2) Contra la muerte y el olvido

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viernes, 11 de septiembre de 2009

2) Contra la muerte y el olvido

Contra la muerte y el olvido.Manu Rodríguez. Desde Europa. 25/02/08

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La amenaza que ronda a Europa. El dragón que amenaza el reino. Vrtrá, Tifón, Surt.
La ‘umma’, la ‘ecclesia’, la comunidad musulmana, que cada vez adopta más su papel de madrastra con los autóctonos, con los europeos. Las exigencias de la comunidad musulmana.
Huéspedes indeseables. Censuran, en nuestra propia casa, nuestras costumbres, nuestras leyes, nuestras instituciones. ¿Cómo se les tolera?
Un suicidio. El suicidio de Europa.
¿Tenemos que ponerle buena cara al enemigo? Nos ofenden, nos insultan en nuestra propia casa; sueñan con dominarnos, con dominar a Europa. ¿Cómo es que los toleramos? ‘De fuera vendrá quien de tu casa te echará’.
El uso estratégico de la violencia está por venir. Los grupos armados.
Todo vendrá. El terror, los enfrentamientos armados. Las zonas musulmanas, perdidas. La libanización de Europa.
Yo me preocuparía muy mucho si la Junta Islámica de España hubiera recomendado que votaran a mi partido. La Junta Islámica aconseja a los musulmanes el voto a los partidos ‘progresistas’, como el PSOE e Izquierda Unida.
Una ideología universalista religiosa, totalitaria y antidemocrática, recomienda el voto a la izquierda ‘progresista’. ¿Por qué? Una ideología ‘progresista’ no pondrá obstáculos a la inmigración.
La izquierda progresista es también una ideología universalista, internacionalista. También contra las naciones y los pueblos.
Fe universal, doctrina universal. Pensamiento universalista, más allá. ‘Abramos las fronteras, que vengan, que entren… No hay ilegales’.
El universalismo político europeo, empero, se opone al universalismo religioso.
El universalismo político es laico. Va más allá de las tradiciones religiosas de los pueblos. Éstas pertenecen al ámbito privado, dicen. Las tradiciones religiosas, pues, están subordinadas a la ley civil, a las constituciones democráticas de las naciones.
Esta actitud tiene su explicación porque puso freno, en su momento, al poder que una ideología universalista religiosa (y extranjera) tenía en Europa.
En el universalismo político tenemos políticos, en el universalismo religioso tenemos sacerdotes –clérigos.
Hay varios universalismos religiosos –el cristiano, el islámico, el hinduista, el budista.
El universalismo político se opone al universalismo religioso, y viceversa. Los universalismos religiosos se oponen entre sí.
La clase política y la clase sacerdotal se oponen entre sí.
El político es el heredero y el competidor del sacerdote. No el filósofo, como pensaba Nietzsche. Quizás Platón, o el Marx político, no el filósofo.
El político y el sacerdote compiten por gobernar, por regir a la muchedumbre.
Esta subordinación de lo religioso en el universalismo político puede explicarse por las circunstancias de su nacimiento. Nace en Europa, en una Europa dominada por la ideología universalista cristiana y que arrastraba siglos de conflictos religiosos que desgarraban a la población.
Quisiera llamar la atención sobre una cosa. La democracia surge en Atenas como oposición al régimen de los tiranos. No era una ideología universalista. Se opone a la tiranía, da la palabra al ‘demos’ ateniense. Es una solución étnica, se podría decir. No surge como una ideología universalista.
¿Por qué rebrota la democracia en Europa como ideología universalista –los derechos humanos universales y demás-, y no como oposición, pura y simple, a la tiranía religiosa extranjera que padecíamos? Hubo necesidad, parece, de emular el lenguaje universalista de los propios cristianos. Se habla a todos los hombres… más allá de la religión que profesen (en nuestro caso no se trataba de religiones diferentes sino de las diferentes sectas cristianas).
Ésta es la confusión que arrastramos desde la cristianización. Desde la pérdida de las tradiciones autóctonas.
El lenguaje universalista religioso cristiano penetra en las declaraciones políticas y en nuestras constituciones. La Europa cristiana estaba gobernada por los sacerdotes y los guerreros (las casas reales).
El sacerdote y el político como pastores.
La ideología cristiana, universalista y extranjera, penetraba en todos los estratos sociales. El punto de vista ya era universalista. Todos los hombres… Hablar ‘urbi et orbe’.
La arrogancia de los políticos es semejante a la arrogancia de los sacerdotes. El universalismo, el internacionalismo, es consustancial a esta arrogancia. El ‘todos…’.
En la cultura étnica no se habla de todos sino para referirse al grupo mismo. No se piensa en todos los hombres, sino en ‘todos nosotros’, es un asunto interno.
La ‘Declaración Universal…’ viene a sustituir –políticamente- los principios religiosos (judeo-cristianos) que regulaban las comunidades. El político sustituye al sacerdote con una doctrina similar, pero laica.
Todo el lenguaje está, pues, forzado por las circunstancias.
La democracia política se opone al dominio sacerdotal. La masa pasa a manos del político, éste es ahora el pastor.
La libertad religiosa tiene que ver con la Europa desgarrada a causa de las sectas cristianas. Que cada cual crea lo que le parezca, fue la solución.
No teníamos una cultura étnica, propia, secular, milenaria, no escindida –como se escinden ¡todas! las ideologías universalistas.
De haber tenido entornos culturales étnicos (lo celta, lo germano, lo romano…), ¿se hubiera necesitado eso de ‘libertad religiosa’?
Ese lenguaje tiene sentido en una Europa desgarrada por las sectas cristianas. Es decir, en entornos universalistas desgarrados por luchas internas.
En los pueblos dominados por ideologías universalistas religiosas se distingue lo religioso de lo no-religioso. Lo religioso, para estas ideologías, es lo concerniente al texto que sea (Biblia o Corán), lo demás es profano. El origen foráneo de estas ideologías les obliga a introducir esta separación. Lo sagrado es, pues, lo extranjero, lo profano es lo autóctono irreductible, residuos –lo que no pudo ser destruido.
Esta distinción no la reconoce una cultura étnica, no puede establecerla en el seno de su propia tradición. No hay separación, no hay hada que separar. El mundo simbólico es uno.
En las culturas étnicas, la cultura de un pueblo es su religión. Las prácticas culturales todas.
El universalismo religioso –sacerdotal- ha confundido todo este lenguaje. El universalismo cristiano no era otra cosa que una cultura étnica (judeo-cristiana, una secta del judaísmo) extranjera, que pretendía imponerse en otro medio étnico. Sale del medio judío en el que nació, y se extiende por el Mediterráneo griego y romano.
El sur de Europa infectada por ideologías ‘universalistas’ extranjeras (las religiones de salvación del período).
Un discurso para todos, esto es, la cultura local de un pueblo (el judío en nuestro caso) se universaliza, se generaliza, se le impone a un pueblo otro. Para ello, la destrucción de la memoria propia (la aculturación) y la imposición de la ajena (la enculturación).
Es, pues, una cultura étnica la que se universaliza, la que se convierte en religión (cultura) de los pueblos dominados.
A partir de ese momento comienza la confusión.
En su lucha contra la tiranía sacerdotal, el político emula el lenguaje universalista de la religión extranjera. Compite, concurre, rivaliza.
No como pueblo se opone el político al sacerdote, sino como político, como competidor. Como sustituto, que fue lo que sucedió.
No nos opusimos a un poder espiritual extranjero. No recuperamos nuestras culturas, no se luchó desde los pueblos europeos expropiados de su propia cultura, expatriados, alienados. No recuperó el pueblo sus tradiciones o el nexo con sus antepasados. De todos modos ¿quién pensaba en aquellos momentos en las tradiciones autóctonas? Se trataba, entre otras cosas, de superar, de dejar atrás la cuestión religiosa, la violencia religiosa. La tiranía espiritual, cultural, que padecíamos. Libertad de cultos, de pensamiento, de palabra… pues.
La falsedad del universalismo. Lo que padecemos los pueblos, con el triunfo de lo judeo-cristiano-musulmán en casi todo el planeta, es un panjudaísmo o un panarabismo que son de la misma índole que el pangermanismo hitleriano.
Y asimismo el paneuropeísmo o panoccidentalismo implícito en nuestras ideologías políticas universalistas (el comunismo, la democracia universal).
Son determinadas culturas las que prevalecen. Determinadas culturas étnicas. La judía, la árabe, la india (el área de dominio del hinduismo y el budismo), la europea (u occidental de origen europeo). Se aprende el hebreo, el árabe, el hindi, el inglés. Prevalecen, claro está, sobre numerosos pueblos desarraigados; cristianizados, islamizados, o democratizados -alienados de sus orígenes.
La fuerza ‘revolucionaria’ de estas ideologías. La fuerza destructiva, habría que decir.
Los pueblos alienados conocen al dedillo la historia de estas tradiciones étnicas dominantes. La judía, la árabe, la europea o la estadounidense. En Europa, por ejemplo, donde durante cientos de años se silenció nuestro pasado griego, romano, celta o germano, fue la historia del pueblo judío la que se convirtió en nuestros antecedentes culturales, sociales, políticos, humanos, espirituales. Hasta la historiografía moderna y contemporánea no se recuperó con dignidad nuestro pasado cultural pre-cristiano. Durante todo el período de dominio cristiano nuestro pasado fue, o silenciado, o denigrado, o manipulado.
Atiéndase al pasado pre-islámico o pre-budista de los pueblos vistos o contados por el Islam o el budismo. En Persia o Tíbet. Es el mismo caso que el europeo con relación al cristianismo. La misma usurpación del pasado, la misma impostura.
La destrucción de numerosos pueblos (culturas) durante el período de dominio de estas ideologías universalistas y totalitarias, y fuertemente étnicas. El etnocentrismo judío, árabe, indio o europeo. Basta ya.
Dejemos a los pueblos en paz.
Hay un universalismo que Europa y los USA exportan en estos momentos a todo el planeta. Tendrá las mismas consecuencias destructivas que la expansión del cristianismo o el islamismo. Perderemos pueblos, culturas, información sobre nuestro pasado, sobre el pasado de la humanidad en general. Con estos universalismos perdemos todos. Hay mucho que lamentar.
Huecos, vacíos, lagunas que no podremos cubrir jamás. Pueblos y culturas que han desaparecido sin dejar rastro, como si no hubieran sido.
El desarraigo, el extrañamiento espiritual de multitud de pueblos, de individuos, en todo el planeta. Generaciones vacías, sin raíces, sin conexión con su propio pasado. Nosotros mismos, los europeos. Milenios perdidos e irrecuperables.
En Europa padecemos el pansemitismo, claves culturales judeo-cristiano-musulmanas. Los milenios perdidos o negados fueron cubiertos con información sobre el pueblo judío o el pueblo árabe.
Que individuos y pueblos cristianizados o islamizados analicen su caso. La ignorancia acerca de su propio pasado pre-cristiano o pre-islámico.
Aún hoy se sigue hablando de historia sagrada al referirse a la historia del pueblo judío. En Europa.
Piénsese en los momentos actuales y la cultura de masas en Europa y América, prevalecen los temas judeo-cristianos frente a los autóctonos. Literatura y cine. Véanse la cantidad de títulos relacionados con la mitología o los personajes judeo-cristianos (Apocalipsis, profecías…). Compáreseles con los relacionados con nuestras culturas autóctonas. Lo nuestro apenas cuenta.
Cientos de años de dominio lo han conseguido. Erradicar nuestros mundos, desarraigarnos, alienarnos, extrañarnos cultural y espiritualmente.
Hace alrededor de tres mil años que padecemos esta lacra, esta peste. La mitad del período histórico (desde Sumeria, hace seis mil años). Desde el movimiento de Akhnatón y el posterior de Moisés, hasta nuestros días.
Moisés convirtió el monismo de Akhnatón en un monismo etno-céntrico y expansivo. Es el primero, que se sepa. En sus textos ‘sagrados’ se puede advertir las promesas de dominio universal (sobre todos los pueblos o naciones) que les hacía su dios; serían, además, adorados. Y así fue, de alguna manera, el cristianismo exportó lo judío por todo el planeta, y numerosos pueblos tienen el texto religioso de un pueblo extranjero como su único libro sagrado (a despecho de sus tradiciones autóctonas, en su momento destruidas, malignizadas, o prohibidas).
El Islam es producto de la envidia. Su texto sagrado carece de espiritualidad genuina. Emula torpemente el lenguaje bíblico. Parece obra de un imitador, de un mal imitador de textos bíblicos. Una parodia.
Una parodia (laica) es también el universalismo democrático que circula por Europa desde hace doscientos años. Parodia la atmósfera universalista (la arrogancia) judeo-cristiana. Su expansión por el planeta tendrá las mismas funestas consecuencias que la expansión cristiana o islámica.
Este universalismo democrático entra en guerra, en competición, con las otras ideologías universalistas, sean las religiosas, o las políticas (comunismo, internacionalismo proletario). Es un instrumento de dominio añadido, otro.
Hemos de acabar con este período milenario de locura y destrucción. Retorno a casa, paso atrás, recuperación, en la medida de lo posible, de los mundos autóctonos. Más acá de todo universalismo.
¿Cómo recuperaremos los pueblos nuestros mundos? La memoria de los antepasados, los dioses autóctonos. Tradiciones, costumbres, leyendas… mundos total o parcialmente destruidos en todo el planeta. Pérdidas irrecuperables.
¿Qué era antes de la cristianización o islamización? ¿Cuántos pueblos podrán poner en pie su pasado pre-cristiano o pre-islámico? Todos hemos perdido algo de nuestra alma, de nuestro ser.
La revolución (cultural) de los pueblos contra estas ideologías universalistas y totalitarias. Dejadnos en paz. Dejadnos ser. Esta sí que sería una revolución cultural a escala planetaria. Contra la alienación y contra el extrañamiento espiritual, contra la extinción de lo propio. Por la recuperación de la historia ancestral de los pueblos, del nexo sagrado.
Los progresistas e intelectuales de izquierda, totalmente penetrados por el universalismo laico, deberían saber que el universalismo islámico es tanto más peligroso que el cristiano.
Los universalismos se oponen entre sí. Los religiosos y los políticos. El internacionalismo comunista y el universalismo democrático, por ejemplo. Y no digamos los universalismos religiosos. Cuando desde el islamismo se critica el universalismo democrático occidental en defensa de sus tradiciones no debemos olvidar que el universalismo islámico domina sobre numerosos pueblos que perdieron violentamente sus culturas y las vieron sustituidas por el Islam. Las tradiciones a las que alude no son, claro está, las de los pueblos sometidos, sino aquellas que refleja el Corán.
Pero el Islam es también extranjero en la India, y en Persia, y en Indonesia…en la totalidad de su área de dominio. Incluso en Arabia, me atrevo a decir.
El problema reside en las ideologías universalistas. Hemos de superar ese período, dejarlo atrás. Nos desgarrará, nos destruirá.
Recuperación de los pueblos, de la etnicidad.
En África, por ejemplo, los pueblos están o islamizados, o cristianizados, además de ‘democratizados’. Apenas si sobreviven culturas étnicas. Los sacerdotes y los políticos se han encargado de destruirlas.
Las ideologías universalistas aparecieron para desertizar (aculturizar) aquellos pueblos, aquellas culturas, aquellos mundos. Para cortar un nexo milenario. La enculturación posterior, religiosa o política, ha alejado quizás definitivamente a aquellos pueblos de sus orígenes, de sus ancestros, de su sentido, de su ser.
Un planeta enloquecido. Multitud de pueblos desarraigados. Envueltos en la querella de las ideologías universalistas. Éstas compiten entre sí por el gobierno del mundo.
Las grandes culturas destruidas por credos universalistas. Egipto, Grecia, Roma…
El virus, el lenguaje, el discurso universalista penetra en todos los discursos. Se generaliza… no se deja al vecino en paz. ¿Por qué quiere el universalista que su vecino adopte sus costumbres, que el vecino abandone sus costumbres y adopte las suyas? ¿Qué sentido tiene esto? ¿Por qué?
Está, además, el uso político-militar que se hace de estas ideologías. En el nombre del cristianismo, del islamismo, de la democracia… Estas ideologías se legitiman a sí mismas para agredir al otro. La expansión violenta -pero legítima, sagrada, santa- de las ideologías universalistas.
El planeta está dividido por el área de dominio de estas ideologías universalistas. Dividido y enfrentado.
La confusión y el extravío comienza cuando la cristianización. En Europa. El extrañamiento espiritual que padecemos. La Europa cristianizada es la Europa alienada, alienada de su ser. Como todo pueblo cristianizado, islamizado o budistizado.
No fue una victoria final contra la ideología y el poder cristiano, sino que produjimos una versión laica de su universalismo. Seguimos ignorándonos. No se restableció el nexo con los antepasados, seguimos flotando a la deriva. Debimos aprender de Manu (Mannus). Cuando el diluvio, se le dijo que buscara una montaña alta y que construyera un gran barco que pudiera contener a todos los suyos y todo aquello que pudieran necesitar, pues un gran diluvio se avecinaba; se le aconsejó también que, una vez terminado, lo amarrara con una larga cuerda a un árbol. Cuando vino el diluvio toda la tierra quedó anegada y los supervivientes flotaban a la deriva. Cuando pasó el diluvio y las aguas descendieron, Manu y los suyos se encontraron donde estaban.
La montaña, el árbol, y el nexo que nos une a ese árbol, el que nunca se debe cortar; el nexo con nuestras antepasados, con nuestro pasado, con nuestro origen, con nuestras raíces, con nuestro ser simbólico.
El universalismo europeo actual es poroso, muy poroso. Puede ser invadido –pacíficamente, democráticamente- por otros universalismos que pueden acabar con él.
Si el universalismo democrático ha logrado dominar al universalismo cristiano, no piense que va a suceder lo mismo con el universalismo islámico. El universalismo islámico cuenta además con un componente demográfico extranjero. No es sólo una oposición ideológica lo que padecemos, sino demográfica también. El universalismo islámico es, por naturaleza, ofensivo y agresivo. Adviértase, en su texto sagrado, cómo se considera a los no musulmanes.
Recuperar una visión étnica de la democracia, no universalista. Igualmente acerca de los derechos. Derechos de los europeos, de los europeos autóctonos. El extranjero ha de estar excluido de la vida política, no puede tener la menor oportunidad política de intervenir en nuestros asuntos. Nuestros asuntos tienen cientos de años de historia. Compréndase esto.
La democracia europea, como europea, debe defenderse de las ideologías universalistas. Son anti-democráticas por definición, es decir, que si tuvieran la más mínima oportunidad, abolirían la democracia e impondrían su ley. Las ideologías universalistas religiosas. Pero igualmente el internacionalismo proletario (el socialismo de Estado).
La democracia, pues, ha de oponerse a toda ideología universalista en sus tierras, si quiere sobrevivir.
La democracia como oposición a las tiranías religiosas o políticas. Pero las tiranías religiosas o políticas proceden de ideologías universalistas. Son la puesta en práctica de estas ideologías.
Estas ideologías son expansivas y destructivas. No podemos convertir a la democracia en una ideología universalista y totalitaria.
Nosotros, los europeos, la creamos (la recuperamos) porque la necesitábamos. Necesitábamos salir del mundo creado por los sacerdotes cristianos. Desprendernos de sus manos. Liberarnos.
Quedamos, empero, a la deriva.
La izquierda progresista y democrática ha de tener al Islam como su peor enemigo.
Algo más que nuestra democracia corre peligro con el universalismo islámico. La destrucción de nuestras culturas, del legado.
Aún peor que cuando la cristianización.
Tenemos que defendernos, los europeos, de las ideologías universalistas religiosas y políticas.
Es una tentación permanente (el lenguaje ‘urbi et orbe’).
Las ideologías universalistas surgieron para gobernar universalmente, absolutamente, sin oposición. Todas y cada una de ellas.
El universalismo cristiano o islámico, todo su mundo –implícito y explícito en sus textos sagrados-, se oponen no sólo a la democracia, sino a cualquier otra ideología o cultura.
La democracia europea tiene que excluir de su seno toda ideología universalista religiosa o política. Le va en ello su salud, su futuro.
La europeidad de la democracia. No tiene por qué ser exportada. Tómela, sin embargo, quien quiera.
Es pues el origen de nuestra actual democracia lo viciado, lo contaminado.
La tolerancia tuvo sentido en nuestro entorno desgarrado por las sectas cristianas.
Teníamos que superar el universalismo intolerante de las sectas cristianas, pero lo hicimos con otro universalismo, el universalismo de la ‘Declaración universal…’.
Las sectas cristianas pudieron acogerse bajo el paraguas de la ‘Declaración’; lo suyo hubiera sido prohibir el cristianismo, las sectas cristianas. E igualmente todas las ideologías universalistas y totalitarias. Pero no se trataba de eso entonces.
Se trataba de sustituir la ideología universalista y represiva cristiana por otra más tolerante, sí, pero no menos universalista y totalitaria.
La caída del Antiguo Régimen tendría que haber sido la oportunidad de recuperar el nexo espiritual con los antepasados pre-cristianos. Con los romanos, con los griegos, con los celtas, con los germanos…
Las ideologías universalistas son el problema, el problema para la democracia, y para todos los pueblos y tradiciones culturales.
Recuperar las culturas étnicas. Potenciar las culturas étnicas. En Europa, por ejemplo, las culturas europeas pre-cristianas y pre-islámicas. Recuperarnos. La tolerancia para los tolerantes. La intolerancia para los intolerantes.
Somos tolerantes para con nuestras diferencias. Nos respetamos. Eso forma parte de todas las culturas étnicas. Se respetan igualmente otras culturas (étnicas). Sin embargo, las ideologías universalistas rompen ese juego de tolerancia y respeto intercultural.
Exigen respeto y tolerancia en tanto son minorías. En cuanto son mayoría o logran el poder, se imponen sobre los demás. Rompen las reglas del juego democrático o de tolerancia.
Roma, la tolerancia, y las sectas universalistas que la inundaron. Las sectas cristianas destruyeron el principio de tolerancia de una cultura étnica –la romana. Una vez ya en el poder y con el apoyo de las armas, se impusieron en toda Europa… y más allá. Pero siempre con la ayuda de las armas.
El Islam es un caso parecido. El poder de la violencia ha convertido a estas ideologías religiosas en las grandes ‘culturas’ (religiones) de la humanidad.
Salir de estos juegos de lenguaje. Recuperación, en la medida de lo posible, del lenguaje étnico-cultural, autóctono.
La recuperación de las culturas étnicas sería un freno a la expansión de estas ideologías en todo el planeta.
Una educación fuertemente étnica, en Europa, China, Japón… que les aleje, no de las otras culturas étnicas, sino de las ideologías-culturas universalistas religiosas o políticas.
La destrucción del concepto pueblo o nación en el internacionalismo y universalismo político (el comunismo, la democracia universal), e igualmente la crítica de las tradiciones paternas y ancestrales en la prédica de cristianos, musulmanes y budistas.
La predicación internacionalista (política), o el universalismo de los sacerdotes, atacan directamente al pueblo –este concepto está superado, dicen- y a las tradiciones ancestrales y autóctonas. Tanto los universalismos políticos como los religiosos. Previa ocultación o disimulo del origen étnico de estas ideologías. En el fondo, instrumentos de poder y expansión de determinadas culturas étnicas (el panjudaísmo, el panarabismo, el panhinduismo, el paneuropeísmo o panoccidentalismo).
El error cometido, el haber incluido claves universalistas en las declaraciones políticas.
La arrogancia de los demócratas, el desprecio hacia otras formas de organización. El menosprecio hacia las otras formas de vida que podemos advertir en las ideologías universalistas.
La democracia renace enferma de universalismo. Renace para sustituir a la tiranía religiosa extranjera (su universalismo religioso), para competir con ella. Europa recupera el nivel de tolerancia de Roma, pero sin aprender nada. Sigue la inercia del lenguaje universalista cristiano.
Frente a las tiranías religiosas y políticas, está la democracia. Impidamos toda tiranía religiosa o política. Cortemos el paso a toda tiranía. Excluyamos de nuestro horizonte político-cultural toda posibilidad de triunfo de éstas.
Pero no fue así, la cosa. Simplemente, emulamos la monstruosidad recién vencida. El mismo lenguaje universalista y arrogante.
Ahora los sacerdotes quedaban subordinados al poder civil. Los sacerdotes conservaron sus textos programáticos, sus textos sagrados, sin embargo, y siguieron educando e influyendo en nuestro destino.
La democracia, como ideología universalista, es débil. No puede oponerse a otras ideologías que tendrían acceso al poder mediante el voto democrático. La democracia debe cuidarse de estas eventualidades.
Hay que reconsiderar el carácter étnico de la democracia. Su origen europeo, autóctono. La defenderemos como algo propio e inalienable, no como un valor universal.
Dejemos a los pueblos en paz. Dejémosles estar, dejémosles ser.
Vuelta a casa, retorno a casa. Distinguir y expulsar (o prohibir) toda ideología universalista religiosa o política. Nada de ideologías totalitarias y trans-culturales alienantes y destructivas.
El comportamiento de los universalismos religiosos. El judaísmo en su entorno, el cristianismo contra los judíos, el Islam contra judíos y cristianos. El hinduismo contra el mundo arya védico (cultura étnica indoeuropea) y el posterior budismo, el budismo contra el hinduismo y contra el mundo védico… Todos contra todos.
Revoluciones culturales violentas de origen sacerdotal. El comienzo de imperios religiosos, sacerdotales. Republicas sacerdotales, monarquías teocráticas.
La hinduización, la budistización, la cristianización, la islamización… de vastas zonas, de pueblos que vieron cómo sus tradiciones eran destruidas. En el nombre del dios de los ejércitos, de Alá… El panjudaísmo (judeo-cristianismo), el panarabismo.
La incompatibilidad que se está dando entre la población musulmana extranjera en Europa, y nuestras instituciones democráticas. Entre el Islam (el panarabismo) y la Europa democrática.
La actitud de la población musulmana extranjera en Europa es cada día más exigente, más osada, más arrogante, más avasalladora.
Éste es el futuro problema que tiene Europa. Qué va a hacer con el Islam. Con la población musulmana extranjera. Una comunidad dominada por los imanes, por el clero musulmán. ¿Qué arma usaremos? La democracia universalista y porosa que tenemos no nos vale para repeler esta agresión, esta invasión demográfica encubierta.
La democracia, en puridad, no se opone a la invasión ideológica y demográfica que estamos padeciendo. No puede repelerla. No es arma ideológica contra esta agresión que amenaza con destruir a Europa.
No es sólo nuestra democracia la amenazada. Es toda nuestra cultura, todas nuestras tradiciones culturales. Todo nuestro mundo peligra.
Dado que es en virtud de la democracia universalista y porosa que el Islam crece en Europa, y que son nuestras reglas de juego las que hacen posible nuestra destrucción, no tenemos otra elección que transformar nuestras constituciones políticas. Nuestras instituciones tienen que enfrentarse con estas eventualidades.
La propia democracia ha de tener un carácter étnico, ha de preservar, cuidar de su ser.
La democracia es, en primer lugar, fruto de Europa. Es fruto nuestro. No hemos descubierto ninguna panacea universal.
Los principios universalistas que se adoptan son autodestructivos. Nos ponemos en peligro, nos exponemos. Nos exponemos a lo que nos está pasando con la población musulmana extranjera, con el Islam.
No dar marcha atrás con respecto a la actitud tolerante y abierta ante esta invasión (‘todos tienen derecho’, ‘no hay ilegales…’) nos conducirá al suicidio, será el suicidio de Europa.
No es cualquier cosa el Islam. Es, hoy por hoy, el más peligroso enemigo no sólo de nuestra democracia, sino de toda nuestra cultura. Toda nuestra cultura peligra con el Islam en casa. Todo lo nuestro peligra.
Una visión más étnica de nuestra democracia, más cultural, más propia.
La democracia es un instrumento político-cultural para preservar nuestro ser simbólico. Un instrumento que tiene su origen en Europa.
Es ‘la cosa de todos’ (‘althing’), el asunto común.
No se discute ‘la’ democracia desde el Islam, pues, sino ‘nuestra’ democracia. Nuestra cultura política, nuestra cultura propia.
No debemos universalizar, generalizar, nuestros derechos. Los derechos que nos otorgamos a nosotros mismos. Estos derechos y estos privilegios tienen su origen en un determinado pueblo y en un determinado contexto histórico.
No se trata de luchar contra la religión (el cristianismo) como cosa antigua y superada, sino como ideología totalitaria y, además, extranjera. Pero no fue éste el caso.
Haber vencido a la ideología religiosa extranjera. Haber puesto de manifiesto la violencia ejercida contra los autóctonos, contra los paganos (gentiles), la destrucción de las culturas autóctonas.
De lo que se trata ahora, parece, es de no traicionar este universalismo democrático, los ideales universalistas, aunque nos conduzcan a la destrucción.
Con este universalismo seguimos estando lejos de casa. Este universalismo, además, es heredero del que nos alienó. Una mutación del que nos tiene extrañados y fuera de nuestro hogar. Nos distrae de lo esencial, nos distrae de nosotros mismos. Seguimos sin recuperar nuestra(s) identidad(es) europea(s), sin recuperar nuestros mundos.
Los universalismos no son compatibles en absoluto. Cuando dos universalismos se encuentran o enfrentan es, o uno, u otro.
La crítica a la democracia es incesante, por ejemplo, desde el sector musulmán extranjero residente en Europa, y no pasa nada. Si desde la democracia se osa criticar el Islam, la amenaza es de muerte. Ésta es la diferencia.
No desde la democracia universalista, pues, combatiremos al agresor, sino desde la democracia étnica, nuestra, la imbricada con toda nuestra cultura. Como valor nuestro y ancestral.
Defenderemos la democracia como parte de nuestro legado espiritual. No en nombre de ideales universales.
Es en nombre de estos ideales universales que no podemos impedir la agresión verbal y física, la guerra fría y caliente que nos tiene declarada el Islam en nuestra propia casa.
En nombre, pues, de esta democracia nuestra, de nuestra cultura toda, expulsaremos al agresor.
No consentiremos agravios ni ofensas a nuestro modo de vivir. No podemos permitir la crítica a la democracia que se hace desde las mezquitas de Europa, en nuestra propia casa, en la misma cuna de la democracia.
No desde la democracia universalista, que carece de sistema defensivo. La libertad de prensa alcanza incluso a la propia democracia. No hay nada sagrado. Ni la misma democracia.
Nosotros mismos no hemos dudado en destruirla. La llegada al poder del nazismo vía democrática. Lo primero que hizo fue prohibirla.
Es un sistema claramente imperfecto, inútil para defenderse contra la agresión. Se pone en manos del invasor, del agresor, podríamos decir.
Es en el nombre de Europa que defenderemos la democracia, como parte del legado cultural. Además, insisto, el universalismo nos sigue manteniendo lejos de casa, flotando, extrañados. No conseguimos poner pie en tierra, en tierra europea. El retorno, el regreso, el reencuentro. Se difiere. Se posterga. Nos postergamos, nos dejamos para otro momento. Día llegará en que será demasiado tarde y ya no habrá retorno posible.
La vaguedad universalista, utópica. En todo momento y en todo lugar apátrida, extranjera. Sin pueblo, sin raíces. Todo hombre, cualquiera…
Asumir o adoptar cualquier ideología universalista es ignorarse como pueblo. El pueblo desaparece. Lo que tenemos es una legión de apátridas, de extranjeros.
‘No hay diferencias, no hay pueblos… Tenemos que abolir las diferencias, unir a todos los hombres… En el nombre de Cristo, de Mahoma, de la dictadura del proletariado, de la democracia…’.
Abolir las diferencias, destruir las antiguas tradiciones… El hombre nuevo… en el cristianismo, en el Islam, en la dictadura del proletariado… Uniforme, global, homologado. La homologación cristiana, la islámica, la comunista, la democrática.
Una democracia étnica, de esto se trata. Autóctona, ancestral. No exportable. Nuestra.
Son las culturas étnicas las que padecen la expansión de estas ideologías universalistas. Recuérdese el peligro que corrió la cultura ancestral China cuando cayó en manos del comunismo. China está infectada, además, por otros credos universales como el budismo y el islamismo.
Nuestros propios mundos obliterados, soslayados, apartados, en nombre de esta nueva aventura universalista. Propia de ciegos. Propia de narcisos.
Superar, pues, nosotros los europeos, todo el período de extrañamiento que comienza cuando la cristianización y que se prolonga en la democracia universalista, en la ‘Declaración universal…’.
Por lo demás, hemos añadido un nuevo virus destructivo a la humanidad. Se les exige democracia a los países. ¿Por qué?
En el nombre de la democracia se interviene en numerosos conflictos, se crean conflictos. La democracia universal es, pues, un instrumento más para violentar o invadir un país. El bloque democrático exige al resto del mundo que se haga demócrata.
Con igual derecho el bloque islámico, por ejemplo, podría exigir a los países su conversión al Islam.
Adoptamos la misma actitud ofensiva porque hemos adoptado un credo universal, y nos lo hemos creído. Hemos entrado en una etapa ofensiva contra el resto de la humanidad en nombre de la democracia universal.
Los credos universales son el problema. Van contra los pueblos. Para poder hacer suyo a un pueblo tienen que destruir previamente la memoria de ese pueblo. Una vez cortado el hilo con los antepasados, que es la intención primordial de estas ideologías, los pueblos y los individuos vagan a la deriva, sin raíces. La masa desarraigada.
La mayor parte de los pueblos hemos padecido este extrañamiento debido a las cristianizaciones o islamizaciones forzosas. El desarraigo.
Estos credos universales hacen presa en poblaciones ya desarraigadas. Espiritualmente vacías, desconectadas de su propio origen, de su propio ser, sin raíces.
Las masas están ya desarraigadas. Uno se hace musulmán, o budista, o comunista… Son credos, ideologías universales, no tienen patria. Valen para cualquiera –para cualquiera ya desarraigado.
Ideologías universalistas de origen extranjero.
Más conciencia étnica es lo que hay que tener. Recuperación, retorno, reanudación.
Un paso atrás, a las raíces. Situarnos ahí, y ver lo que nos ha pasado desde que perdimos el contacto con nuestros mundos. La deriva de los pueblos tras un proceso de aculturación y enculturación, como el que padecimos nosotros los europeos. Ya rebotamos de credo universal en credo universal –‘alguno tendrá que ser el verdadero’.
Estos juegos universales nos hacen tomar partido entre ellos, elegir… Nos involucran, nos enredan en sus mallas. Nos arrastran. Nos hacen jugar su juego.
Salir absolutamente de estos credos universales destructores de mundos. Superar ese período. Retorno a lo propio, a lo ancestral. Retorno a casa. Desandar el camino. Deshacer el nudo que nos ata al Muspel. La danza de Teseo.
Que cada pueblo recupere, en la medida de lo posible, el nexo con los antepasados. Que volvamos a ser pueblos. Cada cual con su cultura.
Superado el período de los credos universales destructivos.
Los credos universales son incompatibles con las culturas étnicas, y entre sí.
La destrucción de la memoria. En pos del hombre universal –islámico, cristiano, budista, comunista, demócrata.
Hemos convertido una costumbre nuestra –la democracia-, en una nueva maldición para los pueblos.
Es como cuando se multiplican los salvadores entre los indios norteamericanos (en Lowie), se multiplican las ‘iglesias’, las comunidades. Una vez cristianizados entran en la dinámica universalista. Van de solución universal en solución universal.
Recuérdese la deriva ideológica (en Europa) desde la cristianización hasta la revolución comunista. Siempre dentro del discurso universalista. Todo universalismo conlleva represión, inquisición, vigilancia…
Las ideologías universalistas son las responsables del malestar en general que padecemos los pueblos. El malestar, la náusea. El desarraigo. La destrucción de la memoria.
El trauma de la aculturación y enculturación de los pueblos. Es un crimen. Un crimen espiritual de consecuencias duraderas e imborrables. Trauma colectivo que salta de generación en generación.
Todo lo que no sea el retorno nos aleja de la solución. La reanudación es esencial para recuperar la cordura, el sentido, el ser. Vuelta en sí. Recuperación de la memoria, de la conciencia, de la voluntad propia.
El daño que han causado los credos universales en el planeta entero. Daño psicológico, espiritual… irreparable a veces.
No un nuevo credo universal necesitamos, ¡por los dioses! Eso sería vuelta a empezar.
El credo universal nos aleja de nuestras raíces, nos aleja de nosotros mismos.
El respeto a nuestros antepasados, a la línea ancestral, a nuestro pueblo. Es un nexo milenario.
Contra los credos universales, pues, o mejor, contra la universalización de lo particular.
La universalización de lo particular es lo que hemos padecido (y padecemos). Lo particular judeo-cristiano (el panjudaísmo), lo particular árabe (el panarabismo), lo particular indio (el panhinduismo y el panbudismo), lo particular europeo u occidental (comunismo y democracia universal).
Imponemos al vecino nuestras particularidades, ¿por qué? ¿Con qué derecho? ¿En nombre de qué o quién? Dejemos a los pueblos en paz.
La actitud universalista es ofensiva, expansiva. Ignora al otro, lo desconsidera. Desconsidera sus tradiciones, su cultura, su ser. Actitud desconsiderada y arrogante.
Más allá de pueblos y culturas, por encima de pueblos y culturas, ignorando pueblos y culturas, contra pueblos y culturas, a pesar de pueblos y culturas.
La recuperación de lo autóctono, el retorno a casa. El retorno de Zeus y los dioses jóvenes. El redescubrimiento de las piezas de juego y de las runas. El retorno de Arturo, de Igor, de Balder… de ese espíritu.
Lo progresista, lo universalista… La indefensión. La ideología prevalente es autodestructiva, nos conduce a la desaparición, a nuestra muerte. Nos deja indefensos ante la invasión demográfica. Cualquier intento de defendernos de la invasión resulta ser antidemocrático ¿se comprende esto? Nos deja atados de pies y manos ante el invasor. ¿Qué democracia tenemos que permite esto? Es una democracia trans-nacional, trans-cultural… universal.
No olvidemos que este trans-culturalismo y trans-nacionalismo oculta –consciente o inconscientemente- el origen étnico de la ideología.
Nuestros gobiernos no dudan en invadir un país o en intervenir en conflictos en nombre de la democracia. Pero, paradójicamente, los mismos ideales que se enarbolan para legitimar la agresión a un país, les hace ser vulnerables en su propio medio. Ésta es la contradicción que alberga nuestra democracia universal.
Nuestras democracias no pueden impedir la invasión demográfica musulmana a menos de traicionar ciertos ideales universales. ¿De dónde proceden estos ideales universales? De ideologías universales religiosas, y extranjeras.
No es buena idea jugar al lenguaje de estas ideologías para combatir a estas mismas ideologías. Quedamos enzarzados en su discurso, en su lenguaje, en su mundo.
Nuestra ideología (nuestro universalismo) nos derrota de antemano. Nos impide la defensa, la acción.
¿La defensa de qué? Ahí está la cuestión. Desde dónde.
Una vez desarraigados ¿desde dónde denunciar? Desaparecido el suelo propio, el solar, la heredad… ¿en defensa de qué? ¿En nombre de qué?
La discusión está planteada en el terreno equivocado. Es desde la propia cultura, la autóctona, que puede uno enfrentarse a toda ideología universalista, religiosa o política, venga de dentro o de fuera.
La pregunta ética, las éticas universales. El hombre universal. Pero el hombre universal no existe. Cada ideología universal tiene su propio prototipo de hombre universal. El hombre universal cristiano o el musulmán, o el comunista, o el demócrata.
Este hombre universal destruye, suprime, a los hombres particulares; destruye las diferencias no sólo individuales sino las culturales.
Acabaremos con todas las culturas ancestrales del planeta en el nombre de credos universalistas religiosos o políticos. Muchas culturas ancestrales han desaparecido ya desde la aparición de estas ideologías.
Numerosos pueblos no conservan más que restos, fragmentos, de su cultura ancestral, tras los procesos de cristianización o islamización.
La discusión se plantea entre las ideologías universalistas religiosas y las políticas. Han llevado la discusión a su terreno. Cual es la mejor, se preguntan.
Las culturas étnicas están excluidas de la discusión que se traen entre sí estas ideologías. Los grandes, los poderosos credos universales.
Queremos que nos dejéis en paz. Credos universales. Dejadnos estar, dejadnos ser. Dejadnos ser europeos, chinos, japoneses, incas, lakotas, inui, masai…
Los europeos han de considerar la democracia como un fruto propio, no exportable, autóctono. Como parte del legado cultural. Ha de defenderla como a la propia vida.
¿Por qué queréis privarnos de nuestras culturas? ¿Por qué destruisteis nuestras culturas? Marchaos de los pueblos, desapareced, esfumaos. Dejad al mundo en paz.
Credos, ideologías que se niegan entre sí. Desgarrados, además, por escisiones internas, por mutaciones virulentas que arremeten contra los progenitores. Las mutaciones auto-destructivas en las diversas ideologías universalistas. Cristianos, musulmanes, comunistas… divididos y enfrentados, ortodoxias y heterodoxias. El lenguaje de estas ideologías. Ideologías demenciales.
Recuperación, pues, de las culturas autóctonas, de las culturas ancestrales de los pueblos.
Europeos germanos, celtas, eslavos, griegos… recuperemos lo propio.
Confusión en las mentes europeas en los momentos presentes. Los intelectuales progresistas, internacionalistas, de izquierdas, no establecen distinción entre autóctonos y alóctonos. El sistema inmune ha enloquecido. Desde la democracia universal. ‘Todos los hombres son iguales, tienen derecho a…, vengan de donde vengan’. Slogans auto-destructivos. Lo que menos tienen en la cabeza es Europa, la gente europea, la cultura europea, nuestras instituciones.
Se elimina lo que nos distingue, lo que nos diferencia.
‘Pueblos y culturas nada significan; las diferencias. Vamos hacia un hombre nuevo universal y…’. (Suponiendo que los otros universalismos lo permitan).
Ese nuevo hombre universal es un nuevo desarraigo. Se pierde la identidad europea, por ejemplo, una identidad milenaria. Con el tiempo desaparecerá China, y la India, y las pequeñas culturas étnicas que sobreviven.
Es un nuevo ataque contra la diferencia y la etnicidad, una nueva homologación. Como las anteriores cristiana, islámica… o comunista.
Para poder crear ese nuevo hombre universal democrático todo lo anterior debe desaparecer. Es el mismo ‘argumento’ que usaron y usan las religiones universalistas de salvación, o el internacionalismo proletario.
Para poder realizar semejante sueño es preciso destruir todo lo que nos ata al pasado. Ya no hay franceses, o ingleses, o italianos, o rusos… ya no hay europeos. Las naciones son un estorbo, las culturas ancestrales, los pueblos…
La nueva sociedad que sueñan, la nueva humanidad. Hombres y mujeres en todo momento y en todo lugar apátridas, extranjeros. Desatados, desligados, desarraigados. Homologados. Todos unidos por slogans que proceden de la nueva ideología universalista. Ya no hay chinos, ni europeos… ya nada separa a los hombres… ni nacionalidad, ni religión, ni cultura, ni raza… Todos los hombres son iguales, ya no hay diferencias. ‘Hemos acabado con lo que nos diferenciaba’.
Lo que separa y enfrenta a los hombres en los momentos presentes y desde que aparecieron, son, precisamente, estas ideologías universales, estos credos universales.
La humanidad va de destrucción en destrucción. Cada ideología de salvación, religiosa o política, ha desertizado previamente, ha destruido y devastado la anterior.
Tenemos que distinguir entre culturas étnicas y culturas universalistas.
La izquierda está confundida. La jerarquía eclesiástica cristiana (la católica, en el caso español) no es ningún obstáculo ya para la democracia europea, no nos amenaza ya, por parte del universalismo cristiano, ninguna ‘teocracia humillante y ridícula’. Pero sí podemos esperarla del Islam. El Islam sueña con una Europa musulmana (arabizada).
El Islam es, hoy por hoy, el mayor enemigo que tiene que enfrentar la democracia europea, nuestra democracia.
La izquierda europea no sabe lo que dice ni lo que hace, ha perdido el norte, la visión. Es como el ciego Holder. No sabe contra quién dispara… Dispara contra la Europa que no quiere dejar de ser Europa, contra el europeo que no quiere dejar de ser europeo, contra el genio de Europa. Destruirán el genio y el numen de Europa. Surt vencerá de nuevo. Apoyado, como entonces, por los Loki y los Holder del interior.
Tenemos los europeos, hoy, un enemigo común, es el Islam; y la batalla que nos planta requiere un frente común. No cometamos los errores que se cometieron cuando la cristianización. Ha de estar claro que lo nuestro es lo primero, ha de ser lo primero.
La izquierda tendría que enfrentarse al Islam como se enfrentó en su momento a la Iglesia y a la ideología cristiana, al poder del clero cristiano. Es el mismo enemigo, el mismo mal. Tiene las mismas ambiciones, la misma intención. El Islam es, hoy por hoy, nuestro peor enemigo.
Qué tal será la situación que la Junta Islámica de España ha pedido a su comunidad (la ‘umma’) el voto para los partidos ‘progresistas’ de izquierda. Cómo tienen que estar las cosas para que el Islam, que es el homólogo religioso-político-militar del pangermanismo nazi (su panarabismo), pida el voto para los partidos de izquierda. La desorientación de la izquierda europea. El Islam es una ideología religiosa totalitaria y antidemocrática ¿cómo es posible que pida el voto para la izquierda?
La izquierda europea está cumpliendo el papel de tonto útil para el Islam.
El universalismo trans-cultural y trans-nacional que practicamos no pone freno a la expansión ideológica y demográfica musulmana en nuestra propia tierra. Bien al contrario… ‘que vengan, que vengan…’.
Es terrible lo que nos está sucediendo. La izquierda crítica ha perdido la luz, la visión. Estamos como un organismo con un sistema inmune deprimido. Nuestros políticos e intelectuales de izquierda colaboran con el invasor, les facilitan la entrada, la estancia… son su mejor aliado.
El Islam tiene que ser ‘deconstruido’, analizado, desenmascarado… como lo fueron otras ideologías, otros discursos totalitarios –religiosos o políticos.
¿Dónde está vuestro espíritu? Habéis perdido la luz. Sois un obstáculo para Europa, o peor, un peligro.
Acabaréis con el espíritu de Europa, extinguiréis nuestra luz.
No hacéis más que golpearlo y golpearlo… acabaréis con él. El Islam no tendrá nada que destruir cuando llegué su momento. Vosotros habréis cumplido ya esa labor. Los Loki y los Holder.
Toda voz a favor de Europa, de la Europa europea, de la Europa nuestra, la de sus moradores milenarios, es censurada y anatematizada por los mismos europeos. Estos europeos que censuran, estos nuevos inquisidores en el nombre de una nueva fe, estos perros del nuevo señor, a sí mismos se denominan de izquierda, progresistas, ‘modernos’ o ‘postmodernos’… lo más de lo más. La nueva moral universalista trans-nacional y trans-cultural. Un mundo nuevo. Los que defienden a Europa censurados, anatematizados… malignizados. ¿Cómo ha sucedido esto?
¿Cómo puede estar Europa dividida en este asunto? ¿Cómo puede el invasor tener partidarios –conscientes o inconscientes- entre los nuestros? ¿Cómo han logrado dividirnos y enfrentarnos?
El carácter universal de nuestras constituciones.
El Islam apela a nuestras leyes y constituciones, a nuestro ideario. Nuestro ideario es, en este asunto, simplemente suicida. Cualquier muchedumbre podría invadirnos. Si no ponemos freno, en pocas generaciones superarán a la población europea autóctona. Y hablo sólo de musulmanes. La Europa europea desaparecerá.
Cualquier intento de poner freno a esta situación es tildado de fascista y xenófobo. Es como si un organismo fuera censurado por intentar repeler una agresión o una enfermedad. Y la censura parte de nuestras propias filas. Nos impedimos la acción. Es algo incomprensible, estos enloquecidos miembros de nuestra sociedad nos encaminan hacia la auto-destrucción. Un sistema inmune dividido y enfrentado. La ‘intelligentsia’.
La izquierda está muy confundida. Está poniendo en peligro toda nuestra cultura, milenios de cultura. Por segunda vez. Los que desertan –el ‘sacrae patriae deserere’.
Si no cuidamos de nosotros, nadie lo hará. Si nada hacemos, perderemos. Perderemos nuestro actual status cultural, jurídico, político, social… espiritual. Perderemos Europa. Entre la ceguera y la maldad la perderemos, por segunda vez la perderemos. No es sólo una ideología totalitaria lo que nos viene, sino toda una comunidad, la ‘umma’. Nos invaden ideológica y demográficamente. Son millones. En unas pocas generaciones nos superarán. El sustrato étnico y cultural de Europa cambiará irreversiblemente. Los europeos autóctonos serán minoría. El universalismo democrático será sustituido por el universalismo islámico, por la ‘sharia’. La minoría autóctona vivirá, o bajo servidumbre (la ‘dhimmi’), o sometida, islamizada.
Perderemos Europa, la perderemos material y espiritualmente. Perderemos la tierra y el cielo.
Conforme su número aumente veremos cómo desaparecen nuestras costumbres, nuestras fiestas, nuestras tradiciones; nuestro pasado no circulará… ni el clásico ni el medieval, la ‘umma’ trae su pasado, su mundo, ése es el que circulará. Nuestra voz se extinguirá. Y ya no remontaremos el vuelo nunca más. Perderemos Europa para siempre. No podremos recuperarla. Nuestro exiguo número nos lo impedirá. Poco a poco nos extinguiremos o emigraremos. Europa quedará en manos extranjeras, ajenas por completo a nuestra naturaleza y nuestro ser. Me pregunto que harán con nuestras bibliotecas, con nuestros museos… con toda nuestra memoria. Se extinguirá nuestra memoria en Europa, en nuestro hogar milenario. Como si nunca hubiéramos sido. En nuestras calles, en nuestras ciudades, en nuestras tierras… ya no se oirá nunca más nuestra voz.
La actitud de la izquierda coadyuvará a nuestra ruina y destrucción. Mantiene, aún, una actitud crítica y destructiva contra nuestras tradiciones. Es una actitud auto-destructiva, propia de descastados. La vieja Europa va contra la nueva Europa, los viejos europeos contra los nuevos, los modernos, los progresistas. No resistamos a esta muchedumbre de extranjeros. Es una multiplicidad ‘enriquecedora’, dicen. Todo son elogios para esta desnaturalización que padecemos, que acabará con nosotros, que nos aplastará. Pero ellos siguen golpeando a nuestras instituciones y a nuestra gente, debilitando nuestro espíritu. La menor resistencia es censurada públicamente, públicamente anatematizada y malignizada. No podemos hacer nada, pues, no podemos defendernos. Contemplar pasivamente nuestra destrucción, nuestra extinción, nuestra ruina. Actitud suicida. En nombre de los ideales democráticos universalistas, trans-nacionales y trans-culturales… más allá de pueblos y culturas.
No convertirán en demócratas a los musulmanes. Se equivocan. No quedará al final más que la cultura islámica, el universalismo islámico. La ‘umma’ no tolerará la menor censura o crítica a sus tradiciones. ¿Por qué no aplicáis vuestra crítica al Islam? No tenéis valor de criticarlo, de arremeter contra él. Nuestra libertad de palabra y de prensa se estrella contra el Islam. Su respuesta a nuestra libertad es la muerte. La muerte de Van Gogh, por ejemplo. Él sí que fue un intelectual comprometido con la libertad nuestra. No vosotros, progresistas, izquierdistas, que coadyuváis con vuestra ceguera a nuestra destrucción.
El espíritu de Europa, el honor, el orgullo, la dignidad, el amor propio. El auto-cuidado, la auto-preservación, la auto-defensa. Todo eso falla ¿por qué? ¿Qué nos detiene, qué nos paraliza, qué nos frena? Nosotros mismos nos frenamos en nombre de ciertos ideales, de ideales no propios sino universales, que nos trascienden, que tienen puesta la vista no en nosotros, sino en una generalidad, en una vaguedad conceptual, en una humanidad que no es. Fuera, lejos de nosotros nos sitúa este ideario universalista. Este universalismo es expansivo además, tan alienante como todos los universalismos; no libera a los pueblos, sino que les somete a una ideología universal más allá de su propia cultura.
Es un producto europeo, culturalmente europeo. Extranjero en cualquier otra tierra (exceptuando el ámbito occidental de origen europeo).
Los ideales universalistas nos alienan de nosotros mismos, nos alejan de nuestro ser. Nos ignoramos, ignoramos lo propio en nombre de una ideología universal.
Como cuando cristianizamos a medio mundo alienando a multitud de pueblos y causando daños irreparables. El universalismo democrático es heredero del universalismo cristiano.
Universalizamos nuestra democracia, nuestra particular cultura política.
Es la inercia del período universalista cristiano. Adoptamos el lenguaje universal, el ‘urbi et orbe’ ominoso y arrogante.
Dejemos a los pueblos en paz. Después de milenios de credos universales que no han hecho otra cosa que dividirnos y enfrentarnos.
Los credos universales no son buenos. No son buenos para nadie más que para el que los instrumentaliza. Políticos y sacerdotes. Han hecho mucho daño a la humanidad. Destrucciones sin cuento. Tienen, por lo demás, un origen étnico. Son ciertas culturas las que se expanden. El ámbito judeo-cristiano-musulmán, de origen semita. El ámbito del hinduismo y del budismo, de origen indio. El internacionalismo proletario (el comunismo) y la democracia universal, de origen europeo.
Recuperar la etnicidad de la democracia, es cosa nuestra, producto nuestro. No tenemos por qué imponérsela a nuestros vecinos.
Estamos atrapados por los lenguajes universalistas. El discurso étnico no tiene fuerza ante estos gigantes, estos cíclopes, estos ‘polifemos’. Los monismos universalistas religiosos y políticos.
La globalización que pretenden los USA es la democrática, pero he aquí que el universalismo islámico le planta batalla. El área globalizada islámica.
Salir de esa guerra, retorno a Europa, a casa, al hogar. Concepción étnica de nuestra democracia. Auto-defensa, auto-protección, auto-cuidado.
El Islam contraataca ideológica y demográficamente. Una Europa musulmana es el proyecto.
Atrapados, acosados por lenguajes universalistas. No es posible hablar desde los antepasados, o carece de fuerza invocar lo propio; la defensa de lo propio, de lo autóctono, de lo ancestral. Eso suena ridículo o peligroso a los oídos de un universalista; de un musulmán, de un cristiano, de un comunista, de un demócrata. Lenguaje superado, dirán. No vale nada. La arrogancia y la soberbia de los creyentes. Apátridas, infieles, descastados, que es lo que son. Alienados de sí, convertidos en vehículos de transmisión de ciertos discursos que les trascienden, en poco menos que en clones, ideológicamente homologados… y arrogantes. La firmeza y la certeza que les da la fe. Prestos a morir y a matar en el nombre de su fe. Instrumentos en manos de sacerdotes y políticos.
Europa, Asia, África… campo de batalla de unos y de otros.
Vuelta, giro, retorno a casa. A lo propio, a lo ancestral, a lo particular, a lo nuestro. Dejemos a nuestros vecinos en paz.
Para jugar al juego democrático las diferentes ideologías universales deben subordinarse a la clase política democrática. Aquí es donde empieza el problema, pues ¿con qué derecho?
Esta subordinación está implícita en los textos programáticos de la democracia universal. El papel preeminente del político. De la misma manera que, en los textos programáticos de las religiones universales de salvación, tal papel lo tienen los sacerdotes.
En Europa, por ejemplo, las sectas cristianas están subordinadas al poder civil, a las constituciones democráticas, deben acatar nuestras constituciones, pese a su vocación universalista. Es lucha y conflicto. La subordinación de las sectas cristianas no se consiguió pacíficamente. Nuestra actual situación socio-política.
Allí donde domina el universalismo islámico, por ejemplo, todo le está subordinado.
Las ideologías universalistas son incompatibles entre sí. No pueden coexistir sino subordinadas unas a otras.
El Islam, en un entorno cuasi-étnico, como es el europeo, está subordinado a nuestra democracia, a nuestra cultura política. ¿Por cuánto tiempo? El Islam no es el cristianismo.
La estrategia de dominio del cristianismo consistió en penetrar en el círculo imperial, y desde allí incidir en nuestro destino. Desde Constantino yo no abandona el poder. Pero necesita del brazo armado para expandirse e imponerse.
El Islam es un brazo armado. No necesita penetrar en los círculos de poder, instrumentalizarlos.
El Islam sólo espera su momento. No nos necesitarán. Su número será su fuerza, y su violencia, su crueldad. Cuando la ‘umma’ entre en acción. Cuando estimen que su momento ha llegado.
Esta estrategia, flujos migratorios hacia una determinada zona hasta desnaturalizarla, hasta hacerla suya, hasta superar a sus moradores autóctonos, hasta expulsarlos de su hogar milenario.
‘Lucho contra la araña universal’. Contra Tánato, contra Tifón, contra Surt. Contra la muerte y el olvido.
Toda Europa debe aprestarse para la batalla, pues será batalla final. Europa se lo juega todo. No puede darse ninguna connivencia con el Islam, ninguna simpatía. Vienen a destruirnos, sueñan con destruirnos.
Surt, maldito Surt; Muspel, maldito semillero de monstruos.
¡Oh, Zeus! ¡Oh, Madre Europa! Velad por nosotros.
Profanan a la Madre Europa, profanan el santuario de Zeus. Profanan nuestra tierra sagrada.
La ira de un guerrero, la ira de Indra-Heracles-Thor. La ira de Vidar y Vali, de Modi y Magni. La ira de los dioses jóvenes. La ira de las estirpes europeas.
¿Con quién contamos? ¿Quién se apunta? Guerra contra la sumisión que viene, contra el Islam.
El juego de lenguaje monista, universalista, totalitario, del cristianismo y del islamismo. El universalismo de la ‘Declaración universal…’. Esos juegos nos alejan, nos extrañan de nosotros mismos. La discusión se plantea en un terreno no étnico, sino trans-cultural. Desde ese terreno, el discurso autóctono y ancestral nada puede decir. El universalismo democrático es tan totalitario como el cristiano y el islámico. Sólo el más violento vencerá. Todos compiten por el mundo, por el gobierno del mundo.
Se trata de plantear la cuestión desde el terreno propio, el étnico, el ancestral. En el caso europeo, desde la cultura griega, romana, celta, germana, eslava… En el nombre de nuestros antepasados indoeuropeos y no-indoeuropeos (fineses, húngaros, lapones, estonios, pueblos del Caucaso).
Retomar la democracia como parte de nuestra cultura política. Forma parte del legado de los pueblos europeos.
Nada de ideologías universalistas de salvación o liberación, religiosas o políticas. Dejemos a los pueblos en paz.
Mostremos, los diversos pueblos, de lo que somos capaces. Los europeos, los chinos, los indios, los japoneses… las culturas étnicas supervivientes, grandes y pequeñas. Compartamos sabiamente nuestras culturas ancestrales. Lejos de credos universales religiosos y políticos.
Guerra contra la sumisión, contra la alienación de los pueblos en nombre de credos universales.
La impostura universalista en virtud de la cual se destruyen mundos, culturas, pueblos. La arrogancia y la soberbia de sacerdotes y políticos, de intelectuales progresistas.
La crítica a las tradiciones en Europa por parte de los partidos progresistas. Pero aquí se toman las tradiciones cristianas como algo nuestro, como las tradiciones antiguas. Las costumbres religiosas cristianas extranjeras, impuestas en su momento.
Habría que ir más allá de la cristianización para encontrar nuestras verdaderas tradiciones autóctonas.
Lo primero es dilucidar esta cuestión. El cristianismo es extranjero en nuestra tierra, y extraño a nuestro ser, como lo es el islamismo. Son ideologías universalistas de origen semita.
Estas ideologías, dicen los progresistas, son un freno para el progreso, para la democracia universal. Pero también la ideología cristiana, así como la islámica, son ideologías universales. Es una lucha entre ideologías universales. Compiten entre sí por el gobierno del mundo.
No lo antiguo se oponía a lo nuevo, sino el universalismo cristiano, en nuestro caso, se oponía al universalismo democrático. Estas son las circunstancias que rodean el renacimiento de nuestra democracia. Fuimos atrapados por el lenguaje universalista del cristianismo. Convertimos nuestra democracia en universal.
La cristianización que sufrimos en su momento nos despisto de nosotros mismos. Desde entonces vagamos sin rumbo.
La superación del período cristiano sin la recuperación de lo autóctono nos volvía a dejar a la deriva. Sin raíces, sin conexión con el pasado. Es el terreno baldío en el que –espiritualmente- vivimos.
No recuperamos el nexo con nuestros antepasados, cortamos amarras espirituales con el pasado cristiano, pero también con el pasado romano, griego, celta, germano…
Nos hemos olvidado de nosotros mismos. Nos liberamos de la madrastra cristiana, pero no fuimos en busca de nuestros Padres. Seguimos huérfanos y desarraigados. En nuestra propia casa, en nuestro propio hogar. Aún.
Seguimos alejados, espiritualmente extrañados, lejos de casa, con la mirada puesta fuera de nosotros, en el universalismo democrático o comunista, islámico o cristiano… Fuera, lejos, a la deriva, botando de uno en otro. ‘Alguno ha de ser el verdadero’.
El lenguaje de ‘la religión verdadera’, ésta es otra aberración que nos legó el universalismo cristiano.
Las culturas étnicas no discuten sus mundos respectivos. No se trata aquí de ver cual mundo simbólico es el ‘verdadero’. ¿Verdadero con respecto a qué?
Desde las respectivas culturas autóctonas. Cada pueblo con su cultura generada y recibida desde antiguo. Desde su propio mundo. Estos mundos –las culturas étnicas- carecen de vocación universalista. No combaten ni intentan destruir las tradiciones del pueblo vecino.
Ésta es la actitud que hay que recuperar. Superar de una vez el período de dominio de ideologías universales religiosas o políticas. Dejémonos estar, dejémonos ser.
El retorno a casa, la vuelta en sí. Una vez superado el hechizo universalista.
La reanudación es esencial para los pueblos que han sufrido procesos de aculturación y enculturación. Es recuperación del sentido, del ser. No de un ser general, abstracto, inconcreto… vacío, en verdad, sino de un ser particular, étnico, concreto. Milenario, por otro lado.
La discusión que se tiene ahora, en España, entre los sectores cristianos y el PSOE (en el Gobierno) a cuento de la asignatura ‘Educación para la ciudadanía’. Es la ciudadanía universalista democrática. Los sectores cristianos acusan a la asignatura de ser un adoctrinamiento por parte de las ideologías de izquierda. Este adoctrinamiento (que es real) colisiona con los intereses del clero cristiano partidarios del adoctrinamiento cristiano, claro está. Colisionará igualmente con el clero musulmán, por supuesto.
Las ideologías universalistas compiten entre sí.
La discusión se plantea mal. A conciencia. Los sacerdotes cristianos han adoctrinado en exclusiva a generaciones y generaciones de europeos. Hasta ayer mismo; hoy mismo lo siguen haciendo.
Los distintos adoctrinamientos universalistas pugnan entre sí.
La instrucción universalista, sí es efectivamente adoctrinamiento. Religioso o político.
La ‘paideia’, la educación desde un punto de vista étnico, no puede ser considerada adoctrinamiento. No una doctrina, o una ideología, o una fe, reciben los recién nacidos, sino la herencia cultural, el legado de los antepasados, el mundo simbólico todo. Milenios de sabiduría.
Volver a ser celtas, y germanos, y griegos, y romanos… Europeos al fin. Que nuestros niños sean europeos, no cristianos o musulmanes o demócratas o comunistas.
Volver a cultivar lo propio. La herencia cultural, bienes inalienables e inapropiables de un pueblo. Recuperar la Europa europea, situarnos. Desde Europa, desde la Europa gentil. Desde Europa venceremos, bajo el signo de Europa.
Europa es un valor para nosotros, los europeos. Es una palabra ‘talismán’. Al solo nombre de Europa. Lo que este sagrado nombre evoca en nosotros, los europeos.
Las culturas étnicas han de tener voz en este planeta dominado y desgarrado por ideologías universalistas. Tenemos culturas étnicas en vías de extinción. Nosotros, los europeos, tenemos medio destruido nuestro patrimonio. No fue sólo una destrucción material –documentos, monumentos…-, sino psicológica también, espiritual. Destrucción de datos, de información. Restos, ruinas, fragmentos de nuestros antepasados nos dejó la violenta cristianización.
Con lo que tenemos, empero, hemos de volver a comenzar. Volver a ser.
Después del invierno supremo, después del largo milenio cristiano.
Es menester que despiertes Europa. Nuestra tragedia aún no ha terminado. Surt rebrota, el fuego de Surt. Es el último acto, es la batalla final.
Europa, aquí y ahora, en este trance en que nos encontramos, puede hundirse y desaparecer para siempre. Es una situación límite que afecta a toda la comunidad de pueblos europeos. Veremos si no será éste nuestro último ocaso.
Europa, apenas renacida, hundida otra vez en un invierno supremo. No resistiremos este golpe, desapareceremos. La derrota supondrá, esta vez, nuestra efectiva desaparición.
No más hibernaciones, se acabó. Es el definitivo invierno supremo. La muerte y el olvido caerán sobre todos nosotros.
El momento presente. Situarse en el momento presente sin perder de vista las líneas que conducen aquí. Estos momentos tendrían que ser terminales para las vías universalistas. Hasta aquí llegó su poder, diríamos en su momento.
Acabar con el período de ideologías universalistas y totalitarias. Recuperación de las culturas autóctonas. Reanudar, recomenzar.
Guerra contra las ideologías totalitarias extranjeras, en el nombre de las propias tradiciones. Desde nuestras propias tradiciones, en defensa de nuestras tradiciones, de nuestros mundos. Porque el dilema que se nos plantea es, o los nuestros, o los suyos. No podemos volver a perder nuestros mundos. No podemos perder esta batalla.
Si nada hacemos, estamos derrotados de antemano.
El día que nuestras leyes universales se transformen en leyes para los europeos, que no afecten más que a los europeos.
Reconocimiento del carácter étnico, cultural, ancestral de nuestras instituciones. No son universales, no las proponemos como una panacea universal. Pero tenemos que cuidarlas, tenemos que velar por nuestras instituciones, y defenderlas de cualquier agresión.
Cómo exorcizar el fantasma monista (maniqueísta), universalista y totalitario. Cómo eliminarlo de nuestro camino.
Que los pueblos, una vez liberados de estas ideologías, se recuperen, vuelvan a ser. Un nuevo período en la historia de los pueblos. Preservar la riqueza cultural del planeta, la pluralidad de culturas étnicas. No podemos perder estos mundos a causa de las cuatro o cinco ideologías universalistas que desgarran el planeta. Tenemos que vencerlos, que dejarlos atrás.
Es una guerra contra la uniformidad del planeta –religiosa o política. Unas pocas ideologías se reparten los pueblos, compiten entre sí por el dominio total del mundo. Las áreas de dominio de los respectivos universalismos soterran numerosas culturas y pueblos que carecen, por ello mismo, de voz propia, cuasi-extintos.
El triunfo cabal de cualquiera de estos universalismos supondría la definitiva destrucción de los mundos, de los pueblos. Un desarraigo universal. Hombres y mujeres sin historia, vacíos.
La cuestión está, pues, entre una concepción étnica o una concepción universalista de la democracia.
Europa se encuentra en un estado de debilidad espiritual extrema. El espíritu, el genio de Europa, languidece.
Este nuevo universalismo que elevamos a las alturas es prestado, no nuestro, heredero del universalismo cristiano, e igualmente alienante y mixtificador. Por lo demás, sigue extrañándonos de nosotros mismos. Languidecemos fuera.
El primer compromiso que hemos de tener es con nosotros mismos, lo nuestro es lo primero.
Comprometidos con el destino de Europa. ¿Quién se siente hoy comprometido con el destino de Europa? ¿No es Europa ignorada por los propios europeos? Esto es también alienación, extrañamiento. ¿Dónde estamos los europeos, en qué mundo vivimos?
Nuestros ideales universales nos extrañan de nosotros mismos. Nos distraen de nosotros mismos. Seguimos, espiritualmente, fuera de Europa.
Retorno a lo propio, recuperación de lo propio ancestral y autóctono. Lejos de lo cristiano, de lo musulmán, de las ‘Declaraciones universales’, de actitudes universalistas y totalitarias. Cerca de nosotros, dentro de casa.
Es la inercia del extrañamiento primero, cuando la cristianización. La desconexión, el desarraigo. El vagabundeo, el nomadeo. Lejos, fuera de casa, a la deriva. El europeo errante. Olvidándose que tiene patria, hogar.
Es una línea milenaria la que a nosotros conduce. La ruptura, el corte, cuando la cristianización, no ha sido resuelto. La herida sigue abierta. Ese trauma aún nos condiciona.
Nos condiciona en la medida en que el retorno es impensable ¿por qué? El exilio es absoluto. Una vez vencido el dios judeo-cristiano no resolvimos nuestra orfandad. Quedamos huérfanos cuando la cristianización y en manos de la comunidad cristiana (la madrastra) y el padrastro, el dios extranjero (el sacerdote cristiano, su representante en la tierra). Vencida o superada esta situación sólo quedaba la recuperación de lo propio. Retomar el pasado pre-cristiano, hacer justicia a nuestros antepasados vituperados y mancillados, reconstruir nuestros templos, recuperar nuestras tierras sagradas.
Pero nada de esto pasó. Nos olvidamos de los antepasados, de las culturas propias, del dios autóctono.
Queda pendiente, sin embargo, esta recuperación. Es asunto pendiente para los europeos.
Doscientos años no son nada, es el tiempo que ha tardado la democracia en extenderse por toda Europa.
Las circunstancias actuales ponen en cuestión el ideario de nuestras constituciones democráticas, concretamente, su universalismo. Las consecuencias que tiene para nuestro futuro ese universalismo poroso.
Podríamos imaginar una recuperación de las culturas autóctonas al par que una recuperación de la democracia étnica, estrictamente europea.
Pero no fue así. Nuestros ancestros siguieron olvidados, y ahora nos embarcamos en una nueva aventura universalista, y procuramos su expansión por todo el mundo. Lejos de casa. Entretanto, el Islam se nos cuela por los trasteros y hace tambalearse nuestras libertades en nuestra propia tierra. La casa descuidada.
El veneno, el hechizo universalista nos afectó. Tenemos que superarlo. No es legítimo universalizar lo particular. Europeizar, o arabizar, o judaizar, a todo el mundo. No es cuerdo, no es sensato, no es bueno.
Todos las globalizaciones (la cristiana, la islámica… la comunista) han sido destructivas y violentas. La democrática actual, liderada por los USA.
Dejemos a los pueblos en paz, nosotros los europeos. No prosigamos esa vía.
La réplica laica del universalismo cristiano no cubrió el hueco que dejaba el cristianismo. No lo cubrió la ‘Declaración universal’, ni la ciencia, ni la filosofía, ni el arte. Ese hueco sólo lo cubrirá el que lo ocupó antes de la impostura cristiana. El cristianismo usurpó el lugar que no debía. Expulsaron a nuestros antepasados y nuestros mundos de nuestra memoria y ocuparon su lugar. Como el Islam en Persia, o el budismo en Tíbet. Exactamente igual; es la misma impostura, la misma usurpación.
Ese hueco, ese lugar, pues, le pertenece a nuestros antepasados, al dios autóctono, al legado milenario. Es el espacio de lo alto, el mismo cielo. Es la recuperación de los cielos propios lo que queda. Lo único que resuelve la orfandad y el desarraigo de los pueblos. La reanudación.
Esto nos falta a los europeos. La vuelta en sí. Volver en sí, despertar.
Es un pequeño laberinto el que nos detiene. Apenas nada. Una pequeña confusión. El despiste nos viene desde el trauma de la cristianización. Ahí empezó nuestro extrañamiento y exilio. La vuelta es lo que queda, el regreso, el retorno. El giro que nos devuelve a casa.
Es lo primero, es lo único que hay que hacer para salir de este embrollo. Un paso atrás, al estado previo a la cristianización, al proceso de aculturación y enculturación que padecimos. Desandar el camino, deshacer el nudo.
El mundo griego, el romano, el germano, el celta, el eslavo, el balto. Necesitamos, los europeos, templos propios, liturgia propia, fiestas propias. Nuestro panteón, nuestros patriarcas, nuestro santoral. Antepasados, Manes. Nuestras tierras sagradas. Olimpia, Delfos, Upsala, Arcona… Recuperar estos centros sagrados. La Europa gentil.
Superar el período de extrañamiento, el exilio. El retorno, la vuelta a casa.
Piénsese en esto, los desencantados del cristianismo se hacen musulmanes, budistas, hinduistas… van de ideología universal en ideología universal. El exilio espiritual condiciona su deriva. Lo que menos se les ocurre es un retorno a casa. Es en lo que menos piensan, es como una opción descartada de antemano, no entra en el juego de posibilidades ¿por qué?
Hasta qué punto fue exitosa la destrucción de la memoria. Como si nunca hubiéramos sido. Ésa fue la labor de los sacerdotes cristianos. Este genocidio cultural, este crimen espiritual. Parricidio, nuestra orfandad espiritual. Deicidio también.
Estos usurpadores, estos impostores, nos engañaron con respecto a nuestros antepasados, nos lo desfiguraron, mancillaron su memoria, nos ocultaron su luz. Destruyeron cuanto pudieron, se destruyó cuanto se pudo. Destrucción masiva de documentos y monumentos, de información. Los sacerdotes y la comunidad cristiana, la ‘ecclesia’, la madrastra, la ‘umma’ cristiana.
El exilio espiritual hace muy difícil el retorno a casa. El retorno no cuenta, eso es todo. Esa posibilidad es como si no existiera.
En el extrañamiento espiritual se pierde de vista el mundo propio. El mundo propio es sustituido por un mundo extraño, ajeno; con las generaciones, termina por olvidarse y desaparecer casi. Cada pueblo, espiritualmente extrañado, puede evocar su caso.
No es justo este desarraigo, no es justo el abandono en el que quedan nuestros antepasados. Nuestros mundos desolados.
Las áreas de dominio de los diferentes universalismos son áreas globalizadas, con población desarraigada, homologada, y adoctrinada.
Exceptuando China, Japón, India (no del todo libres de ideologías universalistas) y las pequeñas culturas étnicas que sobreviven, todo el resto del planeta está en manos de ideologías universales. Es el área de dominio de la tradición judeo-cristiano-musulmana la más extensa y desgarrada. El pansemitismo (sus distintas ramas).
Los pueblos islamizados, pongamos por caso, que apenas conserven información acerca de su pasado pre-islámico. Si en algún momento de su camino abandonaran el Islam ¿con qué cubrirían el espacio que éste ocupa? El vínculo espiritual con el cosmos. La superestructura sagrada. Una vez destruida la autóctona, una vez desarraigados.
Estoy pensando en los europeos a la caída del Antiguo Régimen, que fue el principio del fin del período de poder de los sacerdotes cristianos en Europa después de aproximadamente mil quinientos años. Piénsese en el vacío espiritual resultante. El pasado pre-cristiano yace inerte y olvidado. El dios judeo-cristiano pasa a la historia para la mayoría de los pueblos europeos, muere, se podría decir. Y así se dijo, la muerte de dios. Pero el dios judeo-cristiano-musulmán no es el único dios posible. Lo que muere, para nosotros, los europeos, es el dios judeo-cristiano-musulmán, el dios extranjero. Esa muerte, empero, causa un vacío espiritual del que Europa aún se resiente.
Al desarraigo y extrañamiento espiritual primero se le suma ahora el desarraigo provocado por un nuevo universalismo trans-cultural heredero del anterior universalismo cristiano. Seguimos olvidándonos de nosotros mismos. Nos alejamos aún más, y el extrañamiento primero no ha sido resuelto.
Vagamos, vamos de ideología universal en ideología universal, o nos refugiamos en culturas étnicas exóticas. Nuestros propios mundos quedan relegados. Como descartados de nuestro horizonte espiritual. Como definitivamente idos.
Estos mundos, sin embargo, guardan el sentido de nuestro ser simbólico, y son el bien más preciado que poseemos. Algo verdaderamente nuestro.
Somos un pueblo milenario, los europeos, no nacimos ayer con la ‘Declaración universal’, ni antes de ayer, cuando la cristianización.
Los mundos nuestros nos esperan, sin duda.
¿Qué defendemos, pues? Defendemos Europa, miles de años de vida nuestra, de antepasados nuestros; de nuestra carne y nuestra sangre, de nuestro espíritu; de nuestro genio y nuestro numen.
Situarnos en Europa, desde Europa. Sólo desde Europa, y como europeos, venceremos cualquier agresión.
El internacionalismo y el universalismo de nuestra izquierda, que proceden de la ‘Declaración universal’, no nos sirven para defendernos de la invasión ideológica y demográfica islámica. Tampoco nos sirve el universalismo cristiano. Éste compite con el Islam por el dominio del mundo, es una guerra fratricida secular. Nos veríamos enzarzados en una querella absurda y criminal. De la que ya tenemos experiencia, por otro lado. Las guerras entre la cristiandad y el Islam a lo largo de los siglos medios, y hasta nuestros días (el dominio turco en Europa). Es una querella antigua y odiosa la que sostienen cristianos y musulmanes por el dominio del mundo.
El único frente que nos queda es el autóctono, el nuestro, el ancestral. En el nombre de la Europa europea, de la Europa gentil. Bajo este signo venceremos. Como europeos, simplemente. No en nombre de Cristo, o de la ‘Declaración universal’.
Es esta Europa la que ha de enfrentarse al enemigo, a la amenaza de destrucción que la ronda. La ‘umma’ musulmana extranjera que nos invade.
Éste es el problema que en estos momentos tiene que enfrentar Europa. Desde dónde lo hace es la cuestión. Qué estandartes repelerán la agresión. En nombre de quién.
Germanos, celtas, griegos, baltos, eslavos… pueblos europeos. Recuperad la memoria. Sean los pueblos de Europa los que repelan la agresión. En el nombre de los pueblos de Europa. En el nombre de griegos y romanos, de celtas y germanos, de baltos y eslavos… En el nombre de Europa. Desde la Europa europea, desde la Europa gentil.

*

Manu Rodríguez
Desde Europa
mannus000@hotmail.com

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