la pública satanización de la resistencia identitaria ante la masiva entrada de extranjeros (de intrusos); de la intimidación, la persecución, la violencia contra los resistentes, contra los irreductibles…

Alterar (hacer otra) las señas de identidad étnica y cultural de un pueblo. Para ello se deprimen, se debilitan sus naturales, sus legítimos instintos defensivos, al tiempo que se reprime su derecho a la defensa, al rechazo del invasor.

El ‘sistema’ premia y castiga públicamente las conductas favorables y desfavorables a sus intereses; usa técnicas de modificación de la conducta (a escala social) mediante el condicionamiento operante.

El condicionamiento comienza ya en las edades tempranas. Los ‘principios’ universales éticos, jurídicos y políticos del ‘sistema’ (con los relatos sobre las bondades del ‘sistema’ (de los ‘aliados’), y las maldades del enemigo único del ‘sistema’) están implementados en todos los aspectos de la vida escolar de nuestros niños y adolescentes –asignaturas, trabajos escolares, juegos… Los omnipresentes ‘mass media’, a los que nuestros pequeños tienen acceso desde que se levantan, hacen lo demás.

El ‘sistema’ juega con ventaja. Sabe lo que hace. La ilegalización y la pública satanización del nacionalismo étnico nos dejan inermes ante cualquier ataque. Nos paralizan. Nos enmudecen. Hacen imposible la defensa pública de nuestros intereses étnicos y culturales; nos privan del derecho a la legítima defensa de nuestro territorio ancestral. Nos dejan atados de pies y manos; nos cierran la salida –nuestra única salida.

La guerra de las fuerzas aliadas del ‘sistema’ contra los pueblos europeos no ha terminado. Es una guerra de aniquilación, insisto, y la estamos perdiendo.

Nuestra madre patria, Europa, se hunde, se arruina sin remedio. Cada día hay algo que lamentar; algo irreversible pasa… Cada día más cerca del final.

Europa es una víctima más del ‘sistema’. Nuestros pueblos europeos milenarios están siendo engañados, desposeídos, manipulados y, finalmente, sacrificados.

Quizás la conciencia de este más que probable final haga revolverse a los europeos contra el estado de cosas. Ya se atisban movimientos de liberación  –pese a los ‘media’, las masas anti-identitarias, y las amenazas (políticas, económicas, jurídicas…) de Bruselas. La resistencia identitaria está perdiendo el miedo a aparecer públicamente.

Tal vez nuestros pueblos tengan aún una posibilidad de futuro; tal vez podamos aún recuperar la fisonomía que nuestras ciudades tenían hasta no hace muchos años… Tal vez quede aún tiempo para salvar a Europa; para salvarnos a nosotros mismos.

*Nuestro drama histórico me recuerda una vez más el Ragnarök escandinavo. No faltan entre nosotros los traidores conscientes, y los inconscientes –los ‘Loki’ y los ‘Holder’ del relato. Cuando deberíamos estar festejando el retorno de Balder resulta que estamos como al principio, en pleno ‘invierno supremo’, y bajo el fuego de Surt.

Parecía que salíamos de aquel Ragnarök que sufrimos cuando la cristianización de nuestros pueblos. Parecía que vivíamos el fin del ‘invierno supremo’, que la estirpe de Líf (la vida) y Lífthrasir (el que ama o desea la vida) proliferaba. Parecía que renacíamos. Pero he aquí que Surt ataca de nuevo, y con nuevos recursos (con nuevas armas). Se trata ahora del ‘sistema’; del polimorfo, del policéfalo, del todopoderoso ‘sistema’. De aquel que surge cuando la Revolución Francesa.

Desde su nacimiento este ‘sistema’ avanza y logra victorias en nuestras tierras. Tras la IIGM impera sin oposición. Nuestros pueblos yacen caídos, postrados, sometidos. El nuevo ‘orden’ universal que los ‘aliados’ imponen nos priva de auténtica soberanía, de autonomía real… Nuestro futuro nunca fue tan incierto.

Este nuevo universalismo es ahora el ‘derecho’, la ‘ley’. El que vence impone su discurso, su historia, su bien y su mal, simplemente; dicta la ‘ley’, dice lo que ha de ser. El ‘derecho’ está, como de costumbre, en las manos de quien va ganando la partida. El adversario único, el mal único del ‘sistema’ (de este Surt redivivo) está, por supuesto, fuera de la ‘ley’ –satanizado y prohibido; arrojado a las tinieblas exteriores. Hoy como ayer. Ayer como ‘pagano’, hoy como nacionalista étnico (‘nazi’).

Se repiten las condiciones del Ragnarök. Es una guerra total (étnica, territorial, cultural…) la que se sostiene contra nuestros pueblos. La derrota militar del nacionalismo étnico germano fue un episodio en esta guerra en la que nos lo jugamos todo (la herencia territorial y la cultural; incluso nuestro ser –nuestro seguir siendo). La guerra no ha terminado. Si resultáramos definitivamente derrotados no habría más auroras para nuestros pueblos, sería nuestro último ocaso.

*

Hasta la próxima,

Manu

En un principio…

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En un principio… Dedicado a mis nietas Karla, Helena, y Julia Flavia.

 

Manu Rodríguez. Desde Europa (28/10/16).

 

 

*

 

*Primero fue la sustancia viviente única. Primero es la sustancia genética, el ser genético. Todas las formas vivas responden a diseños, a designios de este demiurgo, de este creador. Pululan en el agua, en la tierra, en el cielo. El ser genético es el creador, el señor, y el pastor de las criaturas todas; de todas las formas vivas. No hay otro ser creador.

La sustancia viviente única es el único sujeto, el único actor en los seres vivientes. No hay otro sujeto. Es el único ser. No hay otro que muga, aúlle, o hable.

En nosotros habla el ser primero y único. Nosotros somos ese ser. El ser creador.

La formación de las moléculas vivientes debe ser tan común en el cosmos como la formación de átomos, u otras moléculas. En tanto se den las condiciones geofísicas adecuadas. La llamada zona de habitabilidad –la distancia adecuada de un planeta con respecto a su sol. Ni muy lejos, ni muy cerca. La zona óptima para que la vida surja.

Digamos que en nosotros, en el cariotipo humano, la sustancia viviente única ha encontrado la manera de salir a la luz. De darnos a conocer, también, a nosotros mismos. Nuestro fenotipo, nuestro diseño, nuestra apariencia –obra de la sustancia viviente única, no lo olvidemos–, se lo permite. Salir a la luz; asomarse a ver.

La complejidad de nuestros lenguajes, de nuestros mundos simbólicos; nuestros artilugios, nuestros artefactos –nuestras invenciones. Todo lo que nos ha permitido aproximarnos a nosotros mismos. Descubrirnos. Encontrarnos.

El descubrimiento, hace poco más de medio siglo, de la sustancia genética y del código genético han sido para nosotros (como formas vivas) como un proceso de auto-conocimiento; como una revelación. Ya no más hombre; ya no más criatura. Ahora me conozco como sustancia viviente única, como la misma vida; como señor, como creador.

Nosotros somos la vida en el cosmos. Y es más que posible la existencia en cualquier rincón del cosmos de cariotipos similares a nosotros (a nuestras funciones) que le permitan a la vida salir a la luz; conocerse y expresarse en términos simbólicos.

Este estadio deja atrás todo lo habido o conocido, o creado, en punto a civilización y cultura, por los seres humanos. Vivimos en un nuevo período; un período biocéntrico, genocéntrico.

Con respecto a nuestro ser genético (único) todo  nuestro pasado yace en la ignorancia. Ni paleolíticos ni neolíticos se aproximaron a este nuestro ser.

Este único ser es el creador también de pueblos (razas, etnias) y culturas (cielos, dioses, mundos…). El árbol de los pueblos y culturas del mundo es obra suya. Como el árbol de las aves, o el de los peces… Toda manifestación de lo viviente en este planeta es obra suya. En la naturaleza, o en la cultura.

El único sujeto, el único actor. El único creador. Ya no hay otros seres; ya no hay hombres, ni fenotipos, ni criaturas. Ya no queda sino el creador, la sustancia viviente única. Nos.

*La era técnica cierra el ciclo que se inicia cuando la agricultura y la ganadería, cierra el ciclo del neolítico, pertenece a éste. Es un período extremadamente antropocéntrico (fenocéntrico). Todo sigue girando alrededor del ‘hombre’; el ‘hombre’ sigue siendo lo primero.

 

Superar la era técnica, la última civilización del neolítico. Superar de una vez por todas el antropocentrismo (el fenocentrismo) del neolítico.

 

*El nuevo período biocéntrico; genocéntrico. El nuevo período étnico, racial. La palingenesia, la regeneración del árbol de los pueblos.

 

Si cuidamos de las formas vivas en peligro de extinción, ¿por qué no de los pueblos y de las culturas cuya existencia también peligra?

Aún seguimos comportándonos como criaturas del neolítico. Nuestro comportamiento hacia las otras formas vivas, pero también hacia los diversos pueblos y sus respectivas culturas lo denota. Se maldice, se corrompe, se explota, se ignora… Es la codicia. La codicia antropocéntrica, fenocéntrica, arcaica, neolítica… La codicia depredadora, loca, necia, inconsciente… Indiferente al futuro, y a los futuros.

Todo está perturbado. No sólo lo concerniente al árbol de los pueblos y culturas. El árbol de la vida está infecto, corrompido, maldito. El desierto crece, aumenta cada día –en la naturaleza y en la cultura.

Es la obra del hombre del neolítico. El que no acaba de desaparecer.

*Algún día se hablará de este nuevo estadio, de este nuevo período. Definitivo, a mi manera de ver. Pues desde ahora sabemos quiénes somos. Nosotros somos la vida. Éste es el saber que cambiará la faz del planeta.

El saber acerca de nuestro ser lo cambiará todo. El amor, la amistad, la sociedad, la política, la ‘paideia’, la ciencia, la economía, las artes… Todo ha de estar ahora a la altura de este saber.

Los renacidos a este nuevo período aún carecen de arte, de ciencia, de sociedad… Estos renacidos tienen la responsabilidad de crear esa ‘cultura’ acorde con el nuevo saber. Crear la nueva ‘atmósfera’ espiritual, simbólica; las nuevas condiciones espirituales de existencia. Los renacidos, los dos veces nacidos.

De momento no tenemos nada. Apenas si podemos aprovechar algo del pasado –por su extremado antropocentrismo. Por su descentramiento, podríamos decir. Nadie pudo adivinar. Nadie adivinó, ni presagió, ni profetizó su llegada –la llegada de Xenus/Nexus.

El nuevo período étnico, genético; biocéntrico, genocéntrico. Ahora el centro, el sujeto, es la vida.

*Las nuevas criaturas humanas. El copioso árbol étnico de ramas sagradas. La ‘humanidad’ que somos. Tenernos por diferencias queridas, buscadas, logradas por la sustancia viviente única. Como seres necesarios. Podemos considerar a cada una de las razas como formas de supervivencia, modos de sobrevivir, de dominar el medio geofísico y viviente. Rasgos físicos y aptitudes diferentes; lenguas y culturas (mundos) diferentes. La floración: decenas, cientos, miles de etnias/culturas –de ‘mundos’. El árbol de ramas doradas. Las diferentes etnias tienen su razón de ser.

Los verdaderos racistas, o mejor, los auténticos genocidas o etnocidas son aquellos que niegan las razas en la teoría y en la práctica; los que quieren acabar con ellas (con las diferencias étnicas y culturales).

El que afirma su raza, su pueblo, su cultura… afirma a todas las razas…

No debemos olvidar que las diferentes razas son ramas del árbol de la vida.

Ahora viene el ser biológicamente, genéticamente, étnicamente arya. Así como étnicamente masai, chino han, aino, japonés, mongol, tibetano, inuit… Dignos ejemplares de las razas supervivientes.

*Hablando de (y a) mi pueblo –el pueblo al que pertenezco. Hombres y mujeres aryas. De raza y de cultura. De cuerpo y de mente. ¿Cómo representar el ser arya? Tenemos que conservar y preservar el ser arya en este mundo nuevo; alcanzar y representar dignamente esta nueva dimensión del ser nuestro.

Mundos aryas, artes aryas, filosofías aryas… culturas aryas. Lo sublime arya. Lo espiritual arya. La elegancia arya. Lo exquisito, lo excelente…

Las señas de identidad arya. El ser eterno arya. Lo reconocible arya. Lo propio del arya, lo exclusivo. La singularidad biosimbólica arya. Su diferencia específica.

*No hay otra buena noticia que dar a los pueblos del presente –a los ‘humanos’ del presente. Nuestra verdad, finalmente. La verdad acerca de nuestro ser.

El cariotipo humano ha llegado a su verdad. A la verdad de su ser; de su ser único. Un ser que comparte con el resto de las formas vivas, de las criaturas. Un ser único. Somos fragmentos cifrados del ser único –del ‘Uno’. Nos.

Ahora devendremos el pastor del ser. El cuidador del ser –de la vida.

Ya no más depredadores humanos. Ya no más extraños a nuestro ser. Ahora sabemos quiénes somos. Ya no más engaños, ya no más extrañamiento, ya no más ilusiones, ya no más ignorancia…

Es un comienzo absoluto. Período genocéntrico, post-antropocéntrico, post-fenocéntrico… El futuro del ser genético; de la sustancia viviente única.

*Gemeinwesen (comunidad). Ser, esencia, o naturaleza común.

*Debemos centrarnos en las ciencias de la vida. Es el saber que nos concierne. El saber acerca de nuestros ser. La genómica, la ecología, la etología… Un futuro genocéntrico –centrado en la vida.

*Hablarnos, comunicarnos como sustancia viviente única. Que hable la vida (desde el arya, desde el inuit, desde el masai…) en todo momento y lugar. Que la conciencia del ser único que somos alcance a todos los pueblos (las etnias) y culturas.

No la ‘humanidad’ (el cariotipo humano en todas sus formas) importa, sino la vida.

*Lo primero es la conciencia de sí como sustancia genética, como sustancia viviente única, luego viene la conciencia de sí como ente perteneciente a un cariotipo específico (el humano), luego viene la conciencia de sí como ente perteneciente a un grupo étnico determinado (a un subtipo del cariotipo específico), y por último viene la conciencia de sí como ente perteneciente a un grupo lingüístico-cultural determinado. Éstas son las conciencias que hay que cultivar. En orden de relevancia, la preeminencia la tiene la conciencia de sí como sustancia genética. Es lo primero; la base, el fundamento. La segunda en importancia es, obviamente, nuestra pertenencia al cariotipo humano. La conciencia étnica y lingüístico-cultural serían las últimas en importancia.

Las falsas conciencias serían las conciencias ideológicas (filosóficas, religiosas o políticas) y las conciencias de clase (de pertenencia a una determinada clase). Estas conciencias nos alejan absolutamente de nuestro ser primero –de nuestra realidad, de nuestra verdad.

Conciencia de sí es saber de sí. Saber de sí como sustancia viviente única. Esta conciencia, este saber, lo cambiará todo.

Así pues, ni la clase (social), ni la creencia (religiosa o política), ni la pertenencia a un grupo lingüístico-cultural determinado, ni la pertenencia a un grupo étnico determinado, ni siquiera la genérica, la específica ‘humanidad’ (que nos hace caer en el antropocentrismo, en el fenocentrismo)… Lo que importa en nuestra condición de naturaleza viviente única. Nosotros somos la vida, sin más.

*No se trata, en ningún caso, de derechos del ‘hombre’, sino de derechos de la vida. El ‘hombre’, el cariotipo específico humano, está subordinado a la vida. No se trata, pues, de extender los derechos del hombre al resto de los ‘animales’ (como dicen), este es un lenguaje antropocéntrico aún; neolítico, arcaico, pre-genocéntrico.

Velar por la vida. Éste es el cometido de nuestra especie a partir de ahora. Porque nuestra especie puede alcanzar la conciencia de sí como sustancia viviente única, más allá de su condición cariotípica, étnica, o cultural. Ésta es nuestra diferencia con respecto al resto de las formas vivas. No como ‘hombre’, pues, sino como ‘vida’ debemos pensar.

Esta conciencia que digo religará en el futuro a todos los grupos humanos. Crearemos sociedades más allá del hombre.

Podemos decir con total seguridad que el período antropocéntrico (fenocéntrico) ha quedado atrás desde el descubrimiento de los ácidos nucléicos. La criatura se ha esfumado, ha desaparecido, ha dejado paso al creador, a la sustancia viviente única, que es el ser de todo criatura, de toda forma viva.

En nosotros, el cariotipo específico humano, no habla el hombre, la criatura, sino el creador.

La revolución silenciosa. La venida inadvertida, inesperada, insospechada, de Xenus/Nexus.

Aún seguimos atrapados por variantes antropocéntricas, por ideologías religiosas o políticas del pasado. La etnia misma, y el legado cultural, nos detienen, nos impiden ir más allá de nuestra condición fenotípica. Dejar atrás, abandonar.

No un ‘hombre nuevo’ es lo futuro. El ‘hombre’ quedó atrás. Pensar, actuar, vivir… como sustancia viviente única, desde la sustancia viviente única. Renacer como sustancia viviente única.

Un nuevo comienzo absoluto. La conciencia, el saber de sí de la misma vida. El ‘ser’ recobrado, reconocido, puro. El ‘ser’ único, la sustancia genética. Nos, Genousse y Genoussin.

Crearlo todo de nuevo. Nueva cultura, nueva sociedad, nueva civilización. Todo por hacer. Las preocupaciones humanas desaparecen; todo lo ‘humano’ desaparece. El centro ahora es la vida. Inaugurar el período genocéntrico. Milenios nos esperan.

No es una nueva fe, o una nueva creencia. Es un saber. Un saber que trasciende las etnias y las culturas. Un saber que trasciende todo lo humano. Nos movemos en el terreno del saber, de la certeza; de un conocimiento cierto, indubitable.

Hemos llegado a nosotros mismos; a Nos. Un recorrido de millones de años. Se ha requerido una especie inteligente –un cariotipo concreto; una forma específica, y capaz. La vida, siempre inteligente, se ha dotado a sí misma de órganos que le han permitido salir a la luz, y reconocerse. Autoconciencia, autognosis. Ha sido una revelación.

Todos los tanteos del ‘hombre’… No eran tanteos del ‘hombre’, sino de la misma vida. Se buscaba a sí misma. Quería su verdad. Las tradiciones humanas la distrajeron bastante tiempo; la alienaron de sí. La vida descentrada; centrada en la criatura, en ‘su’ obra. Detenida.

El ‘hombre’, la criatura, es un medio para la vida; un instrumento, un útil; un cuerpo, un vehículo –las formas vivas, en general. Medios de supervivencia, transportes… somas protectores. Nada más. Importancia relativa de los fenotipos. Lo que importa es el ‘ser’ único, lo único verdaderamente vivo en la criatura.

*Las creencias, las tradiciones del neolítico que sobreviven (religiosas, filosóficas, o políticas), perturban, separan a los grupos humanos. También las etnias y las culturas. Todo contribuye a dividir y a enfrentar. Entorpecen la llegada, el triunfo de la conciencia de sí genética. Los grupos humanos han de dejar atrás todas esas tradiciones y posiciones para alcanzar la conciencia de sí genética. Las comunidades humanas han de partir de cero. Han de limpiarse, purificarse, de las ataduras humanas, demasiado humanas –de su antropocentrismo, en primer lugar; de sus creencias, tradiciones, etnias o culturas.

Hablamos de una visión transcendente, que trasciende las diferencias que entre los individuos y los grupos humanos pudieran darse.

Es una nueva era, un nuevo comienzo absoluto. Post-humano, post-fenocéntrico.

No en nombre del hombre o de la humanidad (el cariotipo específico, la especie…), pues. Más allá de todo humanismo, de todo antropocentrismo.

*Pensar desde el genouma, desde la sustancia genética. Como sustancia genética. Desde el ser único. Como el ser único.

Cambia el sujeto. Ya no habla o actúa únicamente el ser meramente simbólico (el ‘yo’ cultural’ –el hombre, el fenotipo, la criatura…), sino el ser biosimbólico, el genoma instruido –el ‘genouma’. El ser creador consciente de sí. Xenus/Nexus.

Habla la vida. Desde la vida. En nombre de la vida.

Una espiritualidad desde el ser único. Una cultura para el ser único. Más allá del hombre, en verdad.

Todo por hacer.

*

Saludos,

Manu

http://larespuestadeeuropa.blogspot.com.es/2016/10/140-en-un-principio.html

28 oct 2016

139) La cuestión identitaria y el sistema (III)

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LUNES, 4 DE JULIO DE 2016

139) La cuestión identitaria y el sistema (III)

La cuestión identitaria y el ‘sistema’ (III).

 

Manu Rodríguez. Desde Europa (04/07/16).

 

*

 

*Comenzaré con unas palabras de Heidegger: “…Y el mundo espiritual de un pueblo no es la superestructura de una cultura, así como tampoco el arsenal de conocimientos y valores utilizables, sino que es el poder que más profundamente conserva las fuerzas de la tierra y de la sangre y que, en tanto tal poder, excita más íntimamente y conmueve más ampliamente su existencia.” (Heidegger, Autoafirmación de la Universidad alemana, 1933)

*Es penosa la situación de los indígenas americanos. Los ‘europeos’ han vuelto a desviarlos de su camino atrayéndolos, esta vez, hacia el marxismo. Primero el cristianismo, posteriormente, los ideales de la Rev. Francesa y de la Ilustración, y ahora el marxismo (el comunismo). No nos olvidemos del retorno del cristianismo con la ‘teología de la liberación’ de los años 60’ y 70’ del siglo pasado.

Cada una de estas ideologías los aparta de su condición étnica, de su identidad ancestral. Se trata de ideologías universalistas transétnicas, transculturales… Cada una de ellas les pide, les exige, la renuncia a su ser étnico y lingüístico-cultural.

En 2011 se publicó en Bolivia la obra de Slavoj Zizek, “¡Bienvenidos a tiempos interesantes!” La edición estuvo a cargo de la Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia, que preside Álvaro García Linera, intelectual afín a los nuevos marxistas como E. Laclau, A. Negri, o S. Zizek. El texto no tiene desperdicios por lo que nos enseña acerca de las estrategias disolutivas, desintegradoras, de las ideologías judeo-mesiánicas (políticas, económicas, o religiosas); de sus discursos, de sus argumentos, de sus ‘razones’. Citaré algunos fragmentos.

Primero veamos algunas palabras del texto del propio S. Zizek. En la presentación: “…En nuestra historia, ‘tiempos interesantes’ son, de hecho, tiempos de ‘inestabilidad, guerra y lucha por el poder’ que dejan millones de víctimas inocentes sufriendo las consecuencias. … Una posición radical-emancipatoria auténtica no retrocede frente a semejantes situaciones de peligro: conscientes de los horrores que éstas suponen, se atreve a usarlas como oportunidades para el cambio social… Los seis ensayos de este libro trata de contribuir a ese espíritu radical-emancipatorio que alguna vez fue llamado comunismo…”   En página 19 del texto: …“Más que nunca la respuesta a cada crisis (del capital internacional) ha de ser más internacionalista y universalista que la universalidad del capital global. La idea de resistir al capital global en nombre de la defensa de identidades étnicas particulares es más suicida que nunca…”  En páginas 25-26: “…hoy, más que nunca, uno debería tener en mente que el comunismo comienza con el ‘uso público de la razón’… con la universalidad igualitaria del pensamiento. Cuando San Pablo dice que, desde el punto de vista cristiano, ‘no hay ni mujeres ni hombres, ni judíos ni griegos’, afirma con  ello que las raíces ‘étnicas’, la identidad nacional, etc., no son una categoría de verdad, o, para ponerlo en términos kantianos precisos, cuando reflexionamos sobre nuestras raíces étnicas practicamos un uso privado de la razón, un uso limitado por presuposiciones dogmáticas contingentes, i.e., actuamos como individuos ‘inmaduros’, no como seres humanos libres que habitan la universalidad de la razón…”

Adviértase la consideración de la reflexión sobre nuestras raíces étnicas como ‘presuposiciones dogmáticas contingentes’ –la  etnia como un aspecto contingente de nuestra existencia. Nada hay menos contingente en nuestra existencia que nuestra condición étnica, uno pertenece a la raza caucásica, o a la masai, o a la quechua, o a la aimara –y digo bien, se ‘pertenece’, ‘pertenecemos’; somos ‘pertenencia’. Nuestro sexo, nuestra raza, y nuestro entorno lingüístico-cultural son las determinaciones necesarias que marcan nuestro ser. La pertenencia a un sexo, a un grupo étnico, y a una cultura nos ‘marcan’ desde que nacemos. La reflexión limitada por ‘presuposiciones dogmaticas contingentes’ es la que se efectúa desde determinadas ideologías o creencias, sean éstas religiosas, políticas, o filosóficas. Estas ideologías o ‘weltanschaung’ son, en todo momento y en todo lugar, eventuales, circunstanciales, temporales… relativas, contingentes. Por lo demás, la conciencia étnica o identitaria no es una conciencia privada, sino colectiva, responde al colectivo étnico al que pertenecemos, es la voz del pueblo al que pertenecemos.

Los pueblos ancestrales no tienen ideología o visión del mundo, tienen cultura. Y la cultura de un pueblo en su religión (aquello que les religa y les hace uno). Y el ‘mundo espiritual’ de un pueblo… (recordemos las palabras iniciales de Heidegger).

Obsérvese igualmente la prédica de lo ‘igualitario’ en su sentido transétnico, transcultural… ‘universal’, en lo que vienen a coincidir cristianos, marxistas, y demócratas liberales. Con todo, se aspira a una universalidad aún más grande y poderosa (‘más internacionalista y universalista’) que la del ‘capital global’ –un ‘globo’ más grande, vale decir, más perfecto, más acabado, más eficaz… mejor. La ‘comunista’ es la ‘otra’ globalización.

Adviértase, finalmente, la apelación a las ‘autoridades’, ya teológicas, ya políticas, ya filosóficas. No encontramos más que sofismas en cada frase, en cada argumento, en cada razón… por todos lados.

El objetivo es acallar la voz del propio pueblo, apartar a los indígenas (de cualquier latitud) de su propio camino, de su ser ancestral.

Desde el punto de vista étnico (el del propio pueblo, el del propio interés) no podemos ver estas prédicas a nosotros dirigidas más que como una ofensa, aún más, como un ataque directo a nuestro ser biosimbólico con ánimo de destruirlo; de destruir nuestras ancestrales señas de identidad. Es el truco del ‘cuco’. Pretenden desalojar el ‘huevo’ propio para que incubemos ‘huevos’ ajenos.

La obra es una maldita carta pastoral; una obra de apostolado entre los ‘gentiles’. Una suerte de “carta a las comunidades indígenas americanas”. Es una muestra más de la aculturación y la enculturación que padecen constantemente los pueblos indígenas americanos. El paso que se les incita a dar, el que les conduce al olvido del ser propio… una vez más. (También nosotros, los pueblos europeos, o de origen europeo, padecemos este permanente acoso; también a nosotros, como gentiles, se nos desvía constantemente de nuestro camino).

Terminaré estas citas del texto de Zizek con su defensa de la violencia y el terror ‘revolucionario’, muy habitual en los nuevos marxistas o la nueva izquierda. En páginas 22-24: “…Cercanamente relacionada a esta desfechitización de la democracia (véase más abajo las citas del prólogo) está la desfechitización de su contraparte negativa, la violencia. Badiou propuso recientemente la fórmula de una ‘violencia defensiva’… …no se puede separar la violencia de la existencia misma del Estado (como aparato de dominación de clase): desde el punto de vista de los subordinados y oprimidos, la existencia misma del Estado es un hecho de violencia (en el mismo sentido en que, por ejemplo, Robespierre dijo, en su defensa del regicidio, que no se tiene que probar que el rey haya cometido ningún crimen específico, ya que la mera existencia del rey es un crimen, una ofensa para la libertad del pueblo). En este sentido, estricto, toda violencia del oprimido contra la clase dominante y su Estado es en última instancia ‘defensiva’… …Para los oprimidos, la violencia es siempre legítima (ya que su mismo estatus es el resultado de la violencia a la que están expuestos) pero nunca necesaria (es siempre una cuestión de consideraciones estratégicas el usar o no la violencia contra el enemigo). … En breve: el tema de la violencia debe ser desmitificado. El problema del comunismo del siglo XX no era que recurriera a la violencia per se (la toma violenta del poder estatal, el terror para mantener el poder), sino un modo general de funcionamiento que hizo esta recurrencia  a la violencia inevitable y legítima (el Partido como instrumento de la necesidad histórica, etc.)…”

Zizek ha hecho específicas defensas del terror rojo en textos sobre Robespierre (el divino terror), Lenin (‘Repetir Lenin’…), y Trotky (prólogo a ‘Terrorismo y Comunismo’), si bien el tema es tratado elogiosamente aquí y allá en sus obras (y en la de otros post-marxistas). Véase la impunidad con la que los comunistas predican y defienden la práctica de la violencia y el terror en el ejercicio del poder. Yo reto a cualquiera que lea estas líneas a que encuentre tal apología de la violencia y del terror en los textos de Hitler, Goebbels, von Ribbentrop, o Rosemberg. Y sin embargo, son los textos de los nacionalsocialistas los prohibidos. ¿Por qué? Los textos de Marx y Engels, los de Lenin, los de Trotsky… los de Mao… circulan abiertamente, se reeditan sin ningún problema. Los teóricos y estadistas del régimen más criminal que han conocido los pueblos de la tierra.

Resulta instructivo que Zizek no cite a ninguno de los defensores anarquistas y anarco-sindicalistas de la violencia (Proudhon, Bakunin, Sorel…).

(Una primera elaboración de “¡Bienvenidos a tiempos interesantes!” apareció por primera vez como epílogo en la obra “Viviendo en el final de los tiempos” (2010). Las citas sobre la violencia y el terror pertenecen a uno de los parágrafos del epílogo que lleva por título “¿Por qué la verdad es violenta?”.  Parte de este mismo parágrafo se publicó en la revista Jacobin Magazine (estadounidense) con el título “The Jacobin Spirit. On violence and democracy.”)

En Zizek (y otros) tenemos ya al cristianismo, a la ‘ilustración’ y los ideales de la revolución francesa, y al marxismo, del mismo lado de las barricadas… Los múltiples rostros del universalismo judeo-mesiánico. El coro de voces tramposas, aquellas que conducen a la muerte y al olvido. Un tenebroso monstruo policéfalo, este ‘sistema’.

Estos autores, estos nuevos marxistas, están del mismo lado que los inquisidores, con su mezcla de piedad y de terror. ¿Qué no harían si pudieran; qué no volverían a hacer?

Ahora veamos algunas palabras del prólogo, firmado por Josefa Salmón: …“En preparación de su llegada (marzo 2011) se han formado grupos para discutir su obra, grupos apoyados y estimulados por la Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia… estos grupos de lectura se han aproximado a las ideas de Zizek entrando en lo que éste llama el ‘uso público de la razón’. Este uso permite alejarse de nuestro ser particular, étnico, es decir, de lo que él llama el ‘uso privado de la razón’…”…  “¡Bienvenidos a tiempos interesantes! Nos reta a tomar una posición ‘radical-emancipatoria auténtica’… La crítica más fuerte de ¡Bienvenidos…! es sin duda al capitalismo… …el mayor peligro, según Zizek, que cita a A. Badiou, es la ‘ilusión democrática’, es decir, ‘la aceptación de los mecanismos democráticos como marco final y definitivo de todo cambio’, lo cual evita el cambio radical de las relaciones capitalistas. Por eso, en el último y bello capítulo de este libro, Zizek, a través de un cuento de Kafka, ‘Josefina la cantora, o el pueblo de los cantores’, propone lo que serían sus ‘Notas para una definición de la cultura comunista’ (título del sexto y último capítulo). Según Zizek (citando ahora a Frederic Jameson), se podría leer este cuento como la propuesta de Kafka de una utopía socio-política, de su ‘visión de una sociedad comunista radicalmente igualitaria’… …la lectura de esta última sección nos deja con la ilusión de la posibilidad de la existencia de tal sociedad comunista… donde exista más igualdad… Para lograr esta equidad hay que ser guiados por lo que Zizek llama el ‘frío pensamiento racional’.”

He aquí una conversa. He aquí el sacrificio del ser étnico y cultural en el nombre del dios ‘razón’ y del ‘comunismo’. De nuevo “abandónate a ti mismo, abandona aquello que te hace ser lo que eres… y sígueme.” Así se prosigue la colonización y la desposesión de los pueblos indígenas americanos (y de los pueblos del planeta).

Son ya incontables los pueblos víctimas de estos ominosos predicadores, la multitud de pueblos engañados, manipulados, desposeídos, sacrificados… extinguidos. La obra de los misioneros y propagandistas cristianos, musulmanes… demócratas, comunistas…

Hay palabras en Alan Woods (prólogo de ‘los escritos sobre el fascismo’, de Trotsky –2004) que tienen que ver con esto que digo: “Combatiremos a la reacción en todas sus formas, movilizando el poder del movimiento obrero para oponerse a los fascistas allá donde levanten la cabeza. Combatiremos el racismo y lucharemos para unir a la clase obrera, eliminando todas las distinciones raciales, lingüísticas, religiosas o nacionales.”

He aquí la razón de la sinrazón; la lógica de la necedad, de la locura, y de la muerte –el demencial ‘racionalismo’ implícito en demo-liberales y comunistas.

Es, no lo olvidemos, el futuro deseado por el ‘sistema’. Una sola masa humana, una sola lengua, una sola ideología. Acabar con las ‘diferencias’, con las ‘distinciones’ (aquello que nos distingue a unos de otros)… homologar (étnica y culturalmente). Ésta es la meta tanto del ‘capitalismo’, como del ‘comunismo’.

*Las palabras citadas de la obra de Zizek denotan bien a las claras la intención destructora de la conciencia étnica de los pueblos indígenas americanos y su conversión ideológica al marxismo (comunismo) –en esta ocasión. Las palabras de la prologuista nos muestran el éxito de estos apóstoles de la proletarización de los pueblos (de los ‘gentiles’; de los ‘otros’) en su predicación. No olvidemos que P. Iglesias e I. Errejón (miembros de ‘Podemos’) anduvieron también por tierras bolivianas como consejeros de Evo Morales, y que la tesis doctoral de I. Errejón versa sobre ‘la lucha por la hegemonía en el primer gobierno de MAS’ (Movimiento al socialismo, de Evo Morales). Como virus se difunden; como el cuco, a costa del anfitrión. Es una pandemia ideológica, cultural, simbólica. Y es una patología social.

Hay que decir que, en numerosos casos, hemos sido los europeos, los más útiles entre los tontos útiles, los vectores de estas pandemias sociales. Los primeros infectados, los inconscientes difusores de los simbolemas y culturemas más letales para los pueblos (cristianismo, ‘racionalismo’, comunismo…).

En todo momento se trataba de etnocentrismo y supremacismo, ciertamente, pero no de etnocentrismo o supremacismo ‘blanco’, o europeo, como a primera vista pudiera parecer. Entiéndase esto. Averígüese de dónde salen estas ‘ideas’ universales; quién pone en circulación estas nocivas ideologías; qué pueblo o grupo étnico es el responsable último… Cui bono?

Los pueblos europeos. Los últimos llegados, los más jóvenes entre los subtipos humanos… Ingenuos, inmaduros… No hemos sabido preservar ni salvaguardar nuestro ser, que es la ley fundamental que garantiza el futuro de los pueblos. Descuidamos el ser propio –como cosa sin valor. Como adolescentes nos comportamos. ¿Cuándo maduraremos?

*Los Estados latinoamericanos se han convertido en un laboratorio político para los intelectuales del ‘sistema’ europeos o estadounidenses (la nueva izquierda). Es la colonización que no cesa. Colonización intelectual, cultural, política, económica…

Dicho sea de paso, la función de los intelectuales marxistas o neo-marxistas, de los intelectuales ‘orgánicos’, en términos gramscianos, es la de crear en las poblaciones la atmósfera cultural apropiada para que el ‘comunismo’ caiga como fruta madura. Algo similar a lo que ocurrió con los intelectuales que propiciaron la Revolución francesa –la  población acabó demandando los cambios (económicos, políticos… ideológicos…) que requería la burguesía incipiente para acceder al poder. Todos sabemos, o deberíamos saber, que la ‘cosa’ terminó, simplemente, con un cambio de ‘Amo’. ¿Quién es el grupo emergente que, en esta ocasión, quiere el poder; quiere ser el ‘Amo’? ¿Quién el que arrastra y manipula a las multitudes de esta manera? Las consignas ideológicas que difunden los neo-marxistas (transnacionales, transétnicas…) coinciden absolutamente con los requerimientos del ‘sistema’ –del capitalismo internacional (de la ideología demo-liberal). Son los fundamentos sociales y culturales, el clima social y cultural que ambas ideologías buscan –el desarraigo (biosimbólico) universal. Hay razones para incluir a ambas corrientes en el ‘sistema’, como las dos caras de una misma moneda. Son fuerzas complementarias del ‘sistema’. Unos explotan la fuerza de trabajo de la masa desarraigada, del proletariado apátrida, los otros explotan sus penalidades y miserias. En definitiva, no nos dejan otras posibilidades que ‘Matrix’ (el caos que vivimos), y la utopía –la ‘Nueva Sión’ (que es el mismo horror, pero sublimado).

Véanse los elogios a la burguesía capitalista en el mismo “Manifiesto comunista” de Marx y Engels; como una fuerza destructora de pueblos, de tradiciones ancestrales, homogeneizadora, ‘revolucionaria’. Todo lo que ligaba a las comunidades al pasado, a su pasado, estaba siendo aniquilado por el modo de producción capitalista. Y eso era bueno para el ‘comunismo’. La civilización eminentemente urbana que crea el capitalismo (la emigración del campo a la ciudad): el desarraigo universal –el surgimiento del proletariado apátrida; las masas salariales desarraigadas, sin pasado. La misma burguesía empujaba a las masas trabajadoras en manos de los comunistas; las convertía en presas fáciles, débiles (espiritualmente), vulnerables. Sin duda que son fuerzas solidarias –mutuamente auxiliares. Entre ambas se reparten el botín.

La labor que los intelectuales demo-liberales y neo-marxistas realizan habitualmente en Europa y los países blancos en general, labor disuasoria, desalentadora con respecto al ser biosimbólico ancestral, se realiza ya a nivel planetario. He aquí las verdaderas ideologías etnocidas, aquellos que quieren acabar con las etnias tradicionales sea en la teoría, sea en la práctica (mediante la mezcla y disolución de pueblos y culturas). Está claro que nos quieren jorobar a todos.

Estos son los enemigos de los pueblos, los enemigos con los que tenemos que lidiar los pueblos ancestrales –los pueblos indígenas del planeta. La fuerza de sus palabras, de sus discursos; de sus trampas, de sus redes. La fuerza de la ‘araña universal’.

Los caminos errados, las trampas al ‘ser’ nuestro para desviarnos de nuestro camino, para que nos olvidemos de nosotros mismos, de nuestro ‘ser’ milenario.

*Actualmente la fusión de cristianismo, psicoanálisis, y marxismo se ha convertido en una poderosa triaca. La ‘araña universal’ tiende sus hilos, fusiona sus diferencias. Se habla de freudo-marxismo y de marxismo lacaniano, y en los últimos años se tiene al apóstol Saulo (el apóstol de los ‘gentiles’) como el creador del ‘universalismo’ (en Badiou…) y modelo a seguir (sus razones, sus argumentos).

La unión de marxismo y psicoanálisis tiene una larga historia, comienza en los años treinta del siglo pasado con E. Fromm, W. Reich… prosigue con Adorno, Marcuse… luego Derrida… Finalmente, con Badiou, Negri, Zizek y otros, la inclusión del cristianismo (su universalismo) es ya definitiva. Tres ideologías judías.  Se trata del ‘mesianismo’ judío, en cualquier caso.

*Estos neo-marxistas, estos intelectuales ‘orgánicos’, quieren cumplir en nuestras sociedades ‘capitalistas’ multiétnicas y multiculturales (en Occidente) el papel que el judeo-mesianismo cumplió en la Roma cosmopolita (multiétnica, multicultural…), o incluso en la Grecia helenística, igualmente cosmopolita (consúltese el judeo-mesianismo de Filón de Alejandría dos siglos antes de la aparición del cristianismo) –se trata del mismo papel desintegrador.

Frente al universalismo ‘politeísta’ del ‘imperio’, o del mundo helenístico, el universalismo ‘monoteísta’ del judeo-mesianismo.

Las raíces ideológicas de los modernos universalismos (la ‘ilustración’, la revolución francesa, el marxismo o comunismo, la democracia…) son básicamente judías y cristianas, aunque contienen también aspectos universalistas que provienen de corrientes filosóficas griegas y romanas (de sus períodos de decadencia) como el estoicismo y el epicureísmo.

El olvido del ser propio que se produce en las culturas griega y romana en sus períodos de decadencia. Las ideologías universales son productos típicos de los imperios multiculturales y multiétnicos. Se produce una proliferación de credos (filosóficos, religiosos o políticos) que transcienden la propia étnica o la propia cultura; que tratan de resolver el caos ‘cosmopolita’ proporcionando ‘salidas’. Es un (mal) síntoma del malestar que produce la sociedad multiétnica y multicultural (Matrix o Nueva Sión); del caos, del desorden… del desarraigo universal.

*El ‘sistema’ no se limita a criminalizar, condenar, perseguir, prohibir… el nacionalismo étnico (el nazismo) mediante legislaciones ad hoc. También se le insulta, se le ridiculiza, o se le ‘exorciza’ con términos o conceptos que proceden del discurso psicoanalítico (Freud y Lacan), o del marxista. El identitarismo, el indigenismo,  o el nacionalismo étnico es ya una ‘evidente’ patología (narcisismo, neurosis, psicosis, perversión…), o una simple manifestación del ‘capitalismo’ (lo cual es una verdadera incongruencia).

Estos modernos conjuros, hechizos, o anatemas, con los que se pretenden paralizar y enmudecer a los identitarios, tuvieron su comienzo ya en los años 30 del siglo pasado. Desde la filosofía, desde el psicoanálisis, desde la economía política, desde el derecho, desde la sociología… no se escatimaron esfuerzos para destruir conceptualmente el identitarismo o nacionalismo étnico. Léase a L. Trotsky, W. Reich, a Adorno, a Marcuse, a Lukács, a Arendt, a Derrida… o, más recientemente, a A. Badiou, a S. Zizek… Cientos, miles… Las huestes del ‘sistema’. Las más ‘ilustres’ plumas, las más efectivas, las más poderosas, las más belicosas y destructivas…

La intención de estas cultas ‘maldiciones’ es minar la confianza que en sí mismos pudieran tener aquellos que albergan ideas y sentimientos identitarios, hacerles sentir ‘mal’, introducir el malestar… Son armas psicológicas paralizantes…

Contra el identitarismo étnico y cultural. La guerra psicológica, de propaganda (en los mass media). Desde finales de la IIGM. Guerra psicológica, ideológica, moral… cultural en amplio sentido. No les basta con la condena jurídica; con la legal prohibición y persecución. La guerra contra el nacionalismo étnico de origen europeo (el nazismo), no ha terminado. El objetivo final es nuestra extinción (étnica y cultural).

Responder como se debe a este insulto, a este agravio, a este atropello. Aplastar las cabezas de este multiforme monstruo que es el ‘sistema’.  Expulsar de nuestras tierras y de nuestros cielos a esta miserable canalla. Limpiar, clarificar; despejar estas tierras sagradas nuestras, y nuestros sagrados cielos.

Como una tromba purificadora entraremos en la historia. La revuelta de los indígenas, de los nativos europeos. Aún más, la revolución de los pueblos ancestrales, que corren el peligro de desaparecer. La revolución cultural de los pueblos indígenas; las luchas culturales de liberación. Contra las ideologías universales (sean religiosas, políticas, o económicas), contra el ‘sistema; contra la ‘araña universal’. La revolución mundial de los pueblos de la tierra.

Esto es lo que (nos) queda. Ésta labor; ésta lucha, éste combate. Si queremos seguir siendo; si, como etnia y como cultura, queremos tener un futuro.

Voluntad de futuro. No demos esta guerra por perdida. Nos jugamos el ser.

*Abrí este trabajo con palabras de Heidegger, y con palabras de Heidegger lo cerraré. Se trata de dos pequeños discursos dados el 10 y el 11 de Noviembre de 1933 con ocasión de referéndum convocado por Hitler. Los términos del referéndum tenían que ver con la salida de Alemania de la ‘Sociedad de Naciones’ propuesta por Hitler y su Gobierno. Y el pueblo voto masivamente el ‘sí’ a la salida.

La ‘Sociedad de Naciones’ fue la primera organización supranacional de los tiempos modernos. Las organizaciones supranacionales (económicas, políticas, jurídicas, militares…) que hoy gobiernan el planeta son una constante amenaza para la independencia y la soberanía de los Estados. Hoy como ayer. Son instrumentos de poder en manos de las grandes potencias. Multitud de naciones ha tiempo que han perdido autonomía, independencia, libertad, soberanía…

Las organizaciones supranacionales, tanto las continentales (UE) como las internacionales (ONU, OTAN, FMI, TPI (ICP)…), tienen que desaparecer. Por el bien de los pueblos ancestrales.

Heidegger expone con claridad que sólo fuera de la ‘Sociedad de Naciones’ (tal y como estaba constituida, y por su misma finalidad –como instrumento de alienación y de dominio de las potencias hegemónicas del momento) era posible para un pueblo alcanzar la plenitud de su existencia (la propia responsabilidad sobre sí –el hacerse cargo de sí), y postula, además, otra Comunidad, pero no de ‘Estados’, sino de pueblos conscientes de sí.

Veamos ahora algunos fragmentos de estos dos inspirados discursos, esenciales, a mi manera de ver, para la causa identitaria o étnica de todos los pueblos. Se podría decir que son palabras dirigidas a todos los pueblos (étnicos, originarios, singulares):

Llamada a los alemanes. Viernes 10 de Noviembre de 1933. Publicado en el ‘Periódico de los Estudiantes de Friburgo’.

¡Alemanes, alemanas!

El pueblo alemán ha sido llamado por el Führer para votar… …le ofrece la posibilidad directa de la decisión más sublime y libre de todas: si el pueblo entero quiere o no su propia existencia.

La singularidad de este voto proviene de la simple grandeza de la decisión que se trata de tomar… Esta decisión última lleva lejos, consiste en la demanda más básica de la existencia, que es la de preservar y salvaguardar su propio ser. Por ahí se erige una barrera entre lo que puede ser exigido al pueblo y lo que no. En el nombre de esta ley fundamental del honor, el pueblo salvaguarda la dignidad (Würde) y la determinación de su ser (Wesens).

No es la ambición, la pasión de la gloria, la voluntad ciega por querer singularizarse… no es el apetito de poder lo que ha incitado al Führer a salir de la “Sociedad de las Naciones”…

Eso no significa darle la espalda a la comunidad de los pueblos. Al contrario, nuestro pueblo, a través de este paso, se coloca bajo la autoridad de esta ley esencial  (Wesengesetz) para toda existencia humana, a la cual todo pueblo debe primero obediencia si quiere seguir siendo un pueblo

Querer una verdadera comunidad de los pueblos (Völkergemeinschaft), es algo que se distingue tanto de una vaga fraternización universal que no compromete a nada, como de una ciega dominación tiránica…

Nuestra voluntad de ser étnicamente responsables de nosotros mismos quiere que cada pueblo encuentre y salvaguarde la grandeza y la verdad de su destino. Esta voluntad es la garantía suprema de la seguridad de los pueblos…

El 12 de noviembre, el pueblo alemán entero va a escoger su futuro… …Hay una única voluntad, la que quiere la existencia plena y total del Estado…

¡Nadie puede abstenerse el día en el que se debe declarar esta voluntad!

***

Discurso pronunciado en Leipzig. Sábado 11 de noviembre 1933.

¡Profesores alemanes y camaradas!

¡Connacionales étnicos alemanes y alemanas!

…El pueblo va a elegir mañana nada menos que su porvenir.

…Esta decisión (Entscheidung) definitiva va muy lejos, hasta el punto de poner a nuestro pueblo en el límite (Grenze) mismo de su propia existencia. ¿Y en qué consiste este límite? Consiste en la exigencia primera de todo ser (Seins), la de guardar y proteger su propia esencia (sein eigenes Wesen). Por eso mismo se erige un límite ente lo que puede ser requerido de un pueblo y lo que no. En el nombre de esta ley esencial (Wesengesetz) del honor, el pueblo salvaguarda la dignidad y la determinación de su ser. La voluntad de responsabilizase, sin embargo, no es solamente la ley básica  o fundamental (Grundsgesetz) de la existencia de nuestro pueblo; es, a la vez, elacontecimiento fundamental en el cual toma toda su realidad el Estado nacionalsocialista…

…¿Qué ocurre, entonces, con tal querer (voluntad)?… ¿Conllevará eso desencadenar la ausencia de leyes? ¡No! Es profesar lúcidamente la inviolable independencia de todo pueblo. ¿Es renegar del espíritu de creación de un pueblo de tradición espiritual y hacer pedazos su herencia histórica? ¡No! Es el despertar de una juventud que ha sido purificada y reencuentra ahora las raíces de donde ella va a sacar su crecimiento…

¿De qué tipo de acontecimiento se trata entonces? El pueblo recupera la verdad de su voluntad de existir (Daseinwillens); porque “verdad” no es otra cosa que la plena manifestación (Offenbankeit) de lo que hace a un pueblo seguro, claro y fuerte en su acción y su saber…

Nosotros nos hemos liberado de la idolatría de un pensamiento sin arraigo y débil (Boden-und machtlosen  Denkens). Nosotros vemos el final de la filosofía que se puso a su servicio… …El valor original en el debate con el ser… …el valor de preguntar (der fragende Mut) es experimentar los abismos de la existencia (Abgründe des Daseins), y no ceder ante el vértigo, este valor ya es en sí una respuesta más elevada que cualquiera de las réplicas baratas que producen los sistemas de pensamiento (Gedankensysteme)  artificialmente construidos.

Y así nosotros (docentes), a quienes debe ser confiada en el futuro la protección de la voluntad de saber de nuestro pueblo, declaramos: la revolución nacionalsocialista no es simplemente la asunción del poder por un partido ya existente en el Estado, partido que habría crecido para este fin. Al contrario, esta revolución es la causa de la total transformación de nuestra existencia como Alemanes. En lo sucesivo todo asunto exige decisión, y todo acto responsabilidad. Nosotros sabemos que si la voluntad de ser responsables de sí llega a ser la ley (Gesetz) que gobierna la coexistencia de los pueblos, cada pueblo podrá y deberá necesariamente ser capaz de enseñar a todos los demás la riqueza y la fuerza de las grandes acciones y trabajos del ser humano.

La elección que el pueblo alemán tiene ahora que hacer, ya por el solo hecho de ser un acontecimiento –y por completo independiente del resultado– es lo que ya atestigua más fuertemente la nueva realidad alemana del Estado nacionalsocialista.

*

Hasta la próxima,

Manu

COMENTARIO:

 

“Para lograr esta equidad hay que ser guiados por lo que Zizek llama el ‘frío pensamiento racional’.”

Tiene gracia que los que mas hacen uso o mas bien abuso de la racionalidad o la ciencia ellos mismos sean los mas irracionales con su chiflada igualdad, una igualdad que nunca existio y nunca existira a no ser que sea la igualdad por lo bajo o la igualdad de la tumba que seran la unicas que nos ofrezcan.

Tiene un texto muy interesante sobre estos locos racionales, se trata de una conferencia dado por el Profesor Revilo P. Oliver

http://nationalvanguard.org/2015/12/can-liberals-be-educated-2/

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FUENTE:

http://larespuestadeeuropa.blogspot.com.es/2016/07/139-la-cuestion-identitaria-y-el.html#comment-form

138) La cuestión identitaria y el ‘sistema’ (II)

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DOMINGO, 8 DE MAYO DE 2016

138) La cuestión identitaria y el ‘sistema’ (II)

La cuestión identitaria y el ‘sistema’ (II).

Manu Rodríguez. Desde Europa (07/05/16).

*

*Las ideologías universales que se produjeron en Grecia y Roma –el estoicismo, el epicureísmo…– respondían a entornos sociales alejados de la propia etnia y la propia cultura, eran transétnicas y transculturales. No tenían en cuenta a los connacionales, iban dirigidos a ‘todos los hombres’… Eran ideologías apropiadas para el ambiente cosmopolita de las sociedades alejandrina y romana.

Cuando en los siglos XVII y XVIII se intentó superar (o complementar) la visión cristiana acerca del hombre se recurrió de nuevo al cosmopolitismo de estoicos y epicúreos. Filósofos, historiadores y juristas (Grocio, Hobbes, Locke, Hume… Diderot, D’Alembert, Rousseau… Kant…) se afanaron en combinar ideologías universales de distinta tradición que confluyeron finalmente en los principios universales de la Revolución Francesa, donde se plantaron las nuevas bases para el derecho (internacional) y la moral (universal) que hoy ‘dominan’.

Con la Revolución francesa volvíamos, pues, a tener un ‘hombre universal’ que se aplicaría a todos los individuos de todas las latitudes, de todas las naciones. Es ese hombre ‘construido’ de nuestras sociedades demo-liberales el que hoy se le impone a todo el mundo; un ‘hombre’ (una ‘naturaleza humana’) que trasciende y que avasalla a las diferentes identidades étnicas y culturales.

No hubo ninguna invención del ‘hombre’ en los comienzos de la modernidad (como pretende Foucault). Se trataba de ‘enriquecer’ las consignas del universalismo cristiano… y se recuperaron las antropologías de los clásicos –de los estoicos, sobre todo: Zenón, Epicteto, Cicerón, Séneca, Marco Aurelio…

No fue un retornó al paganismo, como algunos se atreven a sostener, sino a las filosofías (a las ‘éticas’) del cosmopolitismo alejandrino y romano, propias de las decadentes sociedades multiétnicas y multiculturales. Y esto tal vez explique el éxito de estas ideologías universales en nuestro mundo global contemporáneo.

Tampoco fue una lucha entre la ‘fe’ y la ‘razón’, como se acostumbra a decir. La nueva clase emergente –la burguesía, el ‘capital’– necesitaba legitimarse jurídicamente, filosóficamente; necesitaba un nuevo Estado, privar del poder a los antiguos estamentos (nobleza y jerarquía eclesiástica). La violencia y crueldad de la Revolución francesa (una ‘farsa sangrienta’, en palabras de Nietzsche) puso fin a aquella querella y les dio definitivamente el poder.

Podríamos decir, pues, que los fundamentos ideológicos de nuestras modernas sociedades (democráticas y liberales) y su carácter ‘universal’ se encuentra en el judaísmo y en el cristianismo, sí, pero también en las tradiciones filosóficas de estoicos y epicúreos.

Una vez acabado con los poderes antiguos (el Antiguo Régimen) a la ambición de poder absoluto de la nueva clase emergente les quedaba otro obstáculo. El éxito completo de la nueva ‘mentalidad’ requería la homogeneización de las poblaciones, la eliminación de las diferencias. Ahora eran los pueblos, las diferentes tradiciones e identidades étnicas y culturales las que les estorbaban. Y había que acabar con ellas. Aquí comenzó la guerra de los ‘ilustrados’ y ‘progresistas’ contra los pueblos de Europa (y del mundo), cuyo último episodio clave fue la IIGM y la derrota del nacionalismo étnico alemán.

No hay, pues, ninguna diferencia entre el Antiguo Régimen y el nuevo. En el antiguo Régimen se le hacía la guerra a los pueblos ‘paganos’  en nombre del cristianismo, en el Nuevo Régimen se le hacía (y se le hace) la guerra a los pueblos y naciones o Estados en el nombre de la civilización, del progreso, de la democracia, o de los derechos humanos.

De nada sirvieron, en su momento, las observaciones de críticos de la Ilustración como Burke, Hamann, Herder, o las posteriores de Fichte, y otros, acerca de las diferencias inconmensurables, de las identidades y particularidades étnicas y lingüístico-culturales, acerca de la ausencia de aquel hombre universal.

Fueron, tal vez, los pre-románticos y los románticos alemanes los primeros escritores nacionalistas y anti-globalistas (anti-universalistas) en Europa. Herder, Novalis, Hörderlin, los hermanos Schlegel, Schelling, Fichte, G. de Humboldt, los hermanos Grimm… se opusieron radicalmente al proyecto transnacional de los ilustrados  y de la posterior Revolución Francesa y pusieron el énfasis en las diferentes peculiaridades e identidades lingüísticas y culturales de los pueblos. Podemos considerarlos como los padres de los nacionalismos post-ilustrados. Es, de todos modos, el origen del nacionalismo alemán, aunque también tuvo eco en pensadores italianos (Alemania e Italia no llegaron a convertirse en Estados-nación hasta la segunda mitad del siglo XIX (Alemania en 1871 e Italia en 1861), hasta entonces estuvieron divididos en pequeños reinos y condados sólo unidos por la lengua y la cultura). Fue también en este período romántico cuando se realizan los primeros estudios sobre las lenguas indoeuropeas o aryas, se comienza el estudio de las tradiciones populares (el folklore), surgen términos como ‘volksgeist’ (genio o espíritu del pueblo o etnia), ‘volkstum’ (etnicidad)…

Dicho sea de paso, estos nacionalistas románticos, en ocasiones injustamente olvidados y que están en los orígenes de la conciencia étnica y cultural de nuestros pueblos, deberían ser recuperados por todos los identitarios europeos contemporáneos. Un nacionalismo romántico y culto, que tenga en cuenta a los modernos Padres, de esto se trata. Su impulso alcanza a nuestros días en los estudios sobre las lenguas y culturas indoeuropeas (Dumézil y otros), en la filosofía (Heidegger), en el derecho (Schmitt)… Son alrededor de doscientos años de historia, de pensamiento, de reflexión acerca de nuestros orígenes, acerca de nuestros ser.

Las críticas que aquellos proto-nacionalistas le hacían al nuevo orden, al nuevo régimen, eran las mismas que tenían que haberle sido aplicadas al viejo orden (al Antiguo Régimen, el orden cristiano). El nuevo despotismo (y globalismo) ‘ilustrado’ no era muy diferente del antiguo despotismo cristiano –igualmente alienante de la diferencia, de la etnicidad, de la peculiaridad.

Hay una deriva espiritual que padecemos –los pueblos europeos– desde antes incluso de la cristianización y la pérdida de nuestras tradiciones autóctonas, desde el período alejandrino y la romanización. Los imperios multiculturales griego y romano fueron el caldo de cultivo de las ideologías universales (transétnicas y transculturales) de estoicos y epicúreos y la antesala de la posterior cristianización de nuestros pueblos. Estas ideologías se han convertido hoy, junto con el demo-liberalismo y el marxismo, en los fundamentos (jurídicos, políticos, filosóficos, morales…) del Nuevo Orden.

Se produce un curioso paralelismo entre la difusión del cristianismo y la difusión de los ideales de la Revolución francesa. Así como cuando la cristianización a los resistentes, a los rebeldes, se les denominaba con palabras insultantes, con términos peyorativos –paganos, salvajes…–, así también el Nuevo Orden denominaba (y denomina) a los resistentes con términos como ‘reaccionarios’, ‘conservadores’, ‘tradicionalistas’, ‘irracionalistas’, ‘chauvinistas’, ‘antiguos’, ‘carcas’, ‘fachas’, ‘intolerantes’, ‘xenófobos’…

Los instrumentos de alienación de masas son hoy más sofisticados y poderosos que nunca, sobre todo desde finales de la IIGM. Hoy el ‘sistema’ dispone de los medios de comunicación de masas, del cine, de la literatura, de la prensa especializada (histórica, económica, sociológica, filosófica…), de la educación en nuestras escuelas y universidades… La propaganda de guerra contra el nacionalismo étnico que padecemos por todos lados desde hace decenios –la guerra psicológica (Psychological warfare), o las operaciones psicológicas (Psychological Operations –PsyOps), como hoy se la denomina.

La resistencia nacionalista e identitaria actual está, en definitiva, mal vista, negativamente conceptuada, demonizada –se nos ha convertido en el ‘mal’.

Es obvio que los partidarios de la Ilustración (del despotismo Ilustrado), los demócratas e izquierdistas de ayer y de hoy, a sí mismos se consideran ‘progresistas’, ‘modernos’, ‘vanguardistas’, ‘tolerantes’, amantes de la ‘libertad’… Pero lo cierto es que estos movimientos son verdaderos etnocidas, resultan ser los únicos responsables de la desaparición de innumerables pueblos y culturas en el nombre de sus ideales universales. Esta observación podemos hacerla extensible a todas las ideologías universales (religiosas o políticas): cristianismo, islamismo, budismo, hinduismo, democracia universal, internacionalismo proletario…

La derrota del nacionalismo étnico alemán (de Hitler) supuso la derrota de los nacionalismos europeos. La IIGM fue una guerra civil entre pueblos étnica y culturalmente emparentados. Fue una guerra de ese Nuevo Orden, que se inaugura con la Revolución francesa, contra los pueblos europeos que se resistieron.

Los enemigos con los que tenemos que enfrentarnos hoy los identitarios no son pocos, ni poca cosa: la tradición judeo-mesiánica (el universalismo cristianismo), el nuevo orden global demo-liberal que se abre tras la Revolución francesa, el marxismo internacionalista, la masiva emigración asiática y africana, mayoritariamente  musulmana (el Islam, otra ideología universalista), que inunda nuestras tierras…

Los etno-nacionalistas no somos reaccionarios sino resistentes; somos fuerzas resistentes. Combatimos la globalización anti-nacionalista, los universalismos transnacionales, anti-nacionales, o post-nacionales –sean de origen religioso o de origen político– cuya única finalidad es, justamente, acabar con las diferencias étnicas y culturales. No somos, por consiguiente, xenófobos; nosotros aceptamos, reconocemos, afirmamos, glorificamos la existencia de razas (etnias, pueblos). Los únicos etnocidas son aquellos que niegan en la teoría y en la práctica a las diferentes etnias que pueblan el planeta, aquellos que niegan las diferencias étnicas y culturales y quieren imponer normas y credos universales, los que quieren destruir las fronteras nacionales e identitarias que han hecho posible el frondoso árbol de los pueblos y culturas del mundo, los que quieren destruir tal riqueza biocultural y convertirla en algo del pasado.

En mi opinión, lo que persigue la globalización actual (su carácter demo-liberal) es convertir a los habitantes del planeta en una masa desarraigada, mezclada, mestiza… una masa de siervos sin pasado, sin historia, sin una identidad precisa (ni étnica ni cultural), sin nada en común, sin nada que les una (salvo su nueva condición de proletariado apátrida). Persigue, pues, un nuevo ‘lumpen’, una nueva raza de esclavos.

El ‘sistema’ (el nuevo orden) actual cuenta con la simpatía y la colaboración de todas las ideologías universalistas religiosas y políticas de ayer y de hoy, todas ellas transnacionales, transétnicas, y transculturales. Todas persiguen la misma finalidad. Los diferentes pueblos y culturas, las diferentes sensibilidades, voluntades, y mentalidades, les suponen un obstáculo para sus ambiciones de dominio. Por esto los combaten.

La educación que desde hace decenios se le imparte a nuestros infantes es, por ello mismo, la proclive al desarraigo, y tiende a extirpar o a demonizar la memoria ancestral (étnica y cultural) –todo conato de nacionalismo e identitarismo. Se nos predica en nuestras escuelas, en nuestros medios de manipulación de masas, en nuestras universidades, en nuestras calles… las bondades de las sociedades multiétnicas y multiculturales.

Los milenarios pueblos y sus reivindicaciones étnicas y culturales no son, como dicen, un obstáculo al ‘progreso’ (cualquier cosa que esto pudiera significar), son, sencillamente, un problema para el ‘sistema’, para los nuevos amos.

Así pues, hay que decir que el opresor es el ‘sistema’ (la hegemonía económica, política… cultural en amplio sentido, de determinados grupos), y los oprimidos son los diferentes pueblos (etnias) de la tierra –los pueblos indígenas, que están siendo aniquilados  uno a uno.

*En estos días se cumple el aniversario de la derrota militar del primer y único Estado étnico en Europa, la derrota de la Alemania nazi. No pudo ser. Hoy el nacionalismo étnico europeo está criminalizado incluso. Es el poder del ‘sistema’. La criminalización del nacionalismo étnico está teniendo funestas consecuencias; está acabando fría y lentamente con la ancestral homogeneidad étnica y cultural de nuestros pueblos y naciones. En pocas generaciones ya no seremos. Será el fin de la Europa milenaria.

Las naciones europeas pertenecientes a la execrable Unión Europea (UE) están obligadas a acoger a miles y miles de refugiados y emigrantes. De nada valen las reticencias de los Estados. La última medida coercitiva que se va a tomar al respecto es penalizar a los Estados con doscientas cincuenta mil euros por cada uno de los refugiados que se nieguen a acoger. Estas humillantes medidas deberían bastar para hacer saltar por los aires esta Unión Antieuropea. Esta Europa multiétnica y multicultural que nos están construyendo, a nuestro pesar y contra nuestra voluntad, debe ser combatida, destruida, dejada atrás. Sus supuestos teóricos (jurídicos, políticos, económicos…) van contra los europeos originarios, contra los pueblos indígenas europeos; busca nuestra destrucción.

Deshacer esta monstruosa Babel, esta monstruosa Europa, este híbrido espantoso; acabar con esta pesadilla. Éste ha de ser el primer combate, la primera labor ‘revolucionaria’ de los europeos identitarios (de los indígenas europeos) –la revuelta de los ‘nativos’ europeos. Luchar contra los fundamentos ‘teóricos’ (políticos, económicos, jurídicos, éticos…), contra los partidos políticos, contra las sectas religiosas (cristianos o judías), contra los intelectuales del ‘sistema’ (judíos, cristianos, demócratas, socialistas, comunistas…) Contra la anti-Europa y sus partidarios. Comenzar de nuevo, y cuanto antes, la construcción de una Europa europea. Con ardor, con pasión, con furia… ¿Seremos capaces?

*

Saludos, y hasta la próxima

Manu

FUENTE:

http://larespuestadeeuropa.blogspot.com.es/2016/05/138-la-cuestion-identitaria-y-el.html

 

137) La cuestión identitaria y el ‘sistema’ (I)

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DOMINGO, 10 DE ABRIL DE 2016

137) La cuestión identitaria y el ‘sistema’ (I)

La cuestión identitaria y el ‘sistema’.

Manu Rodríguez. Desde Europa (10/04/16).

*

*La finalidad primordial de los partidos ‘revolucionarios’ (internacionalistas, de ‘izquierda’) y del ‘sistema’ es acabar con las naciones étnicamente homogéneas. Han conseguido que pueblos étnica y culturalmente emparentados estén divididos y enfrentados; asolados por violentas reivindicaciones, por querellas fratricidas. Obsérvese la historia de los pueblos europeos en los últimos doscientos años.

En último término, se trata de desviar a los pueblos de su camino, de destruir a los pueblos ancestrales, a las naciones étnicas. Los métodos son de los más variados, pero todos incluyen ‘programas’ universales (post-nacionales, como ahora se les denomina). Ideologías-programas que sólo pueden prosperar en el estéril asfalto de las ciudades –como decía Goebbels; ideologías propias para las masas urbanas previamente desarraigadas.

Una de las estrategias de estas ideologías consiste en dividir a las poblaciones en clases. Se introducen conceptos como ‘conciencia de clase’ y ‘enemigo de clase’. En esta conceptualización, las clases sociales adquieren categoría de ‘identidad’, dotan de identidad a sus miembros. Aquí se suele confundir el ‘status’ o la clase con la identidad. Pero el status o la clase no confieren identidad. El status económico o la clase social son eminentemente contingentes, circunstanciales. Uno puede dejar de ser trabajador y convertirse en empresario, por ejemplo. No se está sujeto a la clase social de por vida.

Este enfatizar la clase hace perder de vista la identidad étnica y cultural. Y tiene además funestas consecuencias. Las poblaciones étnica y culturalmente homogéneas suelen estar divididas y enfrentadas por cuestiones de status o clase. En la revolución judeo-bolchevique, de carácter proletario u obrero, se eliminaba a los que se consideraba como ‘enemigos de clase’ (propietarios (grandes y pequeños), intelectuales, profesionales liberales…) –fueron millones los caídos en los años del ‘terror rojo’ (antes de la llegada de Stalin al poder) de la mal llamada Revolución proletaria u obrera rusa.

La ‘conciencia de clase’ es la falsa conciencia. Una trampa urdida por los enemigos de los pueblos (de nuestro ser) para desviarnos de nuestro camino. Para ponernos, también, al servicio de sus intereses, para que colaboremos en nuestra propia destrucción. Otras trampas nos hablan de la ‘humanidad’, del ‘hombre’, de los derechos universales, igualmente transétnicos y transculturales.

Las señas de identidad de los individuos no se la proporciona su clase social. Tampoco las ideologías políticas (o religiosas) confieren identidad, lo que confiere identidad es la raza, y la cultura ancestral de los pueblos –uno puede dejar de ser socialista, o comunista, o sindicalista, o demócrata… o cristiano o musulmán… pero no puede dejar de ser europeo blanco, o chino, o japonés…

La conciencia social (de clase), la conciencia política (demócrata, socialista…), la conciencia religiosa (cristiana, musulmana…)… Caminos de muerte para todo identitarismo. Estas ‘conciencias’ nos hacen perder de vista nuestra etnia (Volk) y nuestra cultura (Kultur) –el ser biosimbólico nuestro.

Sangre (genio, raza), suelo (el territorio fundado por los Padres), cultura (historia común, memoria colectiva ancestral). Éstas son las coordenadas que nos sitúan, que nos dotan de identidad. No la clase social a la que eventualmente pertenecemos, o la ideología transnacional, transcultural o transétnica (religiosa o política) que –en mala hora– pudiéramos seguir.

Conciencia étnica y cultural, pues. La indeleble, la que no se puede borrar, ni ocultar, ni extirpar. La etnia y la cultura son las determinaciones fundamentales de nuestro ser. Volver a ser conscientes de lo que somos –miembros de un pueblo milenario. Recuperar la conciencia; despertar; volver en sí, volver a ser. El ser ‘arya’. Nuestro ser eterno.

*La fragmentación étnica y cultural en nuestras naciones en esta época global, post-nacional, está siendo explotada por la izquierda. La izquierda aboga por los derechos de los grupos étnicos, o religiosos (los musulmanes, por ejemplo), de los emigrantes… Así es. Estos predicadores de la proletarización de las masas no dudan en dar su apoyo a los emigrantes y de defender los derechos de los diferentes y numerosos grupos étnicos extranjeros que inundan nuestros países. Son los nuevos ‘oprimidos’, dicen, que junto con los ‘grupos subalternos’ autóctonos, forman el nuevo proletariado apátrida, desarraigado, en este mundo global. Y son una buena fuente de votos.

Las reivindicaciones de los nativos o indígenas europeos, por contra, no son tenidas en cuenta, aún más, están mal vistas, censuradas, prohibidas. Aludir a los derechos de la población autóctona milenaria, a los derechos adquiridos sobre esta tierra nuestra, la tierra que nuestros pueblos habitan desde hace milenios (el ‘nomos’ de la tierra), es cosa de ‘nazis’. Y ya sabemos que el nazismo, esto es, el nacionalismo étnico, es el ‘mal’ absoluto (así lo quiere el ‘sistema’). Los indígenas europeos, los pueblos blancos, tenemos que ceder ante el ‘otro’, tenemos que negarnos a nosotros mismos. Henos aquí, pues, convertidos en mudos e impotentes testigos de nuestra aniquilación.

Por lo demás, recordemos a los viejos y a los nuevos izquierdistas y demagogos que el pueblo al que ellos invocan no es únicamente la masa salarial o trabajadora (o los de ‘abajo’, o los ‘grupos subalternos’), sino el conjunto de la población –población hasta ayer mismo, en nuestras naciones europeas, étnica y culturalmente homogénea.

*Entiéndase esto. Con los identitarios, con los nacionalistas étnicos, no se trata tanto de  una falta, o de una carencia constitutiva del ‘sujeto’ (por seguir la palabrería sobre el ‘sujeto universal’ de psicoanalistas o post-estructuralistas –Lacan, Derrida,  Laclau, o Zizek–), como de una privación, de una desposesión, de una alienación. Aún más, en los momentos actuales se nos prohíbe la palabra propia; se nos prohíbe ser lo que somos; se nos prohíbe la pureza y la plenitud. Podemos hablar de frustración, de represión… La falta o la carencia constitutiva no son innatas  a un sujeto abstracto universal (una suerte de nuevo ‘pecado original’ que afecta a todos los seres humanos), se trata en todo momento y lugar de experiencias concretas sufridas por sujetos históricos concretos (pueblos, en este caso) a lo largo de su historia.

Recordemos que la desposesión de los aryas europeos tiene un primer momento  con la cristianización de nuestros pueblos, y un segundo momento con la dinámica de la globalización demo-liberal contemporánea (desde la Revolución francesa).

La ‘guerra’ contra los movimientos étnicos o identitarios en Europa  alcanzó su más trágica expresión durante la IIGM con la derrota de la Alemania nazi y los posteriores juicios de Núremberg. La propaganda contra el nacionalismo, que nos viene tanto del ‘capitalismo global’ como del ‘internacionalismo proletario’ (de los aliados contra el eje nacionalista e identitario), opera hoy con la misma violencia represiva que entonces. Nada ha cambiado.

La globalización actual ha logrado destruir la noción tradicional de ‘pueblo’ (‘volk’) que nos legaron etnólogos y antropólogos. Ahora no tenemos ‘comunidades étnicas’,  sino masas, multitudes desarraigadas (que es lo que se pretendía). Las ‘identidades’ que se les deja a estas masas son las sociales, o las políticas. Ideologías no étnicas, no culturales, no nacionales; ideologías, pues, globales, internacionales. Así pues, los movimientos de oposición al ‘sistema’, tienen, igualmente, carácter global. Es ‘hegemonía’ global, contra ‘hegemonía’ global; poder contra poder. Como se ve, se prosigue el modelo polarizado capitalista/anti-capitalista de finales del XIX y del siglo pasado. El discurso étnico vuelve a tener los mismos ‘enemigos’ que cuando el nacimiento del nacional-socialismo. Es el mismo panorama.

¿Por qué el capitalismo global y el internacionalismo proletario (los supuestos enemigos irreconciliables) se unieron para combatir el nacionalsocialismo? Se le hacia la guerra a un movimiento étnico (político, social, económico, cultural…) que ponía en entredicho las ‘verdades’ y las ‘razones’ tanto de uno como de otro. Aquel movimiento anti-globalización  era el enemigo común, era un obstáculo para la ambición de dominio de ambos; tenía que ser destruido.

Los ‘pueblos’ tradicionales y homogéneos son un obstáculo para todas las ideologías universalistas o internacionalistas (transétnicas, transculturales), sean de carácter religioso, económico, o político: el judeo-mesianismo, el islamismo, el budismo, el hinduismo, la democracia universal, el internacionalismo proletario (el judeo-bolchevismo, otro mesianismo judío)…

La izquierda actual tendrá que explicar por qué aboga por los derechos de los pueblos indígenas en Latinoamérica (Bolivia, Ecuador, Perú, México…) y los niega o los combate en Europa (a los indígenas europeos). A mí no me cabe duda que de lo que se trata es de apoderarse de estos movimientos indigenistas (étnicos) para transformarlos en meros movimientos sociales –de clase. En resumidas cuentas, pretenden proletarizarlos haciéndoles perder de vista su identidad ancestral, alejándolos más y más de su ‘ser’ –que no luchen como ‘pueblo’ (aimaras o quechuas), sino como clase social oprimida. Alienarlos una vez más, simplemente.

La historia de las sucesivas colonizaciones de los pueblos indígenas americanos es digna de reflexión. Comienza con el imperialismo español (cristiano), que los desposeyó de  tierras y culturas, luego fue el imperialismo de los ideales de la Rev. francesa, que condujo a la independencia de las colonias y puso el poder en manos de las oligarquías criollas, posteriormente vinieron los USA y su liberalismo democrático, después la globalización (el capital transnacional), y finalmente los ‘revolucionarios’ de izquierda (marxistas-leninistas) de aquí y de allá (apátridas), que vienen, dicen, a ‘tutelar’ sus reivindicaciones (a desvirtuarlas, más bien). Amos por doquier que compiten por lo mismo, por el poder, por apoderarse de esas poblaciones. Son pueblos explotados por unos  y por otros. No se les deja en paz; no se les deja ser lo que son. Pueblos desposeídos desde hace siglos, como los pueblos aryas europeos.

*Hace ya bastante tiempo que la izquierda le sigue el juego al ‘sistema’ (global, transnacional…). El ‘sistema’ que hoy domina es el ‘bloque histórico hegemónico’, por usar la terminología gramsciana –tan del gusto de esta nueva izquierda (‘Podemos’ y cía.). Esta izquierda, junto a los anti-sistema y otros, es solidaria de los intereses de la clase dominante planetaria (demo-liberal) en su afán por destruir las nacionalidades étnicas ancestrales, que le suponen un obstáculo para su mundo ideal (para su ‘Nueva Sión’); para su mundo sin fronteras, sin restricciones, con libre flujo de mano de obra barata y de capital (ésta es la causa de la masiva emigración que padecemos). Este ‘sistema’ requiere un mundo homogeneizado, único. Para ello dispone de los medios de comunicación (de manipulación, más bien) de masas, desde donde difunde esta ‘nueva civilización’ global multiétnica y multicultural. La izquierda, los anti-sistema, los anti-fascistas y otros son, simplemente, fuerzas del ‘sistema’.

La consignas que la izquierda gusta defender son las de esta nueva civilización democrática multiétnica y multicultural que el ‘bloque hegemónico’ viene difundiendo desde sus medios de manipulación de masas a través de la televisión, el cine, la prensa, la literatura, la enseñanza, la universidad, la filosofía, el derecho, la política… El ‘bloque hegemónico’ actual viene alienándonos culturalmente desde hace decenios, trabajando afanosamente para imponer su ‘mundo’, el mundo que a ellos les viene bien. Y los discursos que a esta nueva izquierda le gusta representar no contradicen en nada los intereses del ‘sistema’. Esta izquierda, no sólo no le supone un obstáculo o un problema, sino que contribuye a su dominación (a su ‘hegemonía’).

Los ‘nazis’ advirtieron, y desde muy pronto, el poder que el ‘sistema’ ejercía sobre la población a través de su prensa, de sus editoriales, de su cine, de su teatro, de su literatura, de su filosofía… La minoría judía en Alemania estaba imponiendo su discurso y transformando la vida cotidiana del pueblo alemán. Una vez en el poder los nacionalistas se tomaron medidas radicales que vinieron a frustrar las ambiciones de dominio de aquella minoría. El nacionalismo étnico se convirtió en el ‘bloque hegemónico’ que distribuía la cultura controlando la pedagogía, la prensa, las editoriales… No hicieron otra cosa que lo que recomendaba Gramsci, que lo que el mismo Gramsci hubiera hecho si hubiera tenido la oportunidad.

Hay que decir que para Gramsci educar a las masas era proletarizar a las masas. La cultura era la cultura política  que necesitaba la clase obrera para no ser engañados o alienados por los poderes dominantes (la ‘hegemonía’). Gramsci no concebía la cultura  como formación (la ‘paideia’, la ‘Bildung’), así como tampoco pensaba en el pueblo en su conjunto, sino tan sólo en la clase obrera. Pero esta cultura política, eminentemente marxista, comunista, y judía (judeo-bolchevique), hubiera terminado alienando al pueblo italiano como hasta entonces lo había estado haciendo la cultura religiosa judeo-mesiánica (el cristianismo); el pueblo italiano seguiría estando dominado por una ideología de origen judío, y seguirían siendo apóstoles judíos (Lenin, Trotsky, Rosa Luxemburgo…) los maestros de coro (los ‘Padres’) de la nueva ‘era’. Gramsci, pues,  cumplía así la función de ‘tonto útil’, de ‘gentil’ difusor del novísimo evangelio judío en el pueblo italiano, como lo fueron Agustín, Lactancio, o Tertuliano con el judeo-mesianismo; cuando la cristianización de nuestros pueblos.

Para la nueva izquierda populista, post-marxista, siguiendo a teóricos como Gramsci, Rancière, Laclau, Mouffe, Negri, Zizek y otros, el pueblo no tiene nada que ver con la comunidad étnica y cultural, como sería de esperar, sino con una masa informe, con una ‘multitud’… con, en palabras de Laclau, “una plebe (plebs) que reclama ser el único pueblo (populus) legítimo”. Esta usurpación, esta impostura, pudiera parecernos una novedad, pero no lo es. Son los ‘sans culottes’, de nuevo, y el ‘tercer estado’; el proletariado apátrida de Marx, y su  dictadura… Los nuevos significantes, que se quieren vacíos (de nuevo Laclau), no acaban de ocultarnos su ‘historia’, su origen… y su finalidad.

La nueva izquierda, los nuevos jacobinos, los nuevos bolcheviques, dicen ser hoy la voz de los de ‘abajo’, de los ‘sin poder’, pero, como siempre,  se limitan a recoger las migajas, a explotar los desechos  del ‘sistema’. Es lo que reciben como premio a sus servicios. Por lo demás, necesitan de esos desechos como los cristianos necesitan ‘pobres’. Para ambos, la existencia de estos desechos, de estos pobres, es la garantía de su ‘necesidad’ (somos necesarios, dicen; si no fuera por ‘nosotros’…).

La izquierda sigue escrupulosamente las consignas del ‘sistema’. Aún más, siempre le parece que nuestras sociedades no son lo suficientemente democráticas, o que no son lo suficientemente diversas o ‘globales’ (multiétnicas, multiculturales). Podemos decir que son los radicales, los fundamentalistas del ‘sistema’; defienden como perros los idearios del ‘sistema’ –que se remontan, como se sabe, a los pensadores ‘ilustrados’ y a la Revolución francesa (recuérdese, de paso, a los inquisidores, a los ‘dominicos’, a los perros del ‘señor’). Adviértase su furor, su violencia contra los nacionalistas (los ‘nazis’, los ‘fachas’), a los que suelen denominar enemigos del ‘pueblo’, o de ‘clase’; contra los únicos, en verdad, que se enfrentan al ‘sistema’. El ‘terror’ (usado tanto en la Rev. francesa, como en la Rev. ‘rusa’) es su arma preferida.

El ‘sistema’ cuenta además con una red de organizaciones internacionales (ONU, OTAN, TJI, FMI…) y un conjunto de normas, cartas, y declaraciones de aplicabilidad universal que son verdaderos instrumentos de dominación global y que le permite intervenir, militar o económicamente (boicot), en cualquier Estado ‘soberano’ que no sea de su agrado. A estos ‘legales’ dispositivos represivos internacionales (políticos, económicos, militares, jurídicos…) se les suman ciertas organizaciones no gubernamentales (‘independientes’) que operan en cualquier lugar del planeta denunciando la menor desviación de las normas (democracia, derechos humanos…). Son una suerte de para-policía del ‘sistema’. A estas fuerzas para-policiales les podemos añadir los grupos izquierdistas y los anti-fascistas ya citados, que actúan a la manera de fuerzas para-militares del ‘sistema’ intimidando, incluso agrediendo, usando la violencia contra los grupos nacionalistas o identitarios a la menor oportunidad (hay, parece, absoluta libertad e impunidad para ello).

*Terminaré estas observaciones con citas de un artículo que Max Weber publicó en julio del 2013 en IHR (Institute for Historial Review): “Vice President Biden acknowledges ‘immense’ jewish role in american mass media and cultural life”. El artículo se puede encontrar en ‘google’ (aunque si algún lector me lo solicita puedo enviarle un ‘pdf’). Tras la introducción de Max Weber (abreviada), siguen algunas citas de Joe Biden:

In a remarkable but under-reported address, Vice President Joe Biden recently acknowledged that the “immense” and “outsized” Jewish role in the US mass media and cultural life has been the single most important factor in shaping American attitudes over the past century, and in driving major cultural- political changes.

In the United States, as in every modern society, those who control the mainstream media, and especially motion pictures and television, guide and shape how people, and especially the most socially attuned and culturally fashionable, think about major issues. The mass media, including popular entertainment, sets the limits on “permissible” discussion of important issues, and thereby steers the general direction of public policy. Views and ideas that those who control the media do not approve are vilified as “offensive,” “hateful,” and “divisive,” and are eliminated from “acceptable” public consideration, while anyone who dares to express such views is maligned as bigoted, backward and intolerant.

With special attentiveness to Jewish concerns and fears, the American media highlights real and supposed dangers to Israel and Jews around the world. Moreover, Israel’s adversaries are routinely portrayed as America’s enemies, thereby encouraging US wars against countries that Israel regards as dangerous.

Another important consequence of the Jewish hold on the mass media and cultural life has been – as Vice President Biden suggested – a broad decades-long promotion of cultural-racial “diversity” and “pluralism.” Jewish-Zionist leaders regard maximum “tolerance” and “diversity” in the US and other non-Jewish societies as beneficial to Jewish community interests.

American motion pictures and television, in collaboration with influential Jewish-Zionist organizations, have for many years sought to persuade Americans – especially younger Americans – to welcome and embrace ever more social, cultural and racial “diversity,” and to regard themselves simply as individuals. While striving to belittle and break down ethnic and cultural identity and cohesion among non-Jewish Americans, the US media promotes a tribalistic nationalism (Zionism) for Jews, and defends Israel as a proudly Jewish ethnic-religious state.

Without an understanding of the Jewish role in the American mass media and US cultural life, major social-political trends over the past century are all but incomprehensible. Vice President Biden’s frank acknowledgement of this “immense” clout is a welcome contribution to a greater awareness of this important reality of American life.

Lo que sigue son citas del propio Joe Biden.

“Jewish heritage has shaped who we are – all of us – as much or more than any other factor in the last 223 years. And that’s a fact.”

“Think – behind of all that, I bet you 85 percent of those [social-political] changes, whether it’s in Hollywood or social media, are a consequence of Jewish leaders in the industry. The influence is immense…”

“We talk about it in terms of the incredible accomplishments and contributions… because the values, the values are so deep and so engrained in American culture, in our Constitution.”

“You can’t talk about the recognition of rights in the Constitution without looking at these incredible jurists (Jews) that we’ve had.”

“The Jewish people have contributed greatly to America. No group has had such an outsized influence per capita… You can’t talk about the civil rights movement in this country without talking about Jewish… You can’t talk about the women’s movement… or immigration”…

“It was the social media… That’s what changed peoples’ attitudes. That’s why I was so certain that the vast majority of people would embrace, and rapidly embrace same-sex marriage”…

Indudablemente los nacionalistas alemanes sabían  muy bien lo que hacían cuando pusieron fuera de la circulación a los medios de comunicación de masa y de ocio judíos y tomaron el control de la información y de la cultura. Era la única manera de recuperar la salud nacional, la salud espiritual del pueblo; de que la comunidad étnica (la ‘Volksgemeinschaft’) recuperara su identidad, su ‘ser’.

En la actualidad, es en EEUU, Inglaterra,  Francia… donde los judíos poseen los más importantes medios de manipulación de masas (prensa, cine, y televisión, principalmente) y desde donde exportan series, películas, documentales… que inundan el planeta entero (sobre todo los países occidentales). La ‘ideología’ (la ‘superestructura’, si se quiere) que circula por nuestros países, que alcanza a todos los estratos sociales,  y que afecta a todas nuestras instituciones (enseñanza, derecho, política, economía…) procede fundamentalmente del ‘bloque hegemónico’ judío o afines. Y esto es un hecho.

(Sobre este asunto pueden consultarse los trabajos de James Petras: ‘El poder en el poder globalizado’ y ‘El sionismo es el estalinismo del siglo XXI’, entre otros.)

*A propósito de los últimos atentados musulmanes en Bruselas (y en Pakistán, y en…). Los políticamente correctos y la izquierda bien-pensante vuelven a ponernos sobre aviso, desde nuestros medios de manipulación de masas, acerca de los peligros de los nacionalistas ‘xenófobos’. Una vez más. ¿Por qué estos constantes ataques a los movimientos nacionalistas e identitarios? El peligro no está en los nacionalistas europeos, por supuesto, el peligro está en los europeos que censuran sus demandas, demonizando su figura, y en los millones de musulmanes extranjeros residentes en Europa –que cuentan ya con una vanguardia armada intimidatoria (muyahidines, soldados de la yihad) que se dedica a poner bombas en nuestro territorio. Estamos asistiendo a los principios de su ofensiva armada. Tenemos al enemigo en casa –esto debería estar claro. El ‘espíritu étnico’ (‘volksgeist’), identitario, de los nacionalistas europeos, épico y heroico, es lo único que puede sacar a Europa de la peligrosa situación en la que se encuentra; es la única salida.

*Pueblo, nación, patria, Estado… Todo es uno y lo mismo cuando rigen los pueblos étnica y culturalmente emparentados desde hace milenos. Los pueblos aryas europeos. La nación arya. Ésta es nuestra meta.

El pensamiento provinciano. Para aquellos que ‘permanecemos en provincias’ (en palabras de Heidegger).

*Debemos tener lugares en los que no pueda entrar ningún no-arya. Lugares consagrados –centros religioso-culturales aryas; recintos acotados de religación propios y exclusivos.

Nos falta también un calendario arya con fechas, hechos, y personajes memorables y significativos que puedan ser reconocidos y compartidos por todos nuestros pueblos.

*

Hasta la próxima,

Manu,

COMENTARIO:

Formidable, como siempre.
Son cosas que jamás saldrán de la boca de ningún político cainita de los de ahora.
No hablan ni hablarán de identidad ni de ser, puesto que ellos mismos están ahí puestos para evitar hablar de estos temas, por eso llegan o suben a la palestra los que más y mejor se amoldan al discurso que quiere el stablishment.
Los que se salen de ese discorso no son conocidos o directamente defestrados o perseguidos por esa patulea de policía del sistema, las mismas ONGs, como muy bien indicas.
Es un placer leerte, una vez más.
Saludos.

Responder

FUENTE:
http://larespuestadeeuropa.blogspot.com.es/2016/04/137-la-cuestion-identitaria-y-el-sistema.html#comment-form