La actitud de Schopenhauer y de Nietzsche ante la lucha y ante la voluntad

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jueves, 5 de junio de 2014

 

La actitud de Schopenhauer y de Nietzsche ante la lucha y ante la voluntad

 

Que la realidad de fondo es lucha lo han afirmado muchos autores, entre ellos Heráclito, Schopenhauer, Nietzsche y Heidegger. Pero una cosa es reconocerlo y otra cosa es la actitud que se adopta ante el problema. Para Schopenhauer, la realidad de fondo de todas las cosas es una voluntad ciega que no tiene ninguna meta. El hombre no tiene sentido, la historia no tiene sentido, nada tiene sentido. La realidad es una lucha perpetua de todos los elementos con todos los elementos que conduce al caos:

 

“Así vemos en la naturaleza por doquier combate, lucha y alternancia en la victoria, en lo cual hemos de reconocer el esencial desdoblamiento que se opera en el seno de la voluntad. Cada grado de objetivación de ésta disputa al otro la materia, el espacio y el tiempo. La materia cambia constantemente de forma en cuanto los fenómenos mecánicos, físicos, químicos y orgánicos, siguiendo el hilo de la causalidad, luchan por manifestarse, disputándose mutuamente la materia que necesita cada uno de ellos para expresar su Idea. A través de la naturaleza entera podemos seguir esta lucha, porque, en el fondo el mundo no consiste más que en ella” El mundo como voluntad y representación, Libro II, § 27.

 

Tras el hombre que se empeña en sus ideas, tras el animal que mata para sobrevivir, tras la piedra de la montaña que se yergue … hay siempre un querer persistir y un querer sobrevivir. Esta voluntad de vivir, ciega, caótica e irracional es el ser básico de todo lo existente. La consecuencia directa es una lucha por persistir y por sobrevivir.

El planteamiento de Nietzsche es parecido. En el fondo de todas las cosas, lo único que hay es una voluntad que lucha por el poder. Todo quiere ponerse por encima de todo en una lucha perpetua: “Todo lo que sucede, todo movimiento, todo devenir, debe ser considerado como una fijación de grados de fuerza, como una lucha” (KSA XII, 385. La voluntad de poder § 552). Las diferencias con Schopenhauer son dos. Primera: la lucha es por el poder, no por la vida. Y segunda: la lucha no lleva al caos, sino al orden de la jerarquía.

Ambos autores reconocen que la realidad en el fondo es voluntad y lucha, pero la actitud que muestran ante ella es contrapuesta. Schopenhauer niega la voluntad y la lucha. El § 48 de los Complementos al libro IV es demoledor al respecto. Bajo el título Sobre la doctrina de la negación de la voluntad de vivir, expone se negación de su voluntad en los siguientes términos:

 

“La verdad es esta: debemos ser desgraciados y lo somos” El mundo como voluntad y representación, Complementos al libro IV, § 46

“Quien comprenda esto claramente considerará el mundo como un infierno que supera al de Dante, donde cada hombre tiene que ser el demonio del otro” El mundo como voluntad y representación, Complementos al libro IV, § 46

“La felicidad terrena está destinada a ser frustrada y reconocida como una ilusión” El mundo como voluntad y representación, Complementos al libro IV, § 46

“No hay más que un error innato: el de creer que existimos para ser felices” El mundo como voluntad y representación, Complementos al libro IV, § 49

 

Estamos condenados. El mundo es una acumulación de sufrimientos y problemas que jamás se resuelven. Vivimos en el peor de los mundos posibles. Después de esta exposición de desgracias, se pregunta ¿Qué se puede hacer ante este panorama? La respuesta que da es la negación de la voluntad y de la lucha:

 

“La verdad más importante, sin comparación, que puede haber es la que hallamos tanto en el cristianismo como en el brahmanismo y el budismo, es decir, la necesidad de ser redimidos de una existencia condenada al dolor y a la muerte,  la posibilidad de lograrlo por la negación de la voluntad, es decir, oponiéndonos decididamente a la naturaleza” El mundo como voluntad y representación, Complementos al libro IV, § 48

“No solo las religiones del oriente, sino también el verdadero cristianismo tiene ese carácter ascético que mi filosofía explica como negación de la voluntad de vivir” El mundo como voluntad y representación, Complementos al libro IV, § 48

“La esencia íntima de la santidad, del ascetismo, se define como negación de la voluntad de vivir, que se manifiesta cuando el conocimiento de la verdadera esencia llega a ser para el hombre un aquietador de toda volición” El mundo como voluntad y representación,Libro IV, § 68

 

¿Qué significa esta negación de la voluntad?

En primer lugar, la voluntad de Schopenhauer es una lucha perpetua sin sentido: “en el fondo el mundo no consiste más que en ella” (El mundo como voluntad y representación, Libro II, § 27). Por tanto, negación de la voluntad es negación de la lucha. Lo que nos lleva a la pasividad y a la renuncia, actitudes orientales que no han sido nunca propias de la tradición europea hasta el platonismo y el cristianismo.

En segundo lugar, recuérdese que, para Schopenhauer, la voluntad no es lo que nosotros entendemos por voluntad, una capacidad psicológica, sino el impulso ciego que funda todo. En el caso del hombre, esta voluntad es la acción del cuerpo: “entre el acto de la voluntad y la acción corporal no hay realmente una conexión causal: son inmediatamente idénticos” (El mundo como voluntad y representación, Complementos al libro IV, § 20). De manera que la negación de la voluntad es también, en el caso del hombre, la negación de la acción. De nuevo las mismas actitudes orientales de disolución en un mundo contemplativo.

En tercer lugar, la negación de la voluntad es nihilismo pasivo, acercamiento a la nada. El propio Schopenhauer afirma que su doctrina conduce a la nada:

 

“De acuerdo con esto, mi doctrina, al llegar a su punto culminante, toma un carácter negativo y termina con una negación. Pues entonces no puede hablar sino de lo que se niega y se abandona; en cuanto a lo que gana o conquista a cambio, está obligada (cf. Al final del libro IV) a denominarlo la nada” El mundo como voluntad y representación, Complementos al libro IV, § 48

 

“Nihil” significa ‘nada’ y la nada en este contexto schopenhaueriano tiene un sentido de reacción moral ante la dureza de la vida: no a la lucha, no a la acción, no a la afirmación, no al sufrimiento. El resultado de todos estos nos es una nada-paraíso de estilo budista. Los cielos nihilistas como el nirvana, el cielo cristiano o el cielo de las ideas platónico son cielos para vagos. Schopenhauer propone un cielo de este tipo para nuestro mundo, pero no por eso deja de ser un cielo para vagos. La doctrina de Schopenhauer no es compatible con las posturas de afirmación de la lucha. El fallo de Schopenhauer respecto al ser es la negación de la lucha.

¿Cómo negar la voluntad?

La respuesta de Schopenhauer es: mediante el ascetismo y la compasión. Estamos condenados en el infierno del mundo y necesitamos una redención. La idea no es de los clásicos europeos habituados al destino trágico (tragedia griega, Moira, Hades), sino de los creadores de ultramundos paradisíacos orientales orientados hacia la nada. El objetivo es salir de los conflictos, evitar el sufrimiento y detener la lucha: Nirvana y cielo contemplativo cristiano. Toda postura orientada a la salvación está alejada del ser, es inauténtica porque no reconoce la finitud y la limitación del hombre. Da igual que se trate de salvación en otro mundo o en este, en los dos casos es un intento de evasión de lo que realmente somos. La tradición de la tragedia griega no cometía este error. El hombre en Esquilo y Sófocles es “sin paraíso”, es un ser “mortal” afincado en la tierra y sometido al destino (también en Heidegger).

La actitud de Nietzsche ante la lucha y ante la voluntad es la contraria: afirmación de la voluntad, de la lucha y de la acción. Veamos en primer lugar la crítica a Schopenhauer:

 

“Yo considero al hombre por la cantidad de energía que encierra, por la plenitud de su voluntad, y no según su debilidad y apagamiento; una filosofía que enseña la destrucción de la voluntad me parece una doctrina envilecida y de difamación … Yo mido el poder de una voluntad por su manera de enfrentar la adversidad, por la tortura y el dolor que resiste, convirtiéndolas en provecho propio, yo no reprocho a la vida su carácter trágico y doloroso, sino que espero siempre que sea más trágico y doloroso que en anteriores ocasiones” La voluntad de poder § 382.

 

La crítica lleva implícitas las contraposiciones fuerza/debilidad, voluntad/apatía, lucha contra la adversidad/apaciguamiento, aceptación del carácter trágico de la vida/rechazo y nihilismo activo/pasivo. Nietzsche entiende al hombre como un ser pleno de energía y de voluntad, no como un ser que se hunde en la debilidad y la perpetúa. La destrucción de la voluntad es la destrucción de sus posibilidades como hombre y, en consecuencia, una denigración de la naturaleza humana. La verdadera naturaleza del hombre se mide por la cantidad de dificultades a salvar y de peligros a superar. El valor de la vida es el valor de la lucha. Negar la dureza de la superación es inautenticidad y cobardía. Es muy cómodo el cielo, demasiado cómodo como para no generar sospechas. El hombre es cuerpo y tierra, es un animal sin paraíso, tiene un destino trágico. Pero esto no es motivo de abatimiento, sino de acción. Lo fácil no merece la pena, lo cómodo como finalidad es evasión de la dureza de la realidad.

Vivir de forma auténtica en esta tierra es afirmar el peligro y la acción: “Esta es la entrega de lo máximo, ser riesgo y peligro y un juego de dados con la muerte” (Así habló Zaratustra, Libro I, De la superación de sí mismo). Buscar todos los días una nueva aventura y un nuevo peligro. Y no solo buscar la lucha, sino ser la lucha: “Pues yo tengo que ser lucha y devenir y finalidad y contradicción de las finalidades” (Así habló Zaratustra, Libro I, De la superación de sí mismo). Los dos hilos conductores de este ideal de vida son la superación de sí mismo y el vive peligrosamente.

Si Schopenhauer defendía un nihilismo pasivo, Nietzsche defiende un Nihilismo activo. Nihilismo pasivo es asentamiento definitivo en la nada cómoda de la no acción (cielos platónicos, cristianos, budistas y utopías mesiánicas). Nihilismo activo es destrucción de un modo de vida para llegar a un punto cero (el león de Zaratustra) desde el cual se pueda empezar a crear de nuevo: “[El nihilismo] alcanza su máxima fuerza relativa como potencia de destrucción: como nihilismo activo” (La voluntad de poder § 26). Para crear un mundo nuevo, hay que destruir el viejo, por eso dice: “¡A lo que cae, habría, además, que empujarlo … todas las cosas de hoy –caen, decaen ¡quién querría detenerlas! Pero yo -¡yo quiero, además, empujarlas!” (Así habló Zaratustra, Libro III, De las tablas viejas y nuevas). Quien quiera renacer tiene que destruirse a sí mismo y a su mundo. El renacimiento pasa por la lucha. Por eso aparecen también en el Zaratustra dos soles al mismo tiempo, uno que se pone y otro que se levanta.

Que hay problemas. En eso consiste la vida. Que la vida es dura. ¡Tanto mejor!, ¡seamos tan duros como la vida misma!

 

Algunos alejamientos de Nietzsche respecto al ser:

1/ El individualismo

2/ Entender el ser desde el deber ser. Entender el ser desde el valer.

 

Algunos alejamientos de Schopenhauer respecto al ser:

1/ Negación de la lucha. No asumir la dureza de la vida, intentar evitarla.

2/ Instauración de un paraíso de salvación.

 

Algunos acercamientos de Nietzsche respecto al ser

1/ La lucha

2/ La historia de Europa desde los griegos como decadencia judeo-cristiana

 

Algunos acercamientos de Schopenhauer respecto al ser

1/ El arte como conocimiento profundo de la realidad

2/ La realidad está por debajo de lo que nos cuenta el racionalismo

 

Todo fluye

 

Euegenio Gil

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FUENTE:

http://www.todofluyetodofluye.blogspot.com.es/2014/06/la-actitud-de-schopenhauer-y-de.html

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