Cielos estáticos y cielos dinámicos

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Cielos estáticos y cielos dinámicos

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Los cielos soñados por los distintos pueblos suelen reflejar sus respectivos ideales máximos. Estudiar los distintos cielos es al mismo tiempo estudiar sus modos de vida y sus fines últimos. Hay una gran diferencia entre los cielos de los pueblos europeos originarios y los cielos de las temporadas posteriores en las que la cultura había entrado en decadencia y se había mezclado con la de otros pueblos.

La tradición clásica originaria (entiendo por tradición clásica originaria la cultura griega pre-platónica y la cultura romana pre-imperial) habla de dos tipos de ámbitos más allá de la muerte, el Hades, donde va a parar el común de los mortales y las Islas de los Bienaventurados, donde van a parar los héroes. El Hades no tiene nada que ver con un cielo, más bien con un infierno de almas semiconscientes parecidas a zombis. Las Islas de los Bienaventurados son un paraíso de abundancia (tres cosechas al año según Hesiodo, Los trabajos y los días) donde desaparece el sufrimiento (Píndaro, Olímpicas II). Allí moran Peleo y Cadmo (Píndaro), allí llevó Tetis a su hijo Aquiles (Píndaro), allí moran los héroes de la guerra de Troya (Hesíodo). La vida en las Islas no tiene ningún rasgo de detención de movimiento como en el arrobamiento del Nirvana o en la contemplación cristiana, es la vida usual, como la conocemos en la tierra, excepto en la eliminación del sufrimiento.

Entre los vikingos, encontramos también un Hell, donde va el común de los mortales a morar eternamente en una situación penosa y el Valhala para los héroes, en este caso con más movimiento si cabe que en la tierra. Los guerreros en el Valhala se dedican a pelear:

“¡Gran muchedumbre hay en el Valhala, a fe mía que muy gran jefe ha de ser Odín, pues manda a tan gran ejército! ¿Y cuál es la distracción de los einheriar cuando no beben?

Hár dice:

Cada día, cuando se han vestido, toman sus armas y van a los patios y pelean y se matan uno a otro; ése es su entretenimiento. Y cuando llega la hora de la comida del día vuelven en sus caballos al Valhala y se sientan a beber” Edda Mayor, El engaño de Gylfi, XLI

El paraíso en este caso es plenitud de acción. Se ha elevado el ideal del héroe a la cúspide de la pirámide de valores. La lucha y el cambio están todavía más acentuados por el hecho de que el Valhala no es eterno. El día del Racnerok (batalla del fin del mundo) los Ases y sus tropas –los guerreros del Valhala– lucharán contra los Vanes y todos perecerán, incluidos los mismos dioses. De esta manera se generará un nuevo ciclo.

La cultura europea evolucionó hacia otras formas de vida mucho más cómodas tanto por su propia decadencia interna como por influencia del cristianismo. Este abandono de la dureza y de la lucha fue llamado por Nietzsche “suavizamiento de las costumbres”.

Uno de los hitos fundamentales del cambio fue la construcción de ultramundos llevada a cabo por Platón. Para entender el cielo platónico, hay que ver primero las características de las ideas que lo pueblan. Las ideas no son lo que nosotros llamamos ahora conceptos, algo en la mente del hombre, sino entidades independientes que constituyen la esencia de las cosas. Tampoco son entes sensibles con sus típicas características de pluralidad y cambio, sino entes subsistentes, separados, inmutables, trascendentes y eternos que constituyen la auténtica realidad. Lo que nosotros vemos a través de los sentidos son apariencias. La realidad se encuentra en un mundo absolutamente aparte que Platón llama cosmos noetós (cielo de las ideas). Algunas características del cielo de las ideas las encontramos en Fedro 247 b. Es un lugar supra-celeste (hiperouranos) donde se encuentra el ser de las cosas. Las ideas son carentes de color, de figura, de materia y de cambio. Otras características las encontramos en Sofista 253 d. Allí se dice, al hilo de la discusión sobre la dialéctica: “distinguir perfectamente una forma extendida por doquier entre muchas, cada una de las cuales conserva su entidad separada; también muchas abarcadas desde fuera por una sola e igualmente una extendida sobre el todo de muchas”. Esto es pura teoría de conjuntos. Ser incluye a ser vivo y ser inerte. Ser vivo incluye a su vez animal y vegetal, animal incluye a su vez… Las ideas forman una estructura jerárquica rígida inmutable en cuya cúspide se encuentra el Bien.

No se trata de un cielo para hombres, sino para ideas, pero marca la pauta de lo que va a ser el cielo cristiano. De hecho, según el Fedro, el alma humana, antes de encarnarse en el cuerpo, contempló esta estructura matemática y a lo único que aspira ahora es a liberarse del cuerpo y a volver a contemplarla (mito de la caverna).

Se ha perdido buena parte de las características del cielo de la época clásica. El cosmos noetós ya no es un cielo para héroes, sino una sobrevaloración de lo estático y de lo contemplativo que va a marcar toda la cultura europea posterior.

Si comparamos las características del Dios cristiano con el cosmos noetós platónico, vemos que ambos son ser, verdad, bondad, belleza… El Dios cristiano se construyó bajo el influjo platónico y el cielo cristiano sigue conservando las características estáticas del cielo platónico.

Según Tomás de Aquino, lo mejor que tiene el hombre es la razón y el fin de la razón es conocer lo que es. Pero nuestro conocimiento es limitado, el verdadero ser de las cosas solo se encuentra en Dios. Por eso el fin último de todo ser racional es conocer a Dios. Solo esto puede satisfacer sus mayores deseos –los deseos intelectuales–. La bienaventuranza perfecta no puede darse por tanto en este mundo, sino en el otro. En este mundo, solo tenemos una participación parcial en el conocimiento:

“La bienaventuranza última y perfecta solo puede estar en la visión de la esencia divina. Para comprenderlo claramente, hay que considerar dos cosas. La primera, que el hombre no es perfectamente bienaventurado mientras le quede algo que desear y buscar. Segunda, que la perfección de cualquier potencia se aprecia según la razón de su objeto. Pero el objeto del entendimiento es lo que es, es decir, la esencia de la cosa, como se dice en el III De anima. Por eso la perfección del entendimiento progresa en la medida que conoce la esencia de la cosa. Pero si el entendimiento conoce la esencia de un efecto, y por ella, no puede conocer la esencia de la causa hasta el punto de saber acerca de esta qué es, no se dice que el entendimiento llegue a la esencia de la causa … Si pues el entendimiento humano conocedor de la esencia de algún efecto creado, solo llega a conocer acerca de Dios si existe, su perfección aún no llega realmente a la causa primera, sino que le queda todavía un deseo natural de buscar la causa. Por eso no puede ser perfectamente bienaventurado. Así, pues, se requiere, para una bienaventuranza perfecta, que el ente alcance la esencia misma de la causa primera” Summa Theolog., I-II, q3, a8

El cielo de Tomás de Aquino es eminentemente intelectual y exclusivamente contemplativo. No hay otra cosa que hacer que contemplar esencias. Se nota en este punto la herencia platónica, a pesar de que la tendencia general de su filosofía es aristotélica. Ha desaparecido el movimiento y la vitalidad, ya no hay ni rastro del cielo de los héroes. La tradición originaria europea se abandona.

¿Qué ha ocurrido con estos cielos ahora? Han pasado de los cielos cómodos del ultramundo a los cielos igualmente cómodos del mundo. Se esperan paraísos en la tierra al final de los tiempos (mesianismos). Pero no es mi intención desarrollar esto ahora.

En conclusión, los dos tipos de cielos son incompatibles, porque obedecen a estilos de vida contrapuestos. Los cielos clásicos son dinámicos y activos, los cielos judeo-platónico-cristianos son estáticos y pasivos. Los primeros son de vida y acción, los segundos de contemplación. Los primeros implican una continuación del mundo, los segundos un desprecio del mundo. Los primeros son inmanentes, los segundos trascendentes. Los primeros idealizan unos valores, los segundos otros. Por ejemplo la valentía no es algo importante en el cristianismo, pero es algo esencial en los nórdicos y en los espartanos. Un cobarde podría entrar sin problemas en el reino de los cielos, pero no podría entrar en el Valhala o en las Islas de los Bienaventurados.

 

FUENTE:

http://www.todofluyetodofluye.blogspot.com.es/2014/07/cielos-estaticos-y-cielos-dinamicos.html

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