3) A propósito de los anti-taurinos

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viernes, 11 de septiembre de 2009

3) A propósito de los anti-taurinos

A propósito de los anti-taurinos.
Manu Rodríguez. Desde Europa. 06-09-08

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En Europa, la fiesta del toro, la cultura del toro, se extiende por una vasta región que cubre toda la península ibérica y parte de la antigua Galia.
Es, sin duda alguna, milenaria, y ha sufrido transformaciones; adopta, además, múltiples formas.
Es altamente simbólica (colectiva) en la región donde se la cultiva. Es una forma de vida.
La muerte está presente en todas y cada una de sus manifestaciones; la muerte en las plazas, en las calles, en las capeas, en las tientas, en los encierros.
Los que siguen estas tradiciones son conscientes del aspecto duro, brutal, terrible, trágico… mortal, del juego con el toro.
La comida ritual de la carne del toro sacrificado, asimismo, también presente en algunas de estas tradiciones. La comunión.
Hay aspectos oscuros en estas celebraciones (su origen, su historia). Se debe a su antigüedad, así como a las vicisitudes que ha padecido –su paso por el período cristiano, que al principio la negó y posteriormente la asimiló (la profanó), por el período ilustrado, y, actualmente, los anti-taurinos.
La oposición del cristianismo es comprensible, fue catalogada como fiesta pagana; la oposición actual, que tiene su origen en el espíritu y la sensibilidad de los ilustrados, alega valores de civilización y progreso. Tildan la fiesta de bárbara, cruel, inhumana, incivilizada.
Es obvio que los bárbaros, crueles, inhumanos y demás, son los que participan en estas fiestas. Los hombres y mujeres que comulgan con estas fiestas.
Hay que decir que los taurinos son los primeros en reconocer los aspectos terribles de estas festividades, de estas celebraciones, de estos rituales. El castigo que sufre el toro, la muerte misma del toro. Los taurinos no niegan estos aspectos, los asumen, con todo. Todos los que participan en la cultura del toro asumen el dolor, el peligro, y la muerte -la propia, y la del toro.
Ésta es su particular sensibilidad y su particular lógica. Así viven, y así quieren seguir viviendo.
Los anti-taurinos carecen, por lo pronto, de sensibilidad social y cultural; me refiero a los anti-taurinos de aquí, a los nuestros, a los europeos; los extranjeros no tienen nada que decir en este asunto.
Quieren eliminar estas tradiciones. ¿En nombre de quién? ¿Desde dónde? ¿Con qué derecho?
Hablan en nombre de una sensibilidad y una objetividad pretendidamente universales.
No hay tal. Es su sensibilidad y su particular subjetividad lo que ellos universalizan.
Es oposición de subjetividades y sensibilidades, pues.
Amigo mío, el otro no es que carezca de sensibilidad, sino que su sensibilidad es otra, y otras sus razones.
Tú hablas desde tu sensibilidad y tu subjetividad. Tu actitud es arrogante, dogmática, e intolerante.
Conviertes tu particular sensibilidad en la única posible. No hay otra(s).
Pretendéis pasar por los puros, por los buenos. Vuestra bondad, sin embargo, es fea, es hostil.
Difamáis lo que desconocéis. Adolecéis de cultura, de lógica (de razón común), de sensibilidad para con vuestro pueblo.
Habláis en nombre de vosotros mismos, desde vuestra particular sensibilidad; desde vosotros mismos. Es vuestra voz y vuestra razón las que se manifiestan. Vuestra particular opinión.
Os oponéis, sin razón, a otra u otras sensibilidades. Pretendéis imponer la vuestra. ¿Con qué derecho?
Vuestra gesta es la gesta de Narciso. Narciso tiene muchos rostros. El pseudo-orfismo griego es uno de ellos.
El talante arrogante, dogmático, que desconsidera al otro (su sensibilidad, sus razones, su ser), que niega al otro; que intenta por todos los medios posibles universalizar su propio discurso, eliminar todo otro discurso.
Estos anti-taurinos que no respetan a sus propios conciudadanos; que quieren imponernos su visión, su opinión, su particular mundo; que sin educación alguna hostigan a sus vecinos censurando sus tradiciones ancestrales. ¿Por qué?
No sois representante de nada más que de vosotros mismos. No aleguéis ninguna ley, no invoquéis ningún principio remoto, no busquéis legitimar vuestra agresión con ninguna ley sobrehumana.
Habláis desde vosotros y en nombre de vosotros, y es vuestro capricho que desaparezcan las fiestas taurinas.
Invocáis a la civilización, pero es una civilización construida a la medida de vuestros deseos, de vuestra imagen.
No hay objetividad, amigo, hermano, convecino. La fiesta de los toros choca, simplemente, contra tu sensibilidad. No participes en ella, entonces, réstale número, potencia.
Que sois el futuro, dices. Pero ¿qué te hace pensar que la deriva cultural conduce precisamente a vosotros? ¿En que te basas?
La actitud de muchos que no son taurinos –sin ser por ello anti-taurinos- es la de no asistir a estas celebraciones. No le dan su apoyo, no participan. Es una actitud respetuosa y respetable. Es la bondad-bella-de-ver.
La actitud de los anti-taurinos, por el contrario, no es ni respetuosa, ni respetable.
Es una actitud ofensiva y destructiva. Arrogante. Se sienten legitimados ¿por quién, por qué? ¿En nombre de qué o quién? Legitimados para arremeter contra un sector de la población con ánimo de eliminarlo; de eliminar esa sensibilidad, esa razón, esa cultura, esa forma de vida.
Ésta es la no-bondad, la bondad fea; la que, a primera vista, parece bondad.
Falta de coherencia. ¿Por qué no se manifiestan a las puertas de los mataderos, por ejemplo? ¿Son vegetarianos? Tendría que ser una actitud más general, con varios frentes. Tendrían que estar más homologados, formar algo así como una ‘ecclesia’, una ‘umma’, una comunidad homologada. Les falta el uniforme y algunas costumbres propias –bodas, entierros y demás. Se opondrían así al resto de la comunidad. Como hicieron los pseudo-órficos. Se oponían y censuraban a sus conciudadanos. Se postulaban (su vida y sus costumbres) como modelos para el resto de la comunidad. Ellos eran los perfectos, los buenos, los puros.
El anti-taurinismo actual no es más que la cresta, la punta del iceberg. Descansa sobre algo que tiene mucho que ver con las ideologías -universales- de salvación. Va contra los pueblos, contra las tradiciones milenarias.
El universalismo de estas actitudes: ‘Todo el mundo como nosotros’. El apostolado, la predicación, la expansión. Las estrategias de promoción. Es una actitud hostil y desconsiderada. El universalismo, el hombre universal; más allá de pueblos y culturas.
Talante autoritario y dogmático. No nos dejemos engañar por sus suaves palabras. Su finalidad es la destrucción de lo que no sea de su agrado. Ahora, hoy, son las fiestas taurinas.
Son los puritanos de siempre. Que vuelven, que retornan. Y como siempre, quieren imponer su ley, su imagen, su mundo. Quieren mandar, sencillamente, quieren el poder, quieren el predominio de lo suyo; imponer su escala de valores. Como hicieron (y hacen) los cristianos, los budistas, los musulmanes… allí donde lograron (o logran) el dominio. Las respectivas homologaciones.
¿Va la deriva cultural –la nuestra, la europea- hacia un nuevo puritanismo totalitario semejante a las viejas ideologías de salvación? El universalismo es omnipresente, todos hablan ‘urbi et orbe’. La paz universal de Kant, por ejemplo.
La arrogancia universalista. La creación de los modelos (universales) de conducta –los ‘grandes hermanos’. El hombre universal. Las éticas universales.
Hablar desde una ética universal; el internacionalismo, el universalismo de nuestras leyes. La pretendida objetividad de estas leyes oculta el origen (parcial, relativo, histórico, cultural, étnico) de estas ideologías.
La manía universalista, totalitaria, globalizante. Ésta o aquélla. No se ofertan más que ideologías y actitudes universalistas. Homologaciones diversas.
La etnicidad de las culturas. No susceptibles de ninguna homologación. La multiplicidad, los modos diversos, la diversidad. La riqueza cultural del planeta.
Los anti-taurinos hablan en nombre de una ética que se pretende universal y objetiva. En nuestro espacio, el espacio de las fiestas taurinas, ignoran las razones étnicas y milenarias de estas tradiciones. No les importa hacer tabla rasa –a partir de ellos; la muerte y el olvido para todo el pasado que les precede. Tiempos bárbaros e incivilizados, dirán.
Ésta es una vieja canción. La han conocido los pueblos en los procesos de cristianización, de islamización, de budistización…
Estos salvadores se legitiman a sí mismos para destruir todo signo de cultura contrario a su talante, a su visión, a su mundo. Lo han hecho, lo hacen, y lo harán.
Estos contemporáneos no son diferentes. Recurrirán a la ley, a las Constituciones de los pueblos. Los modernos decálogos, los nuevos modos de dominio de unos sobre otros. Se impondrán desde ahí, como antaño lo hicieron con textos religiosos y legitimaciones sobrenaturales.
No nos engañe la suavidad, la sonrisa, el pliegue sacerdotal. Faltos de cordura, de sensibilidad (social, cultural) para con su propio pueblo, de comprensión.
Pretenden dar la sensación de que la razón está de su parte. Sólo si jugamos su juego. Sólo desde su discurso, desde su razón.
Este pretender hablar desde la Razón (con mayúscula), la única razón. Dar la sensación de que su posición es inatacable.
Denota incultura (filosófica, al menos) eso de hablar desde la objetividad; o decir que su actitud ética (conductual) es más objetiva o razonable que la otra –que cualquier otra. Esta manera de hablar ya no se la consiente ningún pensador serio y honesto.
No hay tal, hay subjetividad y subjetividades más o menos colectivas (compartidas). Los puntos de vista, las perspectivas, pululan.
Es producto de la ignorancia –de cierta ignorancia, imperdonable, por otro lado, en un pensador- el sostenimiento actual de actitudes (éticas) universalistas y objetivas. Sin olvidar la arrogancia y la presunción que esto denota.
No hablan, pues, desde la Razón común, sino desde su razón. Su discurso no es objetivo, no va más allá de las subjetividades. Ese dios del que habláis es tan sólo vuestro dios.
No tenéis derecho a eliminar o exigir la prohibición de actitudes vitales y culturales por el mero hecho de que no sean de vuestro gusto o choquen contra vuestra sensibilidad. Sois una parte de la población, no representáis a la totalidad, que es plural. Pretendéis usurpar la palabra de todos. Que vuestra palabra sea la ley. Estáis locos y sois peligrosos.
¿Algo os dice que sólo vosotros tenéis la razón? La certeza es la locura, amigo.
Quien no esté con vosotros es un ser insensible e irracional. Así pensáis.
Según su propio discurso, quién no está con ellos está contra la razón, contra la verdad, contra la bondad; es un ser irracional, que vive en la mentira, malo. He aquí su lógica; su dualismo ético, antropológico, sociopolítico…; su maniqueísmo profundo. Al otro se le niega sensibilidad, cordura, verdad.
Ellos son los buenos, los puros. Los que no comulguen con ellos son los malos, los que no saben lo que dicen ni lo que hacen, los que están equivocados.
Ésta es la lógica del que se arroga la verdad, la lógica, la razón, la bondad. Ésta es la razón de la sinrazón; ésta es la lógica de la locura.
Peligrosos, hostiles. Estos buenos, estos puros.
Todos los que aman la mascara gustan de la moral (ésta o aquélla). Las morales universales son el refugio de los hipócritas de todo tipo; es su mejor trabajo, su obra maestra, se diría. Los puritanos, los que a sí mismos se denominan puros y buenos. ‘Nosotros somos los mejores’, esta arrogancia y presunción, implícitas, por lo demás, en sus propios textos programáticos (religiosos o políticos). Todo el planeta conoce la garra de estos buenos. Los puritanos de todos los tiempos y latitudes.
A sí mismos se otorgan el derecho de censurar, de prohibir, de vigilar, de castigar. Lo que esconden los buenos, los puritanos. ¿Por qué quieren prohibir aquello que no les gusta? Apelan a las autoridades. Quieren que su palabra, que su voluntad, se convierta en la ley. ¿Qué harían si tuvieran el poder? ¿Qué hacen cuando lo logran, qué hicieron cuando lo tuvieron? Tenemos sendas muestras de su conducta para los casos tales. El despotismo, la tiranía; la vigilancia, la persecución… la vaporización del otro.
Estos nuevos creyentes, estos tenebrosos iluminados. Apropiándose, como siempre, del lenguaje del amor y de la bondad. Usurpando la ley, la razón, el discurso. Monopolizando.
No debe tranquilizarnos su escaso número. Ya están aquí, ya han entrado en la ronda de pretendientes, en la competencia. Concurren. Compiten con otras ‘ecclesias’, con otras comunidades, con otras sectas. Cristianos, musulmanes, budistas… Estos nuevos movimientos en los que lo anti-taurino no es más que una de sus manifestaciones. Una excusa, tal vez, para medrar.
Son un conglomerado de actitudes. Les une el universalismo. A sí mismo se denominan progresistas, de izquierda, revolucionarios. Ellos son el futuro, dicen.
Claro que también los musulmanes dicen que ellos son el futuro.
Las culturas y tradiciones étnicas, rodeadas por ideologías universalistas viejas y nuevas, grandes y pequeñas.
Sólo en nombre de una sensibilidad o de una razón universal, osan censurar las costumbres de sus vecinos. Requieren esta ley superior y trascendente a pueblos y culturas; la fingen, la crean, la difunden. Así se promocionan. Esa ley legitima su conducta, su voluntad de destrucción de una razón otra. El dios o la ley están de su parte; un dios y una ley a la medida de sus deseos. Es su voz y su deseo lo que escuchamos, su deseo de poder.
Hay que tener mucho cuidado con estas visiones monistas y universalistas.
La cultura se constituye de culturas; es un conjunto de conjuntos, por así decir. Está constituida por prácticas culturales diversas, éstas son como espacios o regiones.
Unas palabras sobre los pseudo-órficos. Comenzando por su propio nombre, los falsos órficos. Se apropiaron de Orfeo, e igualmente de Dioniso. Se opusieron a las tradiciones del entorno, se constituyeron en grupo aparte con sus propias festividades y costumbres. Censuraban las costumbres del resto de sus conciudadanos. La secta de los falsos órficos. Hacían predicación y apostolado de sus particulares creencias; hacían prosélitos, convertían (subvertían). Escindían a la población. Ellos mismos, una escisión. Contra los suyos, contra las propias tradiciones ancestrales, contra su propio patrimonio cultural. Quisieron acabar con estas tradiciones, cambiarlas por otras de su gusto. ¿Por qué?
Todos estos grupos que concurren, que compiten por gobernar, por regir las comunidades –según sus criterios. Según el particular criterio de cada uno.
Tenemos una visión deformada de estas actitudes que nos hace verlas favorablemente. Pasamos por alto su arrogancia y su hostilidad profunda, radical. Las suaves palabras nos confunden; el pliegue, la sonrisa sacerdotal.
Después de todo hemos sido educados por ellos. Durante siglos, durante generaciones.
No advertimos, entonces, su actitud hacia un sector de la comunidad como ofensiva, sino como una actitud, a primera vista, razonable y sensata.
Los anti-taurinos hablan desde un discurso universalista, desde una moral universal. Desde un discurso que se tiene por el único verdadero. Vemos normal este hablar ‘urbi et orbe’; no nos escandaliza esta usurpación, esta impostura.
¿Qué nos ocultan? O ¿Desde que espacio quieren que escuchemos sus palabras? Desde el espacio de la verdad, de la bondad, de la justicia universal y única. ‘Nosotros hablamos desde la razón, desde la sensatez; la razón está de nuestra parte’.
Según la ley, o el juego, que estos previamente han introducido, tienen poder para censurar y prohibir tal cosa o tal otra.
Están jugando su juego y nos hacen creer que es el juego común. Pero el juego común no censura ni prohíbe. Las partes no se niegan entre sí. En el juego común se cumple la bondad-bella-de-ver.
Cada cual a su juego y todos al común. ‘Ve tu vía’.
El juego sucio de los monismos. Ser el único juego. Las falacias, los argumentos sofísticos.
Los modernos movimientos no pueden recurrir a legitimaciones sobrenaturales que, al menos en Europa, están completamente desacreditadas.
Estas actitudes se quieren ahora ilustradas y racionales. Es un discurso que se sostiene desde el período de la Ilustración. La modernidad ilustrada en España, por ejemplo, y su anti-taurinismo.
El universalismo de los ideales bajo la Ilustración y la Revolución francesa, y hasta nuestros días.
Es un defecto de forma, podríamos decir. El universalismo en Kant. La paz universal. Los derechos humanos universales, el derecho internacional… Es, con todo, la universalización o generalización de lo particular.
Los modernos movimientos heredan el universalismo (y el totalitarismo) del cristianismo (este pasar de lo particular a lo general o universal).
No se conciben movimientos que no sean universalistas, para todos. El internacionalismo comunista, por ejemplo, o la democracia universal. Cada uno de estos discursos pretende imponerse sobre los demás.
Todos los discursos que se nos ‘ofrecen’ son universalistas, los políticos y los religiosos o para-religiosos. La intolerancia y el dogmatismo es lo que circula.
Las culturas étnicas (y las tradiciones étnicas), no vinculadas a ninguna ideología o actitud universalista, nada tienen que hacer en este entorno. Estas comunidades se oponen, por naturaleza (su diferencia, su mismidad), a los distintos hombres universales, a las distintas éticas universales que las solicitan, que las urgen. Son culturas menospreciadas y condenadas por todas y cada una de estas ideologías.
Los argumentos que se usan. Va contra el dios, contra la razón, contra la ley, contra la civilización. Argumentos que se usan para censurar y prohibir lo que no coincida con las respectivas visiones del dios, de la ley, de la razón, o de la civilización.
El hombre nuevo. El hombre nuevo en las distintas ideologías universalistas. Chocan entre sí, por lo demás. Los pretendientes, los ‘grandes hermanos’. Cuando hayan acabado con las tradiciones étnicas y ancestrales, combatirán entre ellos. Ya lo hacen.
Los anti-taurinos empiezan por ahí. ‘Primero los toros. Luego, ya veremos. Todo lo que contraríe nuestro gusto’.
La arrogancia y la insensatez de estas actitudes. Lo inconscientemente diabólico. La firmeza, la certeza que les da su fe. Prestos a matar y a morir por su fe.
Se auto-legitiman para arremeter contra el otro, contra el no-yo.
‘Tal o cual tradición no esta legitimada para hacer lo que hace’. Deslegitiman al otro. ¿En nombre de qué ley? ‘Lo que haces está mal’. Malignizan al otro. ¿Desde dónde?
Sólo si jugamos su juego. Sólo si concedemos que su discurso es ‘el Discurso’, que su razón es ‘la Razón’. Desde su terreno, como se suele decir.
Sólo desde tu propio punto de vista esto está mal. Niegas o ignoras el otro punto de vista. ¿A qué juegas?
Es un comportamiento indeseable. Falto por completo de educación, de sensibilidad cultural. Intolerantes, dogmáticos, arrogantes, necios. Peligrosos, por lo demás. Cuando consiguen el poder. Los períodos de dominio de estos universalismos (religiosos o políticos).
Universalizan lo particular y propio. Los muy sinvergüenzas. ‘Nosotros somos el camino, el modelo’. ¡Así no se juega, amigo!
Astutos y pedantes. Son los perfectos en la moral, ley, o jerarquía de valores que ellos mismos introducen. A sí mismos se denominan puros, buenos… ilustrados. Cuando jugamos su juego. Todos le estamos subordinados. Tretas de los ideólogos, de los sacerdotes, de los políticos. Ellos son los elegidos.
Nos quieren convencer para que juguemos su juego.
Es preciso tener mucho cuidado con estos movimientos aparentemente pacíficos. Usan los términos de Eros, pero su obra es muerte. La muerte o extinción de lo que no sea de su agrado.
Dado el carácter universalista de estos movimientos, una vez logrado su objetivo en su entorno inmediato (por las buenas o por las malas), no dudan en exportar su ideología a otros entornos culturales, más allá de sus fronteras. Contaminar y acabar con otras culturas, con otras tradiciones, con otras formas de vida.
La actitud de los anti-taurinos actuales es modélica en lo que respecta a las estrategias de dominio de estos puritanos.
No estamos ante los radicales anti-sistema. A estos se les ve venir. Su espíritu claramente belicoso. Hijos descarriados de Ares. No hay ejército para ellos, no hay causas. Por ello están donde están.
Los movimientos de salvación, pacíficos según sus palabras, siempre terminan usando la violencia, imponiendo a todo el mundo sus discursos. Totalitarios, dogmáticos.
Se consideran a sí mismos en posesión de la verdad. Todos y cada uno de estos movimientos considera su discurso como el único verdadero. Por ello luchan entre sí y buscan su mutua aniquilación.
Desde un principio usaron los términos de Eros. El amor y la bondad. La tradición judeo-cristiano-musulmana, el hinduismo, el budismo, los parsis, el pseudo-orfismo.
El Islam es paz, dicen los musulmanes. La paz de los cementerios, sin duda.
‘Nos quieren muertos, o viviendo su mentira’.
Nos engañan desde un principio con suaves palabras y argumentos sofísticos. Cómo se legitiman a sí mismos para negar al otro, para tacharlo, para borrarlo de la faz de la tierra. Para acabar con todo aquello que contraríe su gusto.
Estos movimientos comienzan su andadura atacando y negando su propia cultura, su propio mundo simbólico, el mundo en el que vino a nacer. Si el propio medio los expulsa o logra librarse de ellos –como sucedió en la India donde los sacerdotes budistas fueron expulsados por los sacerdotes hinduistas-, busca implantarse en otros medios, en otras culturas. Así hizo el budismo en Tibet, o el cristianismo en Europa y otros lugares (no tuvieron éxito en el propio medio, el hinduista y el judío, no pudieron destruirlos y sustituirlos, como era su intención).
No nos engañemos con estos anti-taurinos. Son de la misma naturaleza. Vienen claramente a destruir. Nos lo están demostrando desde un principio. Su hostilidad.
El pseudo-orfismo no consiguió medrar de forma suficiente en el medio griego, pero, junto con otras sectas y movimientos (pitagóricos, Platón-Sócrates y sus herederos), contribuyeron a debilitar la unidad griega. El propio pueblo hizo añicos las señas de identidad. Negando, criticando, censurando, ridiculizando… sus propias tradiciones. Cuando la riada de sectas orientales inundó Grecia, ésta no pudo oponer resistencia, escindida y fragmentada como se encontraba; faltaba la unidad espiritual, la coherencia cultural, el espacio simbólico común. Una de aquellas sectas logró apoderarse de Europa.
Universalizar el propio discurso, la propia sensibilidad. ‘Yo soy el modelo’. El mal de Narciso. ‘Los demás son estados imperfectos de mí mismo; hay que transformarlos, convertirlos… que sean como yo; el otro no se da cuenta, no sabe, está equivocado, miente’. Al otro se le discute o se le niega la sensibilidad, el saber, el ser.
Ésta es la actitud de estos puritanos, de estos narcisos, de estos locos. Lo que revela su comportamiento. Lo que se refleja en el espejo de Atenea.
Es obvio que cualquiera de nuestras costumbres peligra, corre el peligro de desaparecer. Cuando estos movimientos hacen su aparición en una cultura determinada. Vengan de dentro o de fuera, viejos o nuevos, religiosos o políticos.
Cuando una tradición cultural es amenazada, todo el resto de las tradiciones culturales deben sentirse amenazadas. Todas corren peligro. Ahora son los toros, mañana será el vino, o cualquier otra tradición cultural.
Una tradición cultural es un mundo simbólico que une a sus practicantes de manera religiosa.
No se trata, por supuesto, de que estos mundos simbólicos prevalezcan sobre los hombres y mujeres que los viven. No se debe el hombre al mundo simbólico, sino el mundo simbólico al hombre. Si tiene que darse alguna transformación o cambio, han de ser los que vivan tal mundo los que lo decidan; ha de ser desde el interior del propio mundo simbólico. No desde el exterior y siguiendo el capricho de otro sector de la población; porque molesta a tal o cual sector de la población.
Son los practicantes de las diferentes tradiciones los únicos legitimados para introducir cualquier cambio.
Nosotros velamos, mimamos el patrimonio. No excluimos la evolución, el cambio. La deriva cultural (simbólica) es un hecho. Que por sí mismas y desde sí mismas evolucionen las tradiciones. Un progresismo no traumático, podemos decir. Dejar estar, dejar ser.
Una cultura se constituye con multitud de tradiciones interrelacionadas. El intento de eliminar siquiera una parte, afecta al todo, a la totalidad de discursos emparentados.
Cualquier movimiento actual de origen europeo u occidental, tendrá que vérselas, en su momento, con el Islam. El Islam es el más violento de los discursos universalistas en la actualidad.
La bobería de estos ecologistas blandos será nada para el Islam. La libertad de la que hoy gozan para atacar a los suyos, para destruir su propio patrimonio cultural. Aún más, el Islam los toma como movimientos auto-destructivos de la propia cultura occidental, les favorece; limpian el terreno, facilitan el trabajo. Muchas de nuestras tradiciones habrán desaparecido después de la labor de zapa de estos ciegos, estos narcisos, estos descastados. Cuando el Islam entre en acción.
El insulto. ‘Yo considero tu costumbre como insensible e irracional’. ‘Si no estás con nosotros eres insensible e irracional’.
Ninguna costumbre está libre de crítica o censura. Tienen una imagen del mundo y quieren imponérsela a los demás. Que todos jueguen su juego. Ser el único juego.
Las fiestas taurinas tienen un origen arcaico y han sobrevivido al cristianismo, al islamismo, y a la Ilustración. Los movimientos anti-taurinos actuales se acogen al universalismo post-ilustrado. Hombre universal, derechos universales, paz universal, democracia universal.
En todo universalismo subyace la intolerancia, el dogmatismo, la inquisición. Son modelos de tiranías, de monismos (maniqueísmos) totalitarios. Sin olvidar a sus ‘grandes hermanos’, religiosos o políticos. El mal de Narciso; no aman sino su imagen, sólo encuentran satisfacción en su imagen.
Actitudes insultantes y hostiles. No pese a sus suaves palabras, sino en sus suaves palabras. Hay que advertir el insulto, la arrogancia, y la hostilidad en sus mismas palabras. Sus premisas y sus conclusiones.
¿Cómo es que universalizas tu discurso? ¿Cómo es que tu discurso es el único? La parte por el todo. La inducción. La usurpación también, la impostura. Error de perspectiva, ignorancia de las más elementales reglas de la lógica. Argumentación sofística, consciente o inconsciente. O mienten, o se mienten.
Amigo mío, si no estás de acuerdo con determinadas prácticas culturales ¡no la sigas! Nadie exige tu participación. Deja en paz a tu vecino.
Un poco de humildad y de modestia; un poco de cordura, de sensibilidad cultural, de razón común, de bondad-bella-de-ver; de espíritu coral para con tu propio pueblo. No te preocupes, no te faltarán enemigos, no le faltarán enemigos a tu propio pueblo. No seas tú enemigo de tu propio pueblo. Deja que estas prácticas evolucionen naturalmente. Evoluciona, tú también. Comprende al otro, la sensibilidad del otro. Acéptale. No seas hostil con tu hermano, con tu vecino; déjales estar, déjales ser. Modera tu deseo de poder, tu egoísmo, tu narcisismo; abandona tu fea actitud, tu insolidaridad para con tu propio pueblo. No le estropees la fiesta, no le amargues la fiesta. No censures al vecino, no busques su mal. Acepta su sensibilidad otra, su razón, su ser. Déjale estar, déjale ser.
No tienes razón alguna para hostigarlo e insultarlo. Nada ni nadie –salvo vosotros mismos- os legitima; sólo en nombre de vosotros mismos, según vuestra sensibilidad y vuestra voluntad. Queréis un mundo a la medida de vuestros deseos.
Su misma predicación es ofensiva, insultante. Como si su entorno careciera de sensibilidad, de razón, de ser. Arrogancia, presunción. Esto es lo que revela su comportamiento. Son molestos, de todas todas, estos predicadores. Les falta el espejo de Atenea; éste les permitiría ver su fealdad, su monstruosidad. Su egoísmo ciego, grosero. Su actitud desconsiderada. Al otro se le desconsidera, se le desupone cultura, información, reflexión; sensibilidad, naturaleza, ser. Quieren transformar la sociedad a su manera, a su medida (ellos son la medida). Un nuevo lecho de Procrustes.
Os desligáis de vuestros ancestros, de vuestras raíces; les negáis sensibilidad, cordura, ser. Renegáis de vuestros propios antepasados. Arremetéis contra vuestro propio pueblo. Estas tradiciones que te rodean, que te envuelven, que te acunan, forman parte de tu ser simbólico ¿cómo arremetes contra ellas? ¿Qué escondes? ¿Qué quieres, qué deseas?
Cuando estos movimientos aparecen, escinden, dividen, enfrentan a su propio pueblo. Traen la dis-cordia.
Piénsese en la definitiva cristianización de Islandia, cómo se produjo. La división y el enfrentamiento llegaron a tal extremo que el ‘althing’ decidió sacrificar las tradiciones ancestrales, el nexo con los antepasados. Vencieron los cristianos (los cristianizados, los convertidos, la ideología extranjera), acabaron con una cultura autóctona y milenaria. Pero lo mismo hicieron en el resto de Europa. Durante cientos de años lograron ser el único juego.
El universalismo ilustrado es heredero del universalismo cristiano. Éste penetró en nuestros hábitos discursivos. El ‘urbi et orbe’ ominoso y arrogante. Hablar en términos universales: ‘Todo hombre…, todo pueblo…’ La universalización del derecho (de nuestro derecho), de la política (de nuestra política)… Universalizamos nuestra particular cultura política (la democracia, el comunismo) y jurídica (el derecho internacional).
Los anti-taurinos usan el mismo discurso universalista, totalitario y excluyente que nuestros políticos y sacerdotes. No conciben las diferencias, las diferentes tradiciones.
Las soluciones, las salidas, son todas universales, totalitarias, globalizantes. Incluyen a todos los pueblos y tradiciones. Los desconsideran, más bien; no cuentan con ellos.
Las culturas étnicas. Muchas culturas étnicas y tradiciones ancestrales han desaparecido por causa de estas ideologías universalistas. En todo el planeta. Los efectos devastadores de la cristianización, de la islamización, de la budistización de los pueblos. Apenas si quedan culturas étnicas. Quedan tradiciones ancestrales que no han podido ser destruidas, aquí y allí; restos, reliquias de nuestros antepasados. Las fiestas taurinas son una de ellas.
Las tradiciones ancestrales, las culturas étnicas, nada pueden hacer en un entorno de ideologías universalistas hostiles a toda diferencia, destructivas.
Mi intención ha sido (y es) la de encontrar argumentos que contribuyan a desarmar a estos destructores de mundos; que les haga ver, también, su monstruosa actitud.
¿Desde dónde hablo? Hablo desde las culturas étnicas, desde las maltrechas culturas étnicas europeas pre-cristianas y pre-islámicas; desde las tradiciones que lograron sobrevivir y que hoy corren el peligro de desaparecer por causa de actitudes semejantes a aquellas que ya, en su momento, lograron destruir nuestras culturas autóctonas; las que acabaron con Grecia y Roma, con los celtas, con los germanos, con los eslavos, con los baltos… Hablo desde los antepasados mancillados, vituperados por unos y por otros. Su culto, su cultivo mismo, absolutamente descuidado.
Unificar, homologar según los diferentes patrones ideológicos. Los diferentes instrumentos de dominio. Ideologías universalistas de salvación o liberación, religiosas o políticas. Sacerdotes y políticos.
Los modernos movimientos, en Occidente, son una suerte de sincretismo entre las viejas religiones de salvación (elementos cristianos, budistas y demás) y ciertas utopías políticas (anti-utopías, habría que decir).
Se les puede considerar como sectas. Comportamiento sectario que busca adeptos para su causa; quieren miembros, dinero, influencia, poder. ¿Cómo se financian, podríamos preguntar?
¿Qué intenciones tienen? A los viejos sacerdotes y a los políticos les han salido competidores. Los ‘verdes’, por ejemplo, ya están en algunos parlamentos europeos. Si tal cosa llegara a suceder en el ámbito taurino no cabe duda de que tratarían –legalmente- de anular las festividades taurinas.
Ciertas ideas ‘progresistas’ se unen a estas actitudes anti-taurinas. En nombre del ‘progreso’ y la ‘civilización’. Progreso y civilización que se generalizan y universalizan sin discusión. La idea particular de un grupo al respecto, lo que debe ser el progreso y la civilización según estos grupos. Con la mayor indiferencia y en nombre de ideales universales y abstractos, se disponen a destruir su propio patrimonio cultural, los aspectos del propio patrimonio que no son de su agrado. Cortan, podan el árbol de la cultura autóctona según su gusto, su particular gusto; arrancan ramas del árbol de la vida de un pueblo, aspectos de la vida colectiva de un pueblo. Diezman la hacienda, el legado. Los pretendientes. Los cortapichas. Los ‘grandes hermanos’.
Es el ánimo de Procrustes. El ánimo del inquisidor, de los guardianes de la fe islámicos, del censor, de la policía política, del maltratador, del castrador de turno.
Con la mayor indiferencia hacia su propio pueblo. Los modernos demiurgos sociales. Dispuestos a recortar nuestras vidas, a moldear a su gusto y antojo nuestras vidas. Manos procrustianas.
Necios, destruís vuestra propia cultura, vuestro propio ser, vuestro sentido. A ti mismo te destruyes. Rasgos milenarios de la propia cultura, del propio ser simbólico. Tu pobre cultura, difamada, maltrecha ya, y deformada por la cristianización e islamización de Europa. Restos, fragmentos, reliquias deben ser para ti estos aspectos culturales arcaicos; lo que sobrevivió. Vuestro comportamiento es propio de descastados.
Los partidos políticos que se hacen eco (nunca mejor dicho) de esta sensibilidad (la anti-taurina) y promueven la desaparición de las celebraciones taurinas desde los parlamentos.
Este anti-taurinismo se considera moderno, progresista, revolucionario. Es vuestro progreso, sin duda, vuestra modernidad, vuestra particular revolución (vuestra particular promoción). Os constituís en vanguardia, forzáis a los tiempos a que sigan vuestra voluntad, vuestro capricho. Destruís, empero, vuestra propia cultura.
Movimientos autodestructivos. ¿Sois conscientes de lo que hacéis? Acabaréis con lo poco ancestral y autóctono que nos queda; con formas de vida que nos ligan a nuestros más remotos antepasados.
En el nombre del dios judeo-cristiano, se acabó con el culto a los antepasados y a los dioses autóctonos. Debemos mimar con devoción estas reliquias de nuestros tiempos pre-cristianos; de antes de perder el ser, de antes de que fuéramos privados de nuestro ser. Tradiciones que constituían nuestro ser. Nuestra dignidad también, nuestro orgullo. Aquello que nos distinguía, que nos diferenciaba.
La homologación de la población europea según el patrón cristiano. La destrucción de lo propio y la adopción de lo extraño, de lo ajeno. Los sacerdotes de divinidades extranjeras y los reyezuelos de la época lo consiguieron. Por la fuerza, por la violencia lo consiguieron.
Estos modernos movimientos, que también propugnan un hombre universal, una moral universal, y que piden –como siempre y como todos- el sacrificio del pasado en pro de la nueva sociedad, del nuevo mundo. Más allá de pueblos y culturas, contra pueblos y culturas, a pesar de pueblos y culturas.
Es la inercia universalista, totalitaria y dogmática, que introdujeron en el planeta las ideologías religiosas de salvación (tradición judeo-cristiano-musulmana, hinduismo, budismo y afines). La solución universal, la solución final. La perspectiva procrustiana.
Todo el pensamiento ilustrado (político, jurídico, filosófico) y posterior está afectado por este universalismo.
Todas las anti-utopías (distopías) tienen su origen en las ideologías de salvación religiosas y políticas. Las mismas ideologías de salvación son las anti-utopías reales que hemos vivido los pueblos. ‘1984’ cumplido bajo el cristianismo, bajo el islamismo, bajo el internacionalismo proletario (el comunismo).
Hablar en términos universales. Unificar, homologar. Los diversos criterios de homologación (globalización) compiten entre sí.
Desde la aparición de la clase política, es también una lucha por el poder entre sacerdotes y políticos. En el ámbito cristiano primero, y en el ámbito islámico en los tiempos presentes.
El pasado (autóctono, propio, ancestral) como opuesto a los ideales ‘revolucionarios’; como lastre, obstáculo para el ‘progreso’ o la ‘revolución’; para el surgimiento del hombre nuevo, del mundo nuevo –cristiano, musulmán… comunista, demócrata. La eliminación, la destrucción del pasado, la destrucción de la memoria. Para poder imponer sus ‘utopías’ religiosas o políticas. El pasado como obstáculo, el argumento recurrente usado por estos ‘revolucionarios’. Desarraigar, hacer tabla rasa.
Un pasado que se arroja a la muerte y al olvido, al que se le considera indigno de memoria. Antepasados, costumbres, tradiciones de todo tipo, borrados, tachados del árbol de la vida de un pueblo. Vaporizados.
¿Cómo oponerse? No desde otra ideología universalista, no desde otros ideales universales.
¿En nombre de quién, desde dónde? En nombre de los antepasados, desde la cultura propia, ancestral y autóctona.
¿Qué podemos hacer? Las culturas étnicas, las tradiciones seculares. Lo autóctono y ancestral carece de fuerza frente a las ideologías universalistas. Éstas son la voz del dios, de la ley, de la razón, de la civilización.
¿Desde dónde hablamos las culturas étnicas? ¿A quien apelamos? Negados nuestros dioses, abatidas nuestras razones. Deslegitimados en nombre de vuestros dioses, en nombre de vuestra razón.
No apelaremos a ninguna ley o derecho universal. No participaremos en esa farsa.
Venceréis, sin duda. Cualquiera de vosotros. Impondréis vuestro modelo de conducta, de sociedad, de mundo. Hundiréis al planeta entero en un invierno supremo. Pero no será el fin. En su momento llegará el deshielo, la nueva primavera.
Hoy mismo, el planeta entero desgarrado por las luchas de estas ideologías. Por la ambición de poder de sacerdotes y políticos. Sacerdotes y políticos compiten por el gobierno del mundo. El ridículo anti-taurinismo será barrido o asimilado por cualquiera de estos grandes universalismos (el Islam, la democracia universal…), por cualquiera de estos gigantes, de estos titanes.
No apelaremos, pues, a ningún ente o ley trascendente. Apelamos a nuestros antepasados, a nuestros dioses, a nuestra razón y a nuestra sensibilidad. Aunque vosotros los neguéis. Queremos preservarlos. Queremos seguir siendo.
No tenéis ningún derecho a imponernos vuestra moral, vuestra razón, vuestros principios, vuestros dioses. Vuestro comportamiento es hostil y agresivo. Queréis nuestro mal, buscáis nuestra destrucción.
Queda un juicio pendiente, el que realizarán los pueblos (las culturas étnicas) contra las ideologías universalistas, las religiosas y las políticas. Una suerte de genocidio cultural, el practicado por estas ideologías. La aculturación y enculturación de los pueblos, la erradicación de lo propio y la imposición de lo ajeno. Cientos de culturas han desaparecido por su causa. Será el juicio final, será el definitivo deshielo.
Nuestros dioses nos ayudarán, nuestros antepasados. Nuestro genio y nuestro numen. Y, asimismo, el de todas las culturas étnicas supervivientes. La luz y la razón de las culturas étnicas ancestrales, los ancestros mismos. Aquellos dioses y aquellos antepasados que vosotros arrojasteis sin piedad a la muerte y al olvido.
La vivencia taurina es la vivencia trágica. El ámbito taurino es el ámbito trágico. Sólo este espacio conserva en Europa el espíritu de nuestros antepasados. El suroeste pagano, gentil. Aunque deformado, maltrecho, desfigurado. En nuestras fiestas y celebraciones. El esplendor gentil. A vuestro pesar y contra vuestra voluntad, cristianos, musulmanes, ilustrados. Nosotros conservamos este espacio, éste es el espíritu que impregna nuestras fiestas y nuestras vidas. Las fiestas taurinas son fiestas sagradas. El toro es el símbolo de los símbolos en este suroeste gentil; su vida breve, intensa, trágica. Este culto da color a este continente cada vez más insípido y aburrido, más en manos de puritanos. Sin duda que somos la reserva espiritual de Europa. Son las únicas fiestas gentiles que se celebran en nuestro amado continente. Estas fiestas tendrían que ser sagradas para toda Europa, para todos los pueblos europeos. Germanos, celtas, eslavos, baltos, fineses… griegos y romanos, hemos conservado el espíritu de nuestros antepasados, estas fiestas son tan nuestras como vuestras; acudid, pues, a estas celebraciones que son sagradas, santas. Este residuo, esta reliquia que nos une directamente con nuestro pasado pre-cristiano; con el propio, el autóctono, el gentil; con nuestros orígenes ardientes y bellos.

*

Me despido amigo, no sé si estas palabras contribuirán a detener el avance de estos nuevos puritanos. Están hechas con esta intención, desde luego. ¿Venceremos al fin? ¿Vencerá el espíritu étnico frente a estos gigantes, estos cíclopes, estos polifemos?

Desde Europa,
Manu Rodríguez
mannus000@hotmail.com

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