105) La estirpe de Caín

Estándar

LUNES, 10 DE FEBRERO DE 2014

105) La estirpe de Caín

La estirpe de Caín.
Manu Rodríguez. Desde Europa (10/02/14).
*
*Es posible que lo que más desagradara a Nietzsche de los antisemitas de su tiempo fueran sus absurdos fundamentos. Su cristianismo, por ejemplo (el caso Wagner, entre otros). Un antisemitismo inspirado por una secta judaica, el judeo-mesianismo. El mismo antisemitismo (los mismos argumentos) que recorrió prácticamente toda nuestra historia. Empezando por el predicado y practicado por los ‘padres de la iglesia’. Hoy día sigue vivo entre nosotros, inexplicablemente, ese antisemitismo.
El absurdo, la paradoja. El truco. Un engendro judío que fue la puerta por donde nos entró todo lo judío. Expresamente creado, se diría, para difundir el judaísmo (el supremacismo judío; las pretensiones judías –el pueblo elegido) entre nuestros pueblos. No sólo lo difundieron, sino que lograron imponerlo (con la ayuda de la violencia, de las armas). Nuestros pueblos están espiritualmente judaizados, semitizados.
Es la misma perplejidad que causan los cristianos sionistas (son millones, sobre todo entre los ‘wasp’ estadounidenses), que tienen a los judíos como pueblo elegido; que deliberada y voluntariamente reconocen y aceptan tal supremacismo, tal pretensión. Parecerá una locura (tal rebajamiento, tal auto-humillación; tal falta de orgullo, de amor propio, de pundonor), pero también la secta católica –desde el Vaticano– apunta últimamente en esta dirección (y arrastrará a millones). No creo que quepa mayor triunfo ni mayor gloria para los judíos de los tiempos presentes –han alcanzado su ‘reino de los cielos’ (“los últimos serán los primeros”). Son ellos los únicos que  ríen en la actualidad.
Hay razones más que suficientes para desmarcarse de estos necios antisemitas y prosemitas que pivotan alrededor del judeo-mesianismo. Atrapados, enredados, hundidos, engullidos por el discurso, por el lenguaje, por el mundo judío. Usados, instrumentalizados, destruidos.
Todo cuando decimos del incongruente antisemitismo cristiano podemos decirlo también del antisemitismo musulmán. ¿Qué sería del islam (esa burda parodia del judaísmo) sin la tradición judía?
*El nauseabundo mundo judeo-cristiano-musulmán; su criminal querella por la preeminencia y el poder. Lo que exportan al mundo.
*No es recomendable el oponerle al enemigo el ideario judeo-mesiánico. Trasladamos la polémica a su terreno (el espacio judeo-cristiano-musulmán).
No somos nosotros, no hablamos nosotros en tanto lo hagamos desde  ese espacio, desde ese lugar: el ámbito judeo-cristiano-musulmán. Seguimos hablando en su lenguaje; en sus términos. Su discurso nos domina. Dentro de estas tradiciones no somos, desaparecemos.
Estas ideologías etnocéntricas (judías –o semitas) han impedido, e impiden, a multitud de pueblos el llegar a ser lo que son.
Cuantos pueblos perdidos, cuantas ramas arrancadas del árbol de la vida. Los pueblos, por ser únicos e irrepetibles, deberían ser sagrados. La desaparición de un grupo etno-lingüístico es una pérdida irreparable que afecta a toda la humanidad –a toda nuestra historia. Afecta, principalmente, a la reconstrucción de nuestro pasado, que resulta imposible  a causa de tantas lagunas, de tanta destrucción.
*Debemos excusar el biologismo y el racismo del período nazi. Fue también el biologismo y el racismo sostenido por otras naciones blancas (y no blancas (Japón); e incluso por los propios judíos). Digamos que eran frutos de los tiempos.
Fuera cual fuese nuestro pasado al respecto, hoy queremos que los diversos pueblos (o grupos étnicos emparentados) sean reconocidos y exaltados. Queremos que los individuos encuentren a sus pueblos. Un pueblo es un hogar, es una madre, es una familia; es una hermandad. Es un mundo (tierra y cielo).
No se trata de supremacía, o de superioridad, sino de singularidad. Cada pueblo, o grupo etno-lingüístico, es un hecho singular e irrepetible.
Hay que decir que el primer pueblo claramente racista y supremacista de la historia fue (y continúa siéndolo) el pueblo judío. Constan en su libro sagrado los primeros genocidios de los que tengamos noticia, y cuentan como gestas del propio pueblo judío (aún las celebran). Y es el propio dios de los judíos el que demanda tal cosa –el sacrificio, la inmolación, la consunción de los pueblos otros.
*Aplicándole a los semitas judíos uno de sus propios mitos podemos decir que estos representan a Caín (ya conocemos el relato). Es la única rama del árbol de los pueblos y culturas del mundo que procura, por unos medios u otros, la extinción de las demás (de los pueblos ‘hermanos’). Digamos que se presentan ante el mundo como Abel (la víctima inocente; el hermano ‘asesinado’), pero se comportan como Caín (el agresor; el asesino). Son de la estirpe de Caín. Es un comportamiento que revela envidia, celos, rencor… (a semejanza de su dios). No toleran ‘otros’ –quieren ser los únicos (de nuevo, a semejanza de su dios).
El engaño, la argucia. Pasar por la víctima a los ojos de todo el mundo. Son maestros del engaño y del disimulo  –los fenicios, los cartagineses… los semitas.
(Las persecuciones y expulsiones que los judíos han padecido aquí y allá son tan sólo los intentos de los pueblos por recuperar su integridad y su salud.)
*Cada pueblo o grupo étnico genera a su propio dios (o a sus propios dioses). El dios de cada pueblo es el alma y el rostro de ese pueblo. Los pueblos se retratan en sus dioses (fisiológica y psicológicamente). Estos son proyecciones de su genio, de su ser.
*Las ideologías universales (religiosas, filosóficas, o políticas) surgen cuando el desmoronamiento, cuando la desintegración de las culturas étnicas atrapadas en los vastos imperios multiétnicos y multiculturales (en la India, en Babilonia, en Persia, durante el periodo alejandrino, cuando Roma… Ahora mismo, en nuestro caótico y multicultural Occidente (el Occidente blanco), las ofertas ‘universalistas’ pululan). Tienen una finalidad integradora (proporcionan una ‘identidad’), están hechas para los deshechos de la ‘civilización’; para los espiritualmente desheredados; para los privados de identidad étnica y ancestral; para los carentes de ‘Padres’; para los perdidos… Son, obviamente, transnacionales, transétnicas, transculturales.
Estas ideologías son síntomas de la descomposición, de la desintegración, pero también medios, instrumentos de alienación y de dominio, armas. Se usan para crear las condiciones –fragmenta, desintegra a los pueblos hasta entonces unidos.
La difusión consciente de tales ideologías destructivas busca en todo momento y lugar la desaparición de los pueblos y de las culturas; busca acabar con la variedad natural. Va contra el árbol de los pueblos y culturas del mundo; va contra el árbol de la vida. La globalización a que se ven sometidos los pueblos desde hace miles de años por las diversas corrientes ideológicas universalistas (hinduismo, budismo, judeo-mesianismo, islamismo… democracia universal, internacionalismo proletario…). Una máquina trituradora. La pulverización de los pueblos y culturas, el desierto, la entropía… Las masas de apátridas, de desarraigados; de individuos vacíos, vanos, a la deriva. Se busca una nueva homogeneización racial (mediante el mestizaje de grupos étnicos no emparentados) y cultural (mediante credos universales transétnicos y transculturales).
Hay que decir que estos universalismos que pululan tienen un origen étnico: indio (hinduismo, budismo…), semita (judeo-mesianismo, islamismo, judeo-bolchevismo), o arya (democracia universal). Es lo semita, lo indio, o lo arya lo que se predica a los pueblos. Son las tradiciones culturales que se imponen sobre los pueblos. Las que acaban privando a los pueblos de las suyas. Las únicas tradiciones que sobreviven, por cierto. Esas ramas malditas. Esas cepas biosimbólicas cancerígenas. Las metástasis indias o semitas a lo largo y ancho del planeta –sus áreas de dominio. Supremacismos y totalitarismos cainitas.
(Les recuerdo a los lectores que la democracia ateniense era étnica y aristocrática. El universalismo democrático (el globalismo judeo-demócrata-liberal) de los tiempos que corren se debe al contagio con el universalismo judeo-mesiánico –la  adopción del ominoso y arrogante ‘urbi et orbe’.)
*De oriente nos vienen  las tinieblas, la locura, y la muerte. Esto es lo que llevan a los pueblos los predicadores cristianos, los musulmanes, los hinduistas, los budistas…
*Una revolución biocultural sin precedentes. Un retorno de los orígenes. Cada pueblo, cada cultura. Un florecimiento general; un renacimiento que afecte a todos los pueblos supervivientes de la tierra. Tras las riadas, los diluvios indios, semitas, o aryas. Una renovación desde el origen, desde la raíz. Cada pueblo, reunido; cada cultura, recogida. Las identidades ancestrales recuperadas; recuperado el nexo con los antepasados. Restablecida la conexión biosimbólica.
¿Qué individuo; qué pueblo puede hacer, aún, el recorrido a los propios ancestros? ¿Qué individuos ‘re-ligados’; que pueblos ‘re-ligados’ quedan aún? Pocos (individuos o pueblos) son los que han sobrevivido a las oleadas cristianas, musulmanas, hinduistas, budistas, demócratas, o comunistas. Cuantos pueblos desaparecidos. Cuán difícil para muchos será el rastrear los orígenes; el remontar hasta la fuente.
Les queda, tal vez, la vía de la genética. El cromosoma Y, y el ADN mitocondrial. Las líneas genéticas paterna y materna. Esto puede ser mucho; esto puede serlo todo. La hermandad; la filiación genética. El árbol, el grafo genético de la humanidad. Las diversas etnias. Esta vía te sitúa en un tiempo y, probablemente, en un espacio. Es un comienzo.
*Las predicaciones (religiosas, filosóficas, o políticas) universalistas y nihilistas en nuestros días. En el alba de este nuevo período, en la aurora de una revolución cultural que nada les debe, que ha sobrevenido incluso a su pesar, y contra sus deseos e inclinaciones; contra sus teorías, sus visiones, sus delirios.
El descubrimiento de los ácidos nucléicos, de la sustancia viviente única. La sustancia genética es el ser único de todas las formas vivas en este planeta.  No hay otro ente viviente en este planeta; no hay otro ‘ser’. Nosotros mismos somos ese ‘ser’. Hoy somos más que biologistas. Hoy somos el mismo centro, el mismo sol –la  fuente de luz. Se trata de un  paso trascendental. El paso del fenocentrismo al genocentrismo; del fenómeno al ‘genoúmeno’  –en lo que concierne a las formas vivas.
Este saber inaugura un nuevo período, un nuevo ciclo, que terminará afectando a toda la humanidad (a todos los grupos etno-culturales). Generará una nueva espiritualidad, una nueva religiosidad, un nuevo mundo. Tal como sucedió cuando la transición del paleolítico al neolítico.
Este tercer período –su sabiduría incipiente, su actitud–, enlaza maravillosamente con el paleolítico, con los pueblos naturales, con los cazadores-recolectores, con los primitivos, con las llamadas religiones/culturas naturales. Pueblos del primer período, podemos decir. Sus leyendas, sus relatos; sus mundos lingüístico-culturales, simbólicos. Su actitud reverente, sagrada, hacia el resto de las formas vivas, esa hermandad intuida. El segundo período es el neolítico, del que no acabamos de salir.
El período neolítico ha sido, y será en tanto dure, el más antropocéntrico y antropomórfico de toda nuestra historia. El más descentrado, el más alejado de nuestra realidad –de  nuestra verdad.
Nunca fue el ‘hombre’ el centro, sino, en todo momento, la sustancia genética, la sustancia viviente única, la vida. La materia pensante y volente, la materia viviente; el único centro, el único ser.
*Este mundo ha de valer para el ‘hombre’, ésta es la meta. Es el colmo del antropocentrismo y el antropomorfismo; de todo ‘humanismo’. Un mundo para el ‘hombre’. Y para qué hombre. El que ha culminado en el pequeño ciudadano hedonista, perezoso, y pusilánime de finales del neolítico (en las culturas occidentales –o tocadas por lo ‘occidental’).
*La etnología, y la antropología cultural nacieron aquí, entre nosotros, no entre los pueblos africanos, o asiáticos.  E igualmente, la biología. Fueron los pueblos blancos europeos los que crearon tales disciplinas; los que querían saber acerca del ‘hombre’, y acerca de su origen y su verdadero ser.
*La lógica imposibilidad de que el individuo salga de algún modo del mundo simbólico en el que ha venido a ser (lo llevará consigo dondequiera que vaya). El que tal camino escoge no sabe que, por mucho que se aleje, nunca dejará de ser un ‘elemento’ del conjunto. No sabe, ignora. No se sabe, se ignora. No se encuentra donde cree (fuera). Se engaña. El individualismo es una ilusión.
El individualismo no es sólo estructuralmente imposible, sino que es, además, moralmente reprobable (la tendencia, la intención; el extrañamiento (deliberado y voluntario) del sujeto del todo social –del destino de su propio pueblo).
*Querer nuestras ‘determinaciones’, decía Hegel. Adorarlas, venerarlas –añado yo. Las biológicas, las lingüístico-culturales, las históricas… En estas determinaciones está cifrado nuestro destino. Son las ‘madres’ del ser.
*Todos los pueblos aryas repartidos por Asia (la rama persa) y Europa (y la Magna Europa), casi sin excepción, padecen alienación cultural –se encuentran cristianizados o islamizados. Hace siglos que no siguen la línea ancestral, la propia; que no se siguen, que no se suceden a sí mismos (siguen a otros, otras líneas ancestrales); que se ignoran.
Nuestros pueblos no atienden a la voz de la sangre, de los ancestros, de lo autóctono. Aún más, esta alienación espiritual que se padece les ha hecho sordos, e incluso contrarios, a los argumentos étnicos y culturales (biosimbólicos). El arte de los usurpadores ha logrado colocar estos valores entre lo ridículo y lo prohibido. Hay que ser muy fuertes y valientes para atender estas voces que digo; para superar los demasiados obstáculos y perjuicios –daños.
¿Queda aún algún rescoldo de fuego propio en nuestros pueblos que podamos reavivar; algún resto de dignidad?
*Lo primero para recuperar la salud (la integridad, la libertad, la independencia, la soberanía… la palabra, el camino) es la descontaminación de la alienación ideológica, cultural, espiritual, que padecemos desde hace cientos de años. Una limpieza que nos devuelva el sentido, la conciencia, la memoria, pero también la figura, el ser. Un baño purificador; un nuevo bautismo que nos limpie de lo impropio, de lo ajeno.
La limpieza de la que hablo es una vía purificadora, un camino espiritual. Con sus desiertos helados. Con sus ‘noches’. Y con sus luces, sus iluminaciones. Finalmente, y en tanto se prosiga en este camino, viene la mañana, la claridad, el día. De manera súbita e inesperada se renace, se viene a la luz. Se ‘sale’ de la noche y del frío –del ‘invierno supremo’. De golpe, en un pestañeo. Por esto lo reconoceréis.
El instante fulgurante, deslumbrante, cegador. El instante del despertar. El balbuceo, la alegría, la gratitud. La gracia. Como un don. Como algo que se recibe; como algo que por nosotros mismos (deliberada y voluntariamente) no nos podríamos proporcionar (ni imaginar). Es el fruto de perseverar en el camino, a pesar de las noches, de la negrura, de la opacidad, del frío…; de la falta de horizonte, de salida, de futuro. Es una victoria, pues, el instante; una victoria que se produce en las catacumbas del ser. El ser que se era, vuelve a nacer.
Aquellos que triunfan sobre la desolación, la nada, y la muerte; los resucitados, los renacidos. Los limpios, los claros. Los que vienen, los futuros.
*
Hasta la próxima,
Manu
PUBLICADO POR EN 6:13

1 COMENTARIO:

  1. Colosal, como siempre, nada que añadir.
    Sólo comentar que esos que se hacen llamar identitarios, los patriotas judeomesiánicos que padecemos, se quejan desaforadamente de lo que dan en llamar “genocidio antiblanco”; me pregunto que si el arma que disponen para vencer a su enemigo es su religión, ya tienen la derrota garantizada de antemano, pues a además de ser una religión nihilista, de negación de ésta vida, conlleva el total desarme ante el enemigo, poner la otra mejilla, negarse a sí mismo, acoger al extranjero; es decir, su religión está en total contraposición y contradicción con lo que dicen defender, su patria, su raza, su cultura, su nación. Mejor sería que se replanteasen sus creencias o acudieran a un psicólogo. Más sorpresa aún me produce ver a algunos que se hacen llamar “paganos”, apoyándoles como en un frente común; es ese un paganismo intrínsecamente vacío, y como bien dices en otra entrada, un paganismo cargado de reminiscencias orientales, que dicho sea de paso, es el paganismo imperante en estos tiempos, nada que ver con la autenticidad arya.
    Un saludo.

    &&&

    http://www.larespuestadeeuropa.blogspot.com.es/2014/02/105-la-estirpe-de-cain.html

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s