fundamentación del “fascismo” (03)

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Stéphane Courtois: “esta participación de los comunistas en la guerra y en la victoria sobre el nazismo hizo triunfar de manera definitiva la noción de antifascismo como criterio de verdad para la izquierda” (El libro negro del comunismo, p. 36).Nos hemos planteado la pregunta por la “validez filosófica” del fascismo, cualquiera que pueda ser el significado de esta “escandalosa” afirmación. Conviene ahora dar un nuevo y breve rodeo a fin de retomar con más seguridad las cuestiones sólo insinuadas por Jacques Derrida. Tal circunloquio o digresión conduce a la consideración del anticomunismo como rasgo esencial del fascismo y, por ende, a la duda sobre la verdadera naturaleza delantifascismo. Éste consiste en una práctica asesina de masas inherente al régimen marxista-leninista. Desde el momento, coincidente con la Guerra Civil Española (1936-1939), en que el fascismo aparece como proyecto histórico anticomunista, “justifícanse”, mediante la retórica antifascista, exterminios sistemáticos de segmentos enteros de la sociedad emprendidos antesde que el fascismo existiera y continuados después de su desaparición. El “antifascismo” occidental, tras el descrédito y hasta la extinción del propio comunismo, muestra a su vez en tiempo real una inquietante perspectiva que nos afecta a todos en la medida en que la “máquina de matar” oriunda de Moscú sigue viva y en pleno ejercicio de sus facultades, pero invisible a los ojos de los “intelectuales críticos” del sistema oligárquico, quienes, por el contrario, la alimentan con todas las energías de su discurso.

No se trata de mezclarlo todo. Sí de analizar los trazos que prohíben el corte simple entre el discurso heideggeriano y otros discursos europeos, ya sean antiguos o contemporáneos. Entre 1919 y 1940 (¿pero no sucede también hoy?) todo el mundo se preguntaba: “¿en qué se va transformar Europa?” y esto se tradujo siempre del siguiente modo: “¿cómo salvar al espíritu?”. Se proponen frecuentemente diagnósticos análogos sobre la crisis, sobre la decadencia o la “destitución” del espíritu. No nos limitemos a esos discursos y a su horizonte común.
(Jacques Derrida)

Naturaleza y actualidad del antifascismo

Una jerga criminógena, el antifascismo, sigue utilizándose desde 1945, pero de forma creciente y con mayor irracionalidad, si cabe, que a la sazón, en todos los ámbitos de las “sociedades de mercado”. El absoluto desprecio hacia las víctimas, que fueron asesinadas en nombre de imputaciones literalmente delirantes, aumenta también de manera exponencial a medida que nos alejamos en el tiempo del final de las Guerras Alemanas. Es así una “posguerra” eterna que prolonga la “propaganda bélica” en el corazón mismo de “la paz” y convierte el panfletarismo mental de los militares en “cultura” civil. Las cifras de personas exterminadas (ancianos, mujeres y niños incluidos) bajo la acusación de “fascistas” o de etiquetas y estigmas (“negros”, en la China de Mao, reaccionarios, nazis, derechistas, etcétera) semántica y funcionalmente equivalentes, es decir, de sinónimos a efectos de liquidación física pura y simple, rondan los 100 millones en total y son el resultado de prácticas políticas como las siguientes:

En términos de número de víctimas, la lista de los crímenes comunistas más graves se establece como sigue: 1/ ejecuciones individuales y colectivas de personas consideradas como opositores políticos, sin juicio o después de un juicio sumario, represiones sangrientas de manifestaciones y de huelgas, ejecución de rehenes y prisioneros de guerra en Rusia del 1918 al 1922. Por falta de acceso a los archivos (y también a causa de la ausencia de rastros documentales de numerosas ejecuciones) es imposible dar cifras precisas, pero las víctimas se cuentan en decenas de millares; 2/ muerte por hambre de cerca de 5 millones de personas a causa de los requisas, principalmente en Ucrania en 1921-1923. El hambre ha sido utilizada como arma política por varios regímenes comunistas y no únicamente por la Unión Soviética; 3/exterminio de 300 000 o 500 000 cosacos entre 1919 y 1920; 4/ defunción decentenares de millares de personas en los campos de concentración. En esto, la imposibilidad de acceder a los archivos también bloquea la búsqueda; 5/ unas 690 000 personas arbitrariamente han sido condenadas a muerte y ejecutadas en el momento de la ola de “purgas” del partido comunista de 1937-38. Millares de otros han sido deportados o enviados a campos. En resumen entre el 1 de octubre de 1936 y 1 de noviembre de 1938 cerca de 1.565.000 personas fueron detenidas y 668.305 de ellas han sido ejecutadas. Según numerosos investigadores estas cifras son infravaloradas y deberán ser verificadas cuando todos los archivos hayan sido hechos accesibles; 6/ asesinatos masivos de aproximadamente 30.000 kulaks (campesinos ‘ricos’) en el momento de la colectivización forzada de 1929-33. Por otro lado, dos millones fueron deportados entre 1930 y 1932; 7/ millares de ciudadanos ordinarios, acusados de mantener relaciones con el “enemigo” han sido ejecutados en el período que precede a la segunda guerra mundial. En 1937, por ejemplo, unas 144 000 personas, acusadas de tener contactos con polacos que vivían en la Unión Soviética, fueron ejecutadas. En 1937 también, 42 000 personas fueron ejecutadas con motivo de mantener relaciones con trabajadores alemanes en la URSS; 7/ unos 6 millones de ucranianos murieron de hambre bajo el efecto de una política deliberada en los años 1932-33; 8/ asesinatos y deportaciones de centenares de millares de polacos, ucranianos, lituanos, letones, estonios, moldavos y habitantes de la Besarabia en 1939-41 y en 1944-45; 9/ deportaciones de los alemanes del Volga en 1941, tártaros de Crimea en 1944, los chechenos e ingushes en 1944; 10/ deportaciones y exterminios de un cuarto de la población de Camboya entre 1975 y 1978; 11/ millones de víctimas de las políticas criminales de Mao Zedong en China y Kim Il Sung en Corea del Norte. En este caso también la ausencia de documentos no permite dar cifras precisas; 12/ numerosas víctimas en otros continentes, África, Asia y América latina, en países que se dicen comunistas y explícitamente se refieren a la ideología comunista. Esta lista no es absolutamente exhaustiva. Literalmente no hay un país (o una región) bajo régimen comunista que no pueda elaborar su propia lista de sufrimientos. Los campos de concentración establecidos por el primer régimen comunista desde septiembre de 1918 se transformaron en uno de los símbolos más vergonzosos de los regímenes comunistas. En 1921 eran ya 107 y más de 50 000 personas fueron detenidas allí. El índice de mortalidad extremadamente elevado que los caracterizaba puede ser ilustrado por el ejemplo del campo de Kronstadt: sobre 6 500 detenidos internados en marzo de 1921, sólo 1 500 vivía un año más tarde. En 1940, el número de presos alcanzaba 2 350 000 repartidos en 53 campos de concentración, 425 colonias especiales, 50 colonias para menores y 90 casas para niños. Durante los años 40, la media de los detenidos era permanentemente de 2,5 millones. Fijándonos en la fuerte mortalidad, esta cifra significa que el número de las personas que han sido internadas fue mucho más elevado. En resumen, de 15 a 20 millones de personas pasaron por los campos entre 1930 y 1953. El sistema de los campos también ha sido adoptado por otros regímenes comunistas, en particular por China, Corea del Norte, Camboya y Vietnam. La invasión de varios países por el ejército soviético durante la segunda guerra mundial fue seguida sistemáticamente por un terrorismo masivo: detenciones, deportaciones, asesinatos a gran escala. Entre los países más afectados hay que citar Polonia (según las estimaciones 440 000 víctimas en 1939, entre las que están los oficiales polacos prisioneros de guerra, en Katyn en 1940), Estonia (175 000 víctimas, entre las que están 800 oficiales, lo que representa un 17,5 de la población total), Lituania, Letonia (119 000 víctimas), Besarabia y Bucovina del norte. La deportación de poblaciones enteras era una medida política corriente, en particular durante la segunda guerra mundial. En 1940-41, cerca de 330 000 naturales polacos que habitan las zonas ocupadas por el ejército soviético fueron trasladados por fuerza al este de la Unión Soviética, principalmente en Kazajstán. 900 000 alemanes de la región del Volga fueron deportados en otoño de 1941; 93 000 calmucos en diciembre de 1943; 521 000 chechenos e ingushes en febrero de 1944; 180 000 Tártaros de Crimea en 1944. Para que la lista sea completa, también hay que mencionar a los letones, los lituanos, los estonios, griegos, los búlgaros, los armenios de Crimea, los turcos mesjetas, y los kurdos del Cáucaso. La deportación también afectó a los opositores políticos. A partir de 1920, los opositores políticos de Rusia fueron enviados a las islas Solovki. En 1927, el campo construido en estas islas albergaba a 13.000 detenidos, de 48 nacionalidades diferentes. Los crímenes más violentos de los regímenes comunistas, tales como el homicidio de masa y el genocidio, la tortura, el trabajo forzoso y otras formas de terrorismo físico colectivo, continuaron en Unión Soviética y, a un grado menor, en otros países europeos, hasta la muerte de Stalin. A partir de mediados de los años 50, el terrorismo disminuyó considerablemente en los países comunistas pero la persecución selectiva de diversos grupos e individuos prosiguió. Consistía en vigilancia policíaca, en detenciones, encarcelamientos, multas, tratamientos psiquiátricos forzados, diversas restricciones de la libertad de movimiento, discriminaciones en el empleo que a menudo llevaban a la pobreza y a la exclusión profesional, a la humillación y a la difamación públicas. Los regímenes comunistas europeos post estalinistas explotaron el temor de las persecuciones potenciales, muy extendidas y muy presentes en la memoria colectiva. A largo plazo, no obstante, la memoria de los horrores pasados gradualmente se atenuó, perdiendo de su influencia sobre las jóvenes generaciones. Sin embargo, hasta durante estos períodos relativamente tranquilos, los regímenes comunistas se mostraron capaces de recurrir a una violencia masiva si lo consideraban necesario, como lo mostraron los acontecimientos de Hungría en 1956, de Checoslovaquia en 1968 o de Polonia en 1956, 1968, 1970 y 1981. La caída de los gobiernos comunistas en la Unión Soviética y en otros países europeos facilitó el acceso a ciertos archivos que atestiguaban los crímenes comunistas. Antes de 1990, estos archivos eran totalmente inaccesibles. Los documentos que se encuentran constituyen allí una fuente de información importante sobre los mecanismos de gobierno y de toma de decisiones, y completan los conocimientos históricos relativos al funcionamiento de los sistemas comunistas.

Y aquí tenemos a Derrida:

La condenación del nazismo, cualquiera fuese el consenso sobre este tema, no es aún un pensamiento del nazismo. No sabemos aún lo que es o lo que ha hecho posible esta cosa inmunda pero sobredeterminada, trabajada por conflictos internos (de ahí las fracciones y las facciones entre las cuales Heidegger se sitúa – y su estrategia retorcida en el uso de la palabra “espíritu” toma un cierto sentido cuando se piensa en la estrategia general del idioma nazi y en las tendencias biologizantes, estilo Rosenberg, que terminaron por triunfar). En fin el nazismo no ha crecido en Alemania o en Europa como un champiñón…
Pero, ¿quiso enterarse alguna vez Derrida de dónde sentó realmente sus posaderas “la cosa inmunda” años antes de que el fascismo, a trompicones, hiciera acto de presencia en la escena europea? Preguntémonos en serio hasta cuándo los presuntos “intelectuales críticos”, sufridos huérfanos de Stalin, van a seguir actuando como simples turiferarios del poder oligárquico.
¿Puede, en efecto, considerarse el “mal absoluto” (=la cosa inmunda) un proyecto político, a saber, el fascismo, fundado expresamente para detener el exterminio de casi todos los grupos sociales (burguesía, aristocracia, campesinado)con que tropezábase Lenin e impedir que los matarifes de Moscú extiendieran sus fechorías por el resto de Europa? Actualmente el grado de distorsión de la realidad histórica es tan enorme que nos vemos en la obligación de recordar cuestiones elementales de sentido común. El fascismo combate en defensa de la civilización europea amenazada por labarbarie bolchevique, pero no puede enfrentarse a los “rojos” arrojándoles a la cara caramelitos de fresa. Voilà el espíritu (Geist), Mr. Derrida. Sin embargo, cuando el fascismo llega al poder en Italia su represión no puede compararse, ni de lejos, a la matanza de los primeros años del leninismo en Rusia. Lenin aniquila en tres meses un número de personas superior a las que el imperio zarista había castigado a lo largo de todo un siglo. La dictadura fascista en Italia no traerá consigo más que 25 ajusticiados en 21 años: compárese sólo este dato con el historial delictivo de la banda terrorista ETA. Al inicio de la Operación Barbarroja (invasión nazi de la URSS), en 1941, el régimen comunista ya ha exterminado a 13 millones de ciudadanos rusos.

Se dirá que la verdad del fascismo es elnazismo. Ahora bien, ni siquiera el nazismo, y ello en el contexto de una guerra mundial, alcanza las cotas de victimización del comunismo. Por cada víctima judía del nazismo, detéctanse como pocas 10 del antifascismo. Y esto únicamente en la versióncomunista u oriental del antifascismo, pues existiría, como ya he subrayado, un antifascismo occidental de naturaleza  liberal-capitalista y sionista al que le corresponden “sus propios genocidios”. Dichos crímenes de masas no han sido juzgados, es decir, permanecen impunes. Son los genocidios olvidados. El “antifascismo global” hace posible esta situación totalmente incompatible -en buena lógica- con la machacona cháchara propagandística sobre “la democracia y los derechos humanos”.  La jerigonza que legitimó tales atrocidades se ha extendido a los políticos de la derecha liberal, obedientes, con la complicidad de los Estados Unidos deAmérica, al sionismo racista, supremacista y genocida del Estado de Israel.

En la política, la prensa, la cultura, la educación y hasta la propia red, elantifascismo funciona  a pleno rendimiento como código simbólico estigmatizador de los ciudadanos disidentes; tal vez a la espera del día, ya próximo al parecer, en que tenga que recurrirse a la coartada antifascista del “mal absoluto” con los fines asesinos que la caracterizan y la han caracterizado desde su aparición en la historia. Recordemos una frase del informe Lindblad citado arriba:

Literalmente no hay un país (o una región) bajo régimen comunista que no pueda elaborar su propia lista de sufrimientos.

El  comunismo fue esencialmente criminal, cuando no genocida. Pero lo fue en tanto que antifascista. Y el antifascismo ha sobrevivido al comunismo porque constituye un fenómeno consustancial al “progresismo” moderno. No es, en efecto, únicamente comunista, ahora podemos verlo con claridad, sino también “capitalista”. Es un monstruo parido por Yahvé, léase: por el monoteísmo judeocristiano (aquello que Heidegger denominara la “ontoteología”)… El fascismo se propuso la extirpación de “la máquina de matar” como una de sus metas fundamentales. Sólo el fascismo se enfrentó, así, a la asesina “utopía profética” en cuanto tal. Las democracias occidentales aliáronse en cambio con el comunismo y posibilitaron la comisión de sus atrocidades. Impensable la victoria soviética contra el Tercer Reich sin el generoso concurso del capital americano. Que el liberalismo sionista haya “heredado” el antifascismo no resulta pues casual. Saquemos, de una vez, las consecuencias de este hecho. Pero el “intelectual de izquierdas” (Oriol Malló, por ejemplo) es un engendro deforme descendiente del sacerdote judeocristiano e incongruente con toda forma de veracidad.

El artículo 58: formalización penal del estigma

De las víctimas del antifascismo, una buena parte fueron formalmente acusadas de tales. Fascista era, bajo el estalinismo, cualquiera que el régimen soviético señalara al azar para cubrir las estadísticas de “detenciones”, es decir, lascifras obligatorias preestablecidas de “enemigos del pueblo” que justificaban la simple existencia de los aparatos de represión y el reclutamiento de la necesaria mano de obra esclava para la construcción del “paraíso”:

Ya sabíamos que “fascistas” era el apodo de los del Artículo 58, puesto en circulación por los perspicaces cófrades y aprobado con gusto por las autoridades: en otro tiempo los llamaban “KR” pero después el nombre perdió fuerza y se necesitaba una etiqueta más precisa (Alexandr Solzhenitsyn, Archipiélago Gulag, t. II, Barcelona, Tusquets, 2005, p. 180).

La acusación de fascista y el lenguaje antifascista devino poco a poco, a través del régimen comunista soviético aliado de occidente durante la Segunda Guerra Mundial, legitimación de todas las atrocidades de la Modernidad progresista (de derechas o de izquierdas). Hasta el punto que, por supuesto sin consultar a las víctimas, los ideólogos neoliberales decidieron aplicar el calificativo de “fascistas” a los propios asesinos del gulag, es decir, convalidaron su lenguaje convirtiendo a aquéllos en objetos del mismo para mayor escarnio de cualquier noción o posibilidad de crítica racional a lasraíces judeocristianas del fenómeno. Consagraron así unas prácticas criminales que occidente no renuncia a continuar empleando contra los presuntos enemigos del “bien absoluto”, léase: del Yahvé capitalista, sionista y neoliberal en fase de consolidación a escala mundial. El ídolo del “progreso” ha cambiado otra vez de residencia, algo ya habitual en él, pero no de carnicera idiosincrasia asesina.

Balance total de víctimas

El monto total de víctimas del comunismo oscila entre un mínimo de 100 millones y los 150 millones de personas. El primer balance provisional fue establecido por Stéphane Courtois en su obra El libro negro del comunismo, publicada en francés en 1997:

No obstante, podemos establecer un primer balance numérico que aún sigue siendo una aproximación mínima y que necesitaría largas precisiones pero que, según estimaciones personales, proporciona un aspecto de considerable magnitud y permite señalar de manera directa la gravedad del tema: URSS, 20 millones de muertos. China, 65 millones de muertos. Vietnam, 1 millón de muertos. Corea del Norte, 2 millones de muertos. Camboya, 2 millones de muertos. Europa oriental, 1 millón de muertos. América Latina, 150.000 muertos. África, 1,7 millones de muertos. Afganistán, 1,5 millones de muertos. Movimiento comunista internacional y partidos comunistas no situados en el poder, una decena de millares de muertos. El total se acerca a la cifra de cien millones de muertos (Courtois, S., El libro negro del comunismo, Barcelona, Planeta, 1998, p. 18).

Como ya hemos apuntado, a pesar de las evidencias sobre el carácter universalmente genocida del comunismo y de la relación entre la jerigonza antifascista y el dispositivo de terror inventado por los bolcheviques, la “democracia liberal”, es decir, la oligarquía, ha adoptado el “antifascismo” rizando el rizo del cinismo y acusando a Stalin de ser el peor de los “fascistas” (André Glucksmann). Este triunfo final de la “revolución” y del imaginario “progresista” en lo simbólico, que le permite además ostentar a Stalin,  al mismo tiempo, el título de “vencedor de Hitler” sin que la simple lógica tenga que abochornarse, define la miserable cotidianeidad de la nueva dictadura neoliberal sionista de Wall Street, cuyas atrocidades no han hecho más que empezar. Nosotros somos las próximas víctimas.

El caso de la “derecha antifascista” en España
Si usted tenía aspecto de no ser “feliz” en el paraíso de Yosef Stalin,  convertíase inmediatamente ensospechoso ante la policía política soviética. El antifascismo nace a propósito de España como estrategia estalinista de los frentes populares. George Orwell escribió entonces y no en vano suHomenaje a Cataluña: un testimonio de la praxis antifascista documentado en el lugar en que ésta mostró su verdadero rostro a los intelectuales de izquierda que no habían renunciado todavía, como ha renunciado hogaño Oriol Malló, a pensar por sí mismos.En la actualidad, y a pesar de aquello que establece la Constitución Española -la isonomía o igualdad ante la ley- en lo tocante a la libertad ideológica, cualquier ciudadano puede ser objeto de investigación policial porque un simple funcionario, verbi gratia un fiscal, considere que las “ideas” de ese ciudadano son “fascistas”. ¿Herencia de la cheká y el gulag? No, en el caso que nos ocupa, herencia de la Palestina ocupada por Israel, vehículo a través del cual el antifascismo institucionalízase en occidente sobre un terreno ya abonado por la izquierda marxista.
El antifascismo estigmatizador opera como lenguaje de la cultura, la política y las prácticas de represión capitalista-sionista. Los desahuciados españoles fueron acusados de “neonazis” por la corrupta dirigente del Partido Popular María Dolores de Cospedal. La propia derecha católica que, en España, durante la Guerra Civil (1936-1939), salvó vidas y haciendas de las garras estalinistas gracias al heroísmo de los camisas azules falangistas (=”fascistas”), tiene hoy la sinvergonzonería de llenarse la boca con la jerga de Stalin.!Habría que ser ya un grandísimo hijo de Bárcenas para burlarse así de los torturados, pero la cosa roza lo inconcebible en la abyección cuando observamos que esas víctimas pisoteadas por partida doble resultan ser ascendientes familiares de los propios dirigentes del Partido Popular (=Alianza Popular=partido neofranquista español)! Mentirosos y corruptos, tales “líderes” son, además, en justa consecuencia, seres carentes de dignidad política, pillos encorbatados que emplean, contra sus críticos, contra ciudadanos indignados por las políticas antisociales del neoliberalismo, los mismos discursos criminógenos que los verdugos de Paracuellos esgrimieron contra sus abuelos, discursos de los cuales les rescataron, precisamente, los militantes “fascistas” de Falange Española de las JONS.Fenómeno análogo se observa entre los referentes ideológicos y morales de colectivos de víctimas de ETA, según  acreditamos en una entrada anterior.
¿Carecía, en fin, la causa anticomunista de los fascistas de todo argumento válido? No se puede sostener tal impostura ante la evidencia de aquello que el comunismo fue. ¿Qué significa entonces “la fundamentación del fascismo”? Hete aquí la gran pregunta planteada por Ernst Nolte y cuya pertinencia Jacques Derrida, a regañadientes, tuvo que reconocer a la postre, pero responder nunca osó.Jaume Farrerons
3 de agosto de 2013=====FUENTE:http://www.nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2013/08/la-fundamentacion-del-fascismo-3.html
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