75) Multiculturalismo e islamofobia

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JUEVES, 22 DE DICIEMBRE DE 2011

75) Multiculturalismo e islamofobia

Sobre multiculturalismo e islamofobia.Manu Rodríguez. Desde Europa (20/12/11).

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*Muchas de las civilizaciones del pasado desaparecieron debido a que los imperios, en su expansión, integraban culturas diversas y a veces antagónicas. Era el caos; el caos que tuvimos en Grecia y Roma. La unidad se revelaba como imposible. El multiculturalismo actual en nuestra Europa se resolverá en una confrontación en la que una y sólo una cultura prevalecerá. Y podría no ser la cultura ancestral europea. Desapareceríamos, en tal caso, como antaño desaparecieron Grecia y Roma (y las culturas germanas, celtas, eslavas y demás, cuando la cristianización de nuestro continente; cuando se nos impuso violentamente la ideología judeo-cristiana, una ideología venida de fuera).
El multiculturalismo ha fracasado siempre. Ésta es una lección aprendida desde antiguo. El mitema (y el mathema) de ‘la torre de Babel’ existe desde los primeros imperios y civilizaciones.
*¿Qué intención tiene la recomendación del multiculturalismo que de USA nos viene, y el apoyo de la clase política estadounidense al flujo masivo a nuestras tierras de emigrantes musulmanes asiáticos y africanos?
USA es un caos que a menos de volver sus ojos a sus orígenes europeos, carece por completo de identidad y de anclaje cultural. De ningún modo es un modelo a exportar, y tanto menos para la vieja Europa (la ‘metrópolis’). Digamos que, a este respecto, la jorobada USA quiere jorobarnos a todos.
Este multiculturalismo de última hora ha permitido la presencia en Europa de millones y millones de musulmanes asiáticos y africanos que compiten demográfica y culturalmente con los autóctonos europeos.
Es necesario que nos tomemos en serio a nosotros mismos. Nosotros, la ancestral Europa y los ancestrales europeos (pueblos indoeuropeos y no indoeuropeos que la habitan desde hace milenios).
Si todo sigue como hasta ahora, el final será la desnaturalización de la vieja Europa; la destrucción de su identidad étnica y cultural, y su sustitución o reemplazo por otras.
Es inexplicable cómo, en las actuales circunstancias, no nos ponemos en guardia contra la amenaza islámica en nuestras tierras.
Sorprende que apenas haya reacciones o respuestas a la altura de la ofensa y del peligro, y éstas son por lo general acalladas o negativamente designadas por nuestros medios de comunicación; los demás, gobiernos y ciudadanos, callan, sea por ignorancia, indiferencia, debilidad, complicidad, o cobardía –signos evidentes de nuestra decadencia.
*El odioso, el repulsivo islam. Mucho más ofensivo, agresivo, y peligroso que lo fueron los regímenes totalitarios fascistas y comunistas durante el siglo pasado, o el milenio cristiano (sus siglos de poder). No deja de ser curioso que sea la izquierda (el universalismo socialista o comunista, antidemocráticos en esencia) la que, en el nombre del multiculturalismo, le ha abierto las puertas de Europa (y occidente) a las hordas musulmanas (la ‘umma’) y hace uso prolijo del término ‘islamofobia’ contra los que se oponen a semejante invasión. Cabe preguntar qué es lo que pretenden, a largo plazo, los partidarios europeos (y estadounidenses) del destructivo multiculturalismo.
Hay que advertir que los islamófilos europeos se concentran en los partidos de izquierda y en las sectas cristianas, ambas ideologías universalistas y totalitarias. Cada una de estas facciones tiene sus razones y sus estrategias de dominio, aunque también, en los momentos presentes, de mera supervivencia –dada la naturaleza amenazante y violenta del totalitarismo islámico y su posible triunfo en Europa.
Los universalismos religiosos o políticos son el mal para todos los pueblos y culturas étnicas y ancestrales. Van contra la libertad, la verdad, y el ser. Estos universalismos son ideologías de poder, no persiguen ni pretenden otra cosa que el poder absoluto.
Exorcizar el fantasma totalitario que recorre de nuevo Europa. Derrotar, destruir, expulsar el islam de nuestras tierras. Antes de que sea demasiado tarde. El gran rechazo.
El islamofascismo no es tan sólo temible, es además repugnante, nauseabundo. Desde su inventor (su ‘gran hermano’), hasta sus más nimios detalles, pasando por su dios, sus tradiciones, y sus normativas. Cuanto más se le conoce más se le rechaza. Ofende a nuestras inteligencias su anacronismo, su ignorancia, y sus pretensiones de dominio mundial. Moverían a risa estos payasos, si no fueran tan crueles y miserables. No es sólo fobia o temor lo que produce, es también repugnancia, desprecio, asco.
Esta repugnancia es un síntoma de salud. De salud política, social, cultural… espiritual, en definitiva.
*El término ‘islamofobia’ fue acuñado por los pasdaran iranios con el fin de desacreditar a sus oponentes democráticos (en Marc Nievre, Riposte Laïque).
Este uso asocia a los ‘islamófobos’ con los demócratas, no con el fascismo, la derecha, o la extrema derecha, como suelen hacer insidiosamente en Europa (y en occidente) los políticos e intelectuales auto-denominados ‘progresistas’ y buena parte de los medios de comunicación.
Debemos, pues, establecer esta ecuación: islamófobo=demócrata, y las correspondientes inecuaciones. Téngase en cuenta a los críticos de la ideología cristiana a lo largo de los siglos XVII y XVIII (la Ilustración).
Es desde nuestras tradiciones políticas y culturales que le decimos no al islam. Desde nuestra democracia, desde nuestro período ilustrado. Es la Ilustración, la razón heredada, la que rechaza la presencia del islam en nuestras tierras; la duramente conquistada libertad política de nuestros días. La herencia más preciada de los actuales europeos.
No sé por qué los europeos asocian las conquistas democráticas con las ideologías totalitarias de izquierda, o incluso con el totalitarismo teocrático judeo-cristiano. El espíritu ilustrado se distancia tanto de los totalitarismos de izquierda como de los de derecha (conservadores y en su origen anti-democráticos; recuérdese el nacional-catolicismo franquista en España), y el siglo pasado nos dio buenas muestras de ambos –en toda Europa. Esta confusión forma parte de la incultura histórica y política de las actuales generaciones de europeos. Y de la profunda deshonestidad de izquierdistas y cristianos (sus historias fingidas).
Para preservar nuestro actual status socio-político y socio-cultural de ideologías totalitarias, sean éstas religiosas o políticas, debemos combatirlas desde su raíz; debemos erradicarlas de nuestras tierras. Esto requiere una crítica teórica, en principio; una destrucción de sus principios fundamentales. Así fue como nuestros ilustrados pudieron superar el Antiguo Régimen, y los siglos de horror y totalitarismo ideológico cristiano que nos dominaban (espiritual y materialmente).
*Éramos un pueblo nuevo, renovado… Lejos y atrás quedaban los terrores de la inquisición, de la caza de brujas, de la persecución, de las cámaras de tortura, de la quema de herejes… de la opresión espiritual que padecíamos. Recuperamos la libertad, la democracia, la alegría, la luz, el día… Comenzábamos de nuevo.
Pero he aquí que el viejo horror de nuevo nos visita, de nuevo inunda nuestras tierras y planta sus ominosos estandartes en nuestros lares. De nuevo nuestras libertades e identidades están amenazadas, corremos incluso el peligro de desaparecer del todo –nosotros y nuestras culturas. Malos, pésimos, horribles son los signos, las señales que de nuevo recorren nuestras tierras.
La aurora se ha convertido en crepúsculo; es la noche lo que se nos aproxima, no el día. La mixtificación, la esclavitud, y el no-ser campean de nuevo sobre nuestras cabezas; la destrucción, la muerte, las tinieblas y el olvido.
¡Oh, dioses; oh, antepasados! ¡Acudid, acudid en nuestra ayuda; no permitáis nuestra destrucción!
*
Hasta la próxima,
Manu

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