27) Hijos de la aurora

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MIÉRCOLES, 26 DE MAYO DE 2010

27) Hijos de la aurora

Hijos de la aurora.
Manu Rodríguez. Desde Europa (23/05/10).
*
*Me parece haber hablado o escrito profusamente de los temas que me traigo. Poco más podría añadir. Lo último son ya arengas a los europeos; que se despabilen con el islam, que están dormidos. No sé ya qué argumentos usar. Conforme los encuentro, los expongo. No me guardo ninguno. ¿Qué más podría decir? Ya he dicho todo lo que tenía que decir. Sólo estimulado por preguntas al respecto podría seguir escribiendo. Pero esto requeriría que los textos fueran leídos, que fueran conocidos. Que se les reconociera en la palestra. Tanto por lo que anuncian como por lo que atacan. Que se me responda, pero que se me responda con conocimiento. Ajustándose a lo escrito. Sabiendo lo que se dice. Enterado. No como el que habla de oídas, o el que lee superficial y atropelladamente sin enterarse de nada –suponiendo haberlo entendido todo. Parafraseando las palabras de Wittgenstein: “Quizás estos escritos sólo puedan comprenderlo aquellos que por sí mismos hayan pensado los mismos o parecidos pensamientos… Habrán alcanzado su propósito si logran reunir y poner en movimiento a aquellos que los hubieran entendido”. Insisto en que esto requiere un nivel de lectura que aún no ha recibido lo que escribo. Sólo cabe esperar. Pero hay que decir que ya no soy yo el que espera, sino los textos que he puesto en circulación. No sé la manera de que estos alcancen más difusión. Tienen la suficiente, es cierto, pero no en los lugares donde debiera. Tienen que encontrar su momento, y su lugar; tienen que llegar a su destino. Yo diría que son textos quiciales. Que miran hacia atrás y hacia adelante. Textos jánicos. Textos inaugurales, por tanto; también moralmente completos, que atienden a la tierra y al cielo; y valientes, atrevidos; y enamorados. Para la mente y el corazón. Para el ser genético y el ser simbólico (el ser biosimbólico) –para el genouma. Para el ‘homo nexus’, el hombre futuro. Para los futuros. Semillas de futuro. Mi escritura es una salida, un camino hacia vosotros los futuros, y hacia ti, Alba. Como si ya estuvierais aquí. Así me siento menos solo. *El islam no es mi única preocupación, como pudiera parecer. Es tan sólo el último enemigo de ese futuro, del tercer período, del ‘homo nexus’. De la nueva aurora. Tinieblas del neolítico que perduran. Fantasmas del pasado que no quieren desaparecer. Que se aferran con violencia a la nave Futuro. Pero la nave Futuro los expelerá, los expulsará; se librará de ellos. Todos los que tienen que perder en este tercer período: brujos, magos, hechiceros, sacerdotes… Las ideologías de poder del neolítico histórico, del segundo período (los últimos seis mil años). Las que perduran, grandes y poderosas máquinas de poder. Lo que fueron desde un principio. Instrumentos de los ambiciosos; artificios para legitimar o santificar su deseo de poder. Un truco, un timo. Requieren pueblos ignorantes y crédulos. Los construyen, como podemos ver hoy en el área de dominio del islam. Lo hacen desde la infancia. Construyen la sociedad que les permite seguir imperando. Mediante la astucia y la violencia dominan. Pueblos que viven en el vacío; extraídos el aire, la luz, la libertad. Aislados. Paralizados, detenidos. Hechizados. El ámbito islámico. No pueden librarse del sortilegio. Atrapados, sin poder salir –so pena de muerte. El islam es la última ideología religiosa con poder; las sectas cristianas, budistas, o hinduistas, no tienen hoy día el poder que en su momento tuvieron. Me refiero a las castas sacerdotales y a sus ideologías/instrumentos de poder (sus textos ‘sagrados’). Han sido dejados atrás aquí y allí. Nos hemos liberado de su funesta influencia espiritual y de su poder. Sólo el monstruoso islam queda. *Pero, ¿qué futuro queremos? El futuro se decide en el presente, aquí y ahora. Hay que luchar por el futuro que queremos, hay que construir ese futuro. *El tercer período es un hecho, la salida del neolítico histórico. Salida ideológica, espiritual, cultural, material. En la tierra y en el cielo. Los pueblos que hayan adoptado las claves simbólicas de este nuevo período son ya pueblos futuros. La cosmología, la física de partículas, la genómica… Todo lo que constituye la nueva mirada sobre el cosmos, sobre la naturaleza, sobre la vida, sobre las sociedades… Todo ha cambiado. Es nueva tierra, nueva naturaleza, nuevo cosmos, nuevo cielo… lo que tenemos. Es esa nueva aurora, esas nuevas colectividades. Pueblos renovados. Europa, China, Japón… Los nuevos hombres. Más allá. Hablar del nuevo período es hablar de la nueva luz. Y es una luz que, como sucedió en los albores del neolítico, viene para todos. Son pasos evolutivos, mutaciones bioculturales que afectan y competen a toda la humanidad. Es nueva sabiduría. Nosotros vivimos el alba de un nuevo período, son tiempos de transición. La comparación con la mañana o las primeras luces del día es oportuna. Tenemos residuos de noche, de tinieblas, de oscuridad. Habrá que disiparlas. Las generaciones presentes somos hijos de esta aurora, de esta mañana. Somos los primeros de generaciones por venir. Y hemos de comportarnos como dignos hijos de la aurora, como criaturas de la mañana. Despiertos y activos. Tenemos mucho que hacer. Todo por hacer. Esclarecer y sentar las bases de una nueva civilización planetaria. Lejos de las tinieblas del segundo período. Luchar, combatir contra esas tinieblas. También nosotros somos la aurora, el nacimiento de la humanidad futura; los primeros seres del nuevo período, como las primeras luces del día. Vivimos el comienzo, somos el comienzo. Hijos de la aurora y la misma aurora, pues. ¿Qué es lo que hace que actuemos con tibieza o indiferencia ante las amenazas que, a este nuevo período, a esta nueva criatura, le vienen del islam y de otras fuerzas oscuras? Somos nosotros los amenazados: nosotros los evolucionados, los renovados, los renacidos, los nuevos. Se pretende asfixiar a un niño en su cuna; abortar este nuevo período de la humanidad; detenerlo, o deformarlo cuando menos. Estos enemigos de la luz, de la plenitud, de la integridad, de la verdad. Repugna ya la arrogancia de las ideologías religiosas del neolítico. Las llamadas religiones de salvación. Su palabra misma. Que aún tengan voz. Mancillan con su presencia el nuevo día, esta mañana. Su turbia luz. Seres impuros sus castas sacerdotales todas. Este amanecer tan sombrío, aún. Que lento, dificultoso, lleno de obstáculos el camino de la luz. No lo tendrá fácil el nuevo sol, el nuevo día. No lo tendremos fácil nosotros, los futuros. Vencer espiritualmente a las tinieblas, de esto se trata. Es una guerra contra el pasado más sombrío, contra los sombríos; por la nueva aurora, por el nuevo período, por el nuevo día. Venceremos. Las criaturas, y los creadores, de la mañana. Estos vendrán, aparecerán. De la tierra, de la madre surgirán. Multitud, muchedumbre de seres nuevos preñados de futuro, con voluntad de futuro. Alba, tú eres la mañana. Tú eres lo que escribo y lo que quiero. Por ti lucho, por ti sufro, por ti muero. * A ti me dirijo, Alba, como si en algún momento fueras a leer lo que escribo. Ésta es mi ensoñación, mi fantasía, mi deseo. Que estos textos llegan a quienes van dirigidos, que logran alcanzar su destino. Hasta la próxima, Manu
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